Falla de San Andrés, el sistema tectónico que podría explicar el sismo de hoy en México y el riesgo de un gran terremoto
El sismo registrado hoy en México volvió a poner en el centro del debate científico a la falla de San Andrés, un sistema tectónico clave para entender la actividad sísmica del noroeste del país y del suroeste de Estados Unidos, así como el riesgo de un gran terremoto largamente estudiado por la comunidad científica.
Por
Agencias
Publicado el 02 de enero de 2026
La falla de San Andrés es un sistema de fallas transformantes que marca el límite entre las placas Pacífica y Norteamericana y se extiende desde California hasta la península de Baja California en México. Su dinámica explica la recurrencia de sismos en la región y ha sido ampliamente estudiada desde el terremoto de San Francisco de 1906. Especialistas del Servicio Sismológico Nacional y del Servicio Geológico de Estados Unidos coinciden en que algunos de sus segmentos acumulan tensión capaz de generar sismos de gran magnitud, conocidos como “the Big One”. Aunque el sismo de hoy no implica un evento mayor inminente, refuerza la importancia del monitoreo constante, la preparación ciudadana y la comprensión científica del riesgo sísmico asociado a esta falla.
El sismo registrado este 2 de enero de 2026 en México, confirmado por el Servicio Sismológico Nacional (SSN), reavivó la atención pública sobre las grandes estructuras tectónicas que influyen en la sismicidad de la región. Entre ellas destaca la falla de San Andrés, uno de los sistemas de fallas más estudiados del planeta y un referente obligado para comprender el riesgo sísmico en el noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos.
La falla de San Andrés es un sistema de fallas de tipo transformante que marca el límite entre las placas tectónicas Pacífica y Norteamericana. En este tipo de contacto, las placas se deslizan lateralmente una respecto de la otra, acumulando esfuerzos que se liberan periódicamente en forma de sismos. Este mecanismo explica la recurrencia de terremotos a lo largo de su traza.
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Desde el punto de vista geográfico, la falla se extiende por California, desde el norte del estado hasta el sur, cerca de San Bernardino, y continúa hacia la península de Baja California, en territorio mexicano. Diversos estudios coinciden en que la formación geológica de Baja California está directamente relacionada con la actividad prolongada de este sistema de fallas, que ha actuado durante millones de años.
El interés científico por la falla de San Andrés se consolidó tras el terremoto de San Francisco de 1906, un evento de gran magnitud que produjo destrucción masiva e incendios urbanos. Desde entonces, la falla se convirtió en un laboratorio natural para el estudio de la sismología moderna y la dinámica de placas tectónicas.
Uno de los puntos que más inquieta a la comunidad científica es la posibilidad de un megaterremoto, conocido popularmente como “the Big One”. Investigaciones del United States Geological Survey (USGS) indican que algunos segmentos de la falla han acumulado deformación suficiente para generar sismos de magnitud mayor a 7, similares o superiores a los grandes eventos históricos de la región. En modelos de simulación, el USGS ha utilizado escenarios de magnitud 7.8, con desplazamientos de varios metros, para evaluar impactos potenciales en infraestructura y población.
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A diferencia de los sismos de subducción que afectan con frecuencia al centro y sur de México, los eventos asociados a la falla de San Andrés son superficiales, lo que incrementa su capacidad destructiva cerca del epicentro. Además, el movimiento relativo de las placas provoca un desplazamiento constante: estudios geodésicos muestran que Los Ángeles y San Francisco se aproximan a una tasa de varios centímetros por año, al encontrarse en bloques opuestos de la falla.
El sismo de hoy en México no implica, por sí mismo, que un gran evento esté por ocurrir en la falla de San Andrés. Sin embargo, para los especialistas, cada sismo relevante es una oportunidad para recordar que el riesgo sísmico es permanente y que regiones como Baja California comparten un contexto tectónico activo con California. Por ello, organismos científicos insisten en la preparación, el monitoreo continuo y la educación sísmica, como las herramientas más efectivas para reducir el impacto de futuros terremotos.
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