Fiscalía: El padre y hermano de “Samurái”, policía prófugo por caso Carla Ayala, participaron en dos homicidios

El policía acusado de privar de libertad y asesinar a su colega Carla Ayala lleva 21 meses evadiendo la justicia. Los familiares de "Samurái" fueron capturados en el operativo contra la estructura acusada de sicariato y en la que están implicados 14 policías.

Joel Isaac Castillo Arévalo, de camiseta negra, es uno de los detenidos ligados a un grupo de exterminio. Foto EDH/Menly Cortez

Por Cecilia Fuentes

Sep 30, 2019- 09:13

Entre los detenidos este lunes en la madrugada por integrar un grupo de exterminio de presuntos pandilleros y delincuentes en la zona oriental del país están Juan José Castillo Castro y Joel Isaac Castillo Arévalo, el padre y el hermano del policía Juan Josué Castillo Arévalo, conocido como “Samurái”, acusado del feminicidio de la agente Carla Ayala, informó la Fiscalía General de la República.

Además, el capturado Juan Antonio Beltrán Granados, quien era el financiador de las ejecuciones cometidas por la banda conformada por 39 personas, entre ellas 14 policías, tenía contacto directo con el policía prófugo, informaron autoridades policiales.

Sin embargo, no se ha detallado la relación que ambos tenían ni el paradero del policía.  El Director de la PNC, Mauricio Arriaza Chicas, aseguró que siguen en la búsqueda del prófugo Castillo Arévalo.

El Fiscal general de la República, Raúl Melara aseguró que los familiares del agente prófugo participaron en dos homicidios y el Ministro de Seguridad, Rogelio Rivas añadió que los capturados no tienen nada que ver con caso de la agente Ayala.

A la banda dedicada al sicariato en San Miguel y Usulután se les atribuye 47 asesinatos de pandilleros cometidos en San Miguel y Usulután. Además se les acusa de 3 privaciones de libertad, 22 delitos de agrupaciones ilícitas, 4 de coautoría en fraude procesal y otros.

Juan Josué Castillo Arévalo

El policía acusado de privar de libertad y asesinar a su colega Carla Ayala lleva 21 meses evadiendo la justicia. La orden judicial para que la Policía Internacional (Interpol) lo ubique y arreste, ni el ofrecimiento de la Policía Nacional Civil de dar una recompensa de $5,000 a quien ayude a encontrarlo han dado resultados.

La razón por la que “Samurái” mató a Ayala, la madrugada del 29 de diciembre de 2017, es un misterio.

El exdirector de la Corporación policial, Howard Cotto, y el exministro de Justicia y Seguridad, Mauricio Ramírez Landaverde, repitieron que las investigaciones estaban avanzadas y que había “fuertes indicios” de que Castillo estaba vivo y oculto en México o Guatemala; hasta la fecha no hay pistas sobre su paradero.

El asesinato de la agente, quien estaba destacada en la Unidad Disciplinaria de Apopa, llevó al gobierno a desintegrar el Grupo de Reacción Policial (GRP), la principal unidad elite de la Corporación.

Asesinato de Carla Ayala

La noche del 28 de diciembre del 2018, los agentes del ex-GRP hicieron una fiesta navideña en el inmueble donde funcionaba dicha unidad élite, en la colonia San Fernando, al sur de San Salvador.

Fuentes policiales manifestaron que la autorización para hacer la celebración la dio por escrito el comisionado Orlando Parada Batres, jefe en funciones de la Unidad de Áreas Especializadas de la PNC, ya que su jefe, el comisionado Mauricio Arriaza Chicas, estaba fuera del país.

Ayala asistió al festejo invitada por una compañera. En la velada, además de cenar y bailar, participaron en rifas de canastas, botellas de vodka y de wisky. Los regalos fueron entregados por el jefe del ex-GRP, el subcomisionado Julio César Flores Castro y su invitado especial, el comisionado Parada Batres.

En la madrugada del 29 de diciembre, Ayala pidió irse a su casa, en el municipio de Apopa, y los jefes autorizaron a que los agentes Ovidio Pacheco, Wilfredo Deras y Juan Josué Castillo Arévalo la llevaran en una patrulla.

Tres meses después, por orden del Juzgado Sexto de Instrucción, se hizo una reconstrucción de la escena para intentar esclarecer lo que pasó. Pacheco y Deras relataron al juez Roberto Arévalo Ortuño, fiscales, querellantes y abogados que participaron en la diligencia que Ayala y Castillo iban en el asiento trasero del carro.

Cuando circulaban por el bulevar Constitución, cerca de la Residencial La Gloria, en Mejicanos, Castillo habría recibido un mensaje en su teléfono que lo hizo enojar: “Eso quería esta perra”, es lo único que le escucharon decir a “Samurái” antes de que le disparara a Ayala.

Ellos aseguraron que no sabían si la mujer estaba herida o muerta, pero contradictoriamente señalaron que Castillo les pidió ayuda para “deshacerse del cuerpo”.

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