Ángela Pineda, la salvadoreña que rompe barreras en la NASA con innovación para emergencias en Marte
Ángela Pineda, una joven salvadoreña de 25 años, pasó de un club de robótica escolar a participar en un programa de la NASA, demostrando que la ciencia también se escribe con talento salvadoreño.
Por
Marcella Palacios
Publicado el 07 de marzo de 2026
Ángela Pineda, joven salvadoreña de 25 años, llevó su pasión por la robótica hasta la NASA tras participar en el International Air and Space Program. Su interés por la tecnología comenzó en el Centro Escolar España, donde integró un club de robótica que despertó su vocación científica. Actualmente estudiante de la Universidad de El Salvador, Ángela formó parte de un equipo internacional que desarrolló HOPE, un traje inteligente con sensores e inteligencia artificial diseñado para responder a emergencias durante misiones en Marte. El proyecto obtuvo el segundo lugar en el programa. Además, impulsa la iniciativa SteamGirls para acercar la ciencia y la robótica a niños y niñas salvadoreños.
La salvadoreña Ángela Pineda, estudiante de la Universidad de El Salvador (UES) apasionada por la robótica y la tecnología, logró llevar su talento hasta la NASA tras participar en el International Air and Space Program. Su historia, que comenzó en una escuela pública de San Salvador, hoy se convierte en un ejemplo para niñas y jóvenes interesadas en la ciencia, la ingeniería y las carreras STEM en El Salvador.
De un club escolar a descubrir la robótica
Ángela Pineda tiene 25 años y creció en San Salvador en una familia humilde. Su padre era maestro de obra y su madre ama de casa. Junto a cuatro hermanos varones, aprendió desde pequeña el valor del esfuerzo y la perseverancia.
Su interés por la tecnología nació en el Centro Escolar España, cuando el Ministerio de Educación implementó el modelo de escuelas de tiempo pleno con diferentes clubes estudiantiles. Entre las opciones estaban locución radial y robótica.

Probó ambos, pero poco a poco la robótica capturó su atención. Ese primer acercamiento fue el inicio de un camino que terminaría llevándola mucho más lejos de lo que imaginaba.
Durante su bachillerato en el Instituto Nacional Albert Camus, decidió realizar sus horas sociales en el mismo club de robótica donde había descubierto su vocación. Aquella decisión reforzó su interés por estudiar una carrera relacionada con tecnología y continuar desarrollando proyectos científicos.
El camino que la llevó a la NASA
El salto hacia una experiencia internacional comenzó en la Universidad de El Salvador, donde Ángela forma parte de la rama estudiantil IEEE-GRSS.
En uno de los webinars organizados por esta comunidad conoció la experiencia de otra ingeniera que había participado en un campamento de la NASA. La historia despertó su curiosidad y decidió investigar cómo aplicar.

El proceso no fue sencillo. Primero tuvo que presentar un proyecto para ser evaluado por especialistas. Tras ser aceptada en esa fase, pasó por dos entrevistas adicionales antes de esperar la respuesta final.
Cinco días después llegó el correo que cambió todo: había sido seleccionada para participar en el International Air and Space Program.
“Cuando recibí el correo grité de la emoción y lloré”, recuerda.
Innovación salvadoreña para resolver emergencias en Marte
Durante el programa en la NASA, Ángela trabajó junto a un equipo internacional en el desarrollo de HOPE, un proyecto diseñado para resolver una de las grandes limitantes de las misiones espaciales.
Cuando una misión se encuentra en Marte, la comunicación con la Tierra tiene un retraso aproximado de 22 minutos de ida y otros 22 de regreso. En una emergencia, ese tiempo puede ser crítico para los astronautas.
La propuesta del equipo fue crear un traje inteligente ajustado al cuerpo con múltiples sensores. Estos envían información al casco del astronauta y, mediante inteligencia artificial y un holograma, ofrecen respuestas inmediatas mientras llega la comunicación desde la base en la Tierra.
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El proyecto, desarrollado por dos jóvenes de México y dos salvadoreños, obtuvo el segundo lugar dentro del programa.
“Cada uno representaba a su país y a su universidad. Nos sentimos muy orgullosos del resultado”, cuenta.
Momentos que marcaron su vida
Más allá del reconocimiento académico, la experiencia dejó recuerdos imborrables para la joven salvadoreña.
Uno de los más especiales fue el momento de su llegada al campamento, cuando comprendió que estaba cumpliendo un sueño que había comenzado años atrás en una escuela pública.
Otro instante memorable fue aprender a pilotar un Piper Archer, un avión ligero monomotor de cuatro plazas, algo que siempre había querido experimentar.
También tuvo la oportunidad de conocer la histórica sala de control del Apollo 11, preservada tal como quedó después del alunizaje.

Inspirar a nuevas generaciones de científicas
Para Ángela, su experiencia no solo representa un logro personal, sino también una oportunidad para inspirar a más jóvenes salvadoreñas.
A través de SteamGirls, una iniciativa que impulsa la enseñanza de robótica y tecnología, busca acercar la ciencia a niñas y niños de comunidades vulnerables.
“A cada niña salvadoreña que sueña con las estrellas: tu curiosidad es tu mayor superpotencia”
Ángela Pineda
Desde su experiencia, insiste en que equivocarse también forma parte del proceso científico. Cada error, explica, es un paso hacia una solución.
“El futuro de la ciencia también se escribe con nombre salvadoreño”, dice.
Aunque su experiencia internacional ha sido un paso importante, Ángela tiene claro que su camino aún continúa.
Su prioridad inmediata es finalizar su carrera universitaria, seguir aplicando a programas científicos internacionales y fortalecer SteamGirls para llevar la robótica a más comunidades del país.
Su meta es que más niños y niñas salvadoreños puedan descubrir, como ella lo hizo, que la ciencia y la tecnología también pueden transformar su futuro.
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