Aún queda otro día al hombre y las golondrinas emigrantes
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“Aún la golondrina halla casa y nido para sí, donde criar sus polluelos. En tus altares, oh Dios mío, bienaventurados los que habitan en tu casa”. (Salmo 84). Es la vida sobreviviendo triunfal en el aire, el agua y la tierra. Aún el hombre -especie de alto poder destructor- no se ha destruido a sí mismo y a las demás formas de vida del planeta. Aún queda otro día para la humana ave emigrante que busca sitio dónde anidar, como el pájaro perdido encuentra dónde vivir y la orquídea silvestre dónde florecer. Aún sobreviven criaturas a punto de extinguirse, acosadas por el “civilizado” depredador; la deforestación de bosques y el envenenamiento del aire... Aún el solitario tigre blanco ruge triunfal en los picos nevados, el cóndor surca majestuoso los aires hacia el sol y la gaviota vuela llevando distancias en sus alas. Los últimos elefantes sobreviven en el África ardiente y “George” -la última tortuga galápago de su especie- muere sin encontrar pareja en zoológicos del mundo para reproducirse. No obstante, todavía queda otro día al Hombre y la golondrina. El primero a punto de extinguirse por su mismo poder destructor, pese a ser la especie dominante hoy es más vulnerable que nunca. Siempre hubo guerras. La diferencia es el mayor y letal poder destructor de las actuales del Humano contra sí mismo. Somos el ave errante y maravillosa, anidando en el crepúsculo de la historia natural. Ante las demás formas de vida nos sentiremos parte de la misma Creación, a tiempo quizá de un nuevo mañana de amor y paz, como pedía la extinta generación hippie de pelo largo.

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