FOTOS: Las obras de tres reconocidos pintores que enfrentaron la pandemia de gripe española en 1918

Gustav Klimt, Egon Schiele y Evuard Munch tienen algo en común: todos lidiaron con la pandemia de gripe española hace 100 años. Dos de ellos, no sobrevivieron.

Autorretrato de Gustav Klimt”, “Familia”, “Autorretrato”. Foto EDH / Internet

Por Agencia EFE

May 21, 2020- 19:50

El pintor austriaco Egon Schiele trazó los últimos retratos de su maestro, Gustav Klimt, el 7 de febrero de 1918 en una morgue de Viena. El autor de “El beso” falleció un día antes por una neumonía que muchos historiadores vinculan con la llamada “gripe española”.

Esos carboncillos reflejan —con el descarnado estilo expresionista de Schiele— la agonía de su mentor, que murió con 55 años tras acudir al hospital por una apoplejía que terminó por ser una neumonía.

Ese mismo año, Schiele, que con apenas 28 años era ya uno de los artistas más apreciados de su tiempo, comenzó a trabajar en un cuadro titulado “Familia”, en el que él aparecería junto a su mujer y su futuro hijo.

Pero antes de que pudiera terminar la obra murió de gripe su esposa Judith, embarazada de seis meses. Apenas tres días más tarde, el 31 de octubre de 1918, la pandemia también quitó la vida al propio Schiele.

Alexander Klee, comisario del Museo Belvedere de Viena, junto a la obra de Schiele “Familia”. Foto EDH / EFE

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La obra muestra el cuerpo desnudo y encorvado del joven pintor detrás de su mujer, quien mira a un lado, mientras un niño se acurruca entre sus pies. La mirada de los tres rebosa melancolía.

Actualmente, el cuadro “Familia” es una de las muchas joyas del museo Belvedere de Viena, que reabrió parcialmente el pasado 15 de mayo después de cerrar a mediados de marzo por las restricciones para luchar contra la COVID-19.

Los visitantes pueden visitar parte de las instalaciones pero tendrán que aguardar al 1 de julio para admirar obras maestras como “Judith” o “El beso” de Klimt, así como algunos de los autorretratos más conocidos de Schiele o el mismo “Familia”.

Imagen del maestro y su discípulo, Gustav Klimt (i) y Egon Schiele. Foto EDH / Internet

El Belvedere también alberga las obras más destacadas de Klimt, que con sus dorados, su pulsión sexual y sus figuras estilizadas y torsionadas sigue siendo unos de los artistas más conocidos del mundo.

El erotismo es un aspecto que une al maestro, que pasó del modernismo a la antesala del expresionismo, y al discípulo, con una estética más sombría que ahondaba en la exploración psicológica del individuo.

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Las medidas obligatorias para visitar desde ahora los museos —mascarillas, aforo reducido y un espacio de 10 m² por persona— dan una inusual actualidad a Schiele y Klimt, fallecidos durante la pandemia que hace un siglo acabó con la vida de al menos 50 millones de personas.

La mal llamada gripe española de 1918, en realidad surgió en EE.UU. y sus soldados la llevaron en la I Guerra Mundial a Europa. Es la mayor epidemia sufrida por la humanidad desde la peste negra medieval.

Pese a su devastadora destrucción, “Familia” es una de las escasísimas obras que testimonian, si bien sin haberlo deseado, la ciega crueldad de una pandemia de gripe que mató a más personas que la Gran Guerra.

Alexander Klee, comisario del Belvedere, reconoce el “simbolismo” de “Familia”, pero ese aspecto lo adquirió a posteriori debido a la muerte de todos los retratados.

“Autorretrato después de la gripe española” de Edvard Munch. Foto EDH / Museo Munch de Oslo

¿Y Munch?

Bueno, el pintor noruego Edvard Munch, autor de “El grito”, ha sido el otro gran artista que legó cuadros vinculados a una enfermedad que también sufrió, aunque él sí pudo sobreponerse a ella.

Cuando se recuperó de la gripe española creó “Autorretrato con la gripe española” y “Autorretrato después de la gripe española”, ambos de 1919 y conservados en el Museo Munch de Oslo.

En el primero se ve a Munch envuelto en una bata, sentado en una silla de mimbre y con la cama deshecha al fondo. Tonalidades amarillas y ocres lo envuelven todo y hay una sensación de aislamiento y enfermedad.

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Poco más tarde pintó la secuela, en la que se le ve en primer plano y su rostro tiene un tono cetrino que parece reflejar los estragos de la gripe.

Algunos historiadores sostienen que estas pinturas muestran una depresión posviral, mientras que otros arguyen que Munch era ya propenso a las reflexiones sobre los traumas de la existencia humana.

Pero lo que sí reflejan ambas pinturas es la soledad de la enfermedad y, al igual que ahora, aunque una pandemia puede ser un fenómeno colectivo, el padecimiento es siempre íntimo y privado.

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