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Acuerdo económico EE. UU.-Ucrania: ¿punto de inflexión en la guerra?

El nuevo pacto económico representa un impulso clave: otorga a empresas estadounidenses una participación del 50% en futuros proyectos de explotación de petróleo, gas, litio y tierras raras en territorio ucraniano. Las ganancias se destinarán a la compra de armamento estadounidense por parte de Ucrania, estableciendo así un modelo de cooperación cimentado en intereses económicos compartidos.

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Por Pascal Drouhaud
Publicado el 04 de mayo de 2025


Mucho ha cambiado desde la caótica reunión en la Casa Blanca del pasado 28 de febrero entre el presidente Donald Trump y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. Tras meses de tensiones, el pasado miércoles en Washington, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y la vice primera ministra ucraniana, Iulia Svyrydenko, firmaron una “asociación económica” que podría marcar un giro decisivo en el conflicto entre Ucrania y Rusia.

Durante semanas de negociaciones —probablemente consolidadas durante el encuentro entre ambos mandatarios en el Vaticano, el pasado 27 de abril— se logró un acuerdo que puede representar un punto de inflexión estratégico. Zelenski espera que este nuevo marco sirva como base para una comprensión mutua con Trump, destinada a reforzar la protección de Ucrania frente a Moscú. Para el expresidente estadounidense, el objetivo era llegar a un acuerdo que evitara un colapso financiero comparable al coste del apoyo europeo, al tiempo que abría la puerta a una eventual intermediación con Rusia.

El acuerdo establece la creación de un fondo de inversión conjunto destinado a la reconstrucción ucraniana. Este fondo se financiará con los ingresos futuros derivados de la explotación de los recursos naturales del país, que serán compartidos entre ambas naciones. Washington apunta especialmente a los depósitos de minerales críticos, en una estrategia de “ganar-ganar” económico.

Aunque no se trata del primer acuerdo bilateral, esta iniciativa se inscribe en una lógica inédita para Estados Unidos: un compromiso económico y de seguridad basado en intereses recíprocos, alejándose del modelo de ayuda sin retorno que ha prevalecido en el pasado. Trump, al cuestionar las garantías de seguridad brindadas en los primeros meses del año, abrió la puerta a una nueva modalidad de diálogo, más contractual y menos dependiente de la lógica tradicional de alianzas.

Para Moscú, que creyó haber debilitado el respaldo estadounidense a Ucrania, este movimiento confirma que Washington mantiene su compromiso en el escenario ucraniano, aunque desde otro enfoque.

Cabe recordar que el 13 de junio de 2024, durante la cumbre del G7 en Italia, ambos países ya habían suscrito un acuerdo bilateral de seguridad. Este pacto establecía una cooperación estratégica por diez años, centrada en reforzar la capacidad defensiva ucraniana, incluyendo formación, transferencia de tecnología y apoyo institucional. En ese entonces, Ucrania aún proyectaba su futura adhesión a la OTAN.

Un año después, el contexto político ha cambiado, y la cuestión de la adhesión se encuentra en el centro de un nuevo diálogo entre Washington y Moscú, en una fase particularmente compleja. En ese marco, el encuentro entre Trump y Zelenski en la Basílica de San Pedro, en los márgenes del funeral del papa Francisco, ha generado un nuevo clima de acercamiento. Tras la aparente ruptura de febrero, todo indica que hubo conversaciones discretas que allanaron el camino hacia este acuerdo.

El nuevo pacto económico representa un impulso clave: otorga a empresas estadounidenses una participación del 50% en futuros proyectos de explotación de petróleo, gas, litio y tierras raras en territorio ucraniano. Las ganancias se destinarán a la compra de armamento estadounidense por parte de Ucrania, estableciendo así un modelo de cooperación cimentado en intereses económicos compartidos.

Además, se firmó la creación del United States–Ukraine Reconstruction Investment Fund, un fondo de inversión destinado a acelerar la recuperación económica ucraniana, aprovechando los recursos y el conocimiento técnico de ambas naciones.

Estos acuerdos reflejan un nuevo marco en las relaciones entre Kiev y Washington, que combina apoyo militar con cooperación económica bajo una lógica comercial poco común en este tipo de alianzas. Aunque Ucrania paga por su ayuda militar, el enfoque es profundamente político. Kiev confía en que, con el tiempo, Washington comprenderá plenamente su posición y los desafíos regionales derivados de la invasión rusa iniciada en febrero de 2022. Por su parte, Donald Trump busca posicionarse como un mediador indispensable.

¿Y los europeos? No estuvieron presentes en el encuentro bilateral en el Vaticano, a pesar de que todo indica que allí se definieron los términos esenciales del acuerdo. Sin embargo, las consecuencias en materia de seguridad afectan directamente a Europa, involucrada tanto económica como militarmente en el conflicto. Las garantías de seguridad siguen siendo el eje de una situación tensa, cuyas repercusiones alcanzan al sistema internacional de defensa.

Politólogo francés y especialista en relaciones internacionales.

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