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Estados Unidos sube a 2,600 dólares el incentivo para la autodeportación de migrantes

Estados Unidos elevó a 2,600 dólares el incentivo para que migrantes en situación irregular salgan voluntariamente del país, una medida que reabre el debate sobre su impacto real y sus cifras.

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Por EFE
Publicado el 22 de enero de 2026

 

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Estados Unidos aumentó a 2,600 dólares el incentivo económico para que migrantes en situación irregular salgan voluntariamente del país, según anunció el Departamento de Seguridad Nacional. La medida, presentada como parte de la estrategia migratoria de la administración de Donald Trump, busca reducir costos y presión sobre el sistema de deportaciones. El DHS afirma que millones de personas se han autodeportado desde enero de 2025, aunque expertos cuestionan esas cifras por falta de datos públicos. Análisis independientes estiman que las deportaciones reales son menores y están por debajo de los niveles registrados durante el último año fiscal del gobierno de Joe Biden.

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Estados Unidos anunció que aumentará a 2,600 dólares el incentivo económico dirigido a migrantes que permanecen en el país de manera irregular y aceptan salir voluntariamente, un proceso que las autoridades denominan “autodeportación”. La medida, comunicada recientemente por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), busca reforzar una estrategia que combina control migratorio con estímulos económicos y que vuelve a colocar la política migratoria estadounidense en el centro del debate regional e internacional.

El anuncio fue realizado a través de un comunicado oficial del DHS, que presentó el incremento antes fijado en 1.000 dólares como un “regalo” con motivo del aniversario desde que el republicano Donald Trump asumió la presidencia. Según la agencia, el incentivo está orientado a personas que deciden abandonar el país sin enfrentar un proceso formal de deportación, una alternativa que, de acuerdo con el Gobierno, reduce costos administrativos y presión sobre el sistema migratorio.

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Incentivos económicos y cifras bajo discusión

En el mismo comunicado, el DHS aseguró que desde enero de 2025 alrededor de 2.2 millones de personas que se encontraban en Estados Unidos de forma irregular se han autodeportado voluntariamente. Además, afirmó que “decenas de miles” de migrantes utilizaron la aplicación de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) para gestionar su salida del país.

Sin embargo, estas cifras han sido cuestionadas por especialistas y analistas en inmigración. De acuerdo con expertos citados en análisis recientes, el DHS no ha presentado datos públicos detallados que respalden esas estimaciones, lo que dificulta evaluar con precisión el alcance real del programa y su efectividad como política migratoria.

La discusión sobre los números no es menor. En diciembre, el propio Departamento de Seguridad Nacional informó que ha deportado a un total de 622.000 personas desde que Trump asumió el cargo. Esa cifra fue presentada como un indicador del endurecimiento de la política migratoria y del cumplimiento de los objetivos planteados por la actual administración.

No obstante, un análisis del centro de estudios Brookings publicado la semana pasada pone en duda ese dato oficial. Según esa evaluación independiente, el número real de expulsiones sería considerablemente menor, ubicado en un rango de entre 310.000 y 350.000 deportaciones, lo que abre interrogantes sobre la diferencia entre los registros gubernamentales y las estimaciones externas.

salvadoreños deportados
La autodeportación voluntaria es una de las estrategias impulsadas por el Gobierno estadounidense para reducir las deportaciones forzadas.. Foto: Archivo.

Comparación con administraciones anteriores

El debate se intensifica al comparar estas cifras con las de gobiernos previos. De acuerdo con los datos citados en el análisis, el número estimado de deportaciones bajo la actual administración estaría por debajo de las 778,000 repatriaciones realizadas en el último año fiscal completo del gobierno de Joe Biden. Esa comparación resulta clave para entender el contexto político del anuncio, ya que el equipo de Trump había prometido alcanzar un millón de deportaciones por año, una meta que, según los datos disponibles, aún parece lejana.

El aumento del incentivo económico se interpreta, en ese sentido, como un intento de reforzar una vía alternativa a las deportaciones forzadas. Para el Gobierno, fomentar la salida voluntaria permitiría acelerar los procesos y disminuir los costos asociados a detenciones, traslados y procedimientos judiciales. Para los críticos, en cambio, la estrategia plantea dudas éticas y prácticas, especialmente si no existe transparencia suficiente sobre los resultados.

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Impacto regional y mirada desde Centroamérica

La medida tiene un eco particular en Centroamérica, una región históricamente vinculada a los flujos migratorios hacia Estados Unidos. Para países como El Salvador, donde miles de familias tienen parientes en el exterior, cualquier cambio en la política migratoria estadounidense genera atención inmediata, tanto por sus posibles efectos económicos como por su impacto social.

El incentivo de 2,600 dólares puede representar una suma significativa para migrantes que enfrentan condiciones de vulnerabilidad. Al mismo tiempo, la decisión de regresar de manera voluntaria no se limita a un cálculo económico: involucra factores como la seguridad, las oportunidades laborales y la reunificación familiar en los países de origen.

Desde una perspectiva más amplia, el anuncio refleja cómo la migración sigue siendo un tema central en la agenda política de Estados Unidos, con implicaciones que trascienden sus fronteras. La combinación de incentivos financieros, herramientas digitales como la aplicación de la CBP y mensajes políticos contundentes muestra una estrategia que busca resultados rápidos, pero que continúa generando debate sobre su alcance real y su sostenibilidad en el tiempo.

En un escenario donde las cifras oficiales y los análisis independientes no coinciden, el aumento del incentivo abre una nueva etapa de discusión. Para los migrantes, representa una opción concreta; para los gobiernos de la región, un factor más a considerar en una dinámica migratoria que sigue evolucionando y que, por ahora, permanece lejos de resolverse de forma definitiva.

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