Reyes Magos: historia, símbolos y reliquias entre Belén, Colonia y Athos
La historia de los Reyes Magos une ciencia antigua, tradición cristiana y reliquias que hoy se veneran en Alemania y Grecia.
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elsalvador.com
Publicado el 06 de enero de 2026
La historia de los Reyes Magos combina tradición cristiana, astronomía antigua y símbolos universales. Provenientes de Persia, estos sabios siguieron una estrella hasta Belén guiados por sus conocimientos astronómicos y la esperanza de un Mesías. Sus regalos —oro, incienso y mirra— reflejan la realeza, divinidad y humanidad de Jesús. Aunque sus nombres y número fueron establecidos siglos después, su legado perdura. Hoy, sus reliquias se veneran en la Catedral de Colonia, Alemania, y en el monasterio del Monte Athos, Grecia, donde se conservan los dones originales. Su figura sigue conectando la fe con la historia y la cultura global.
La festividad de la Epifanía, celebrada cada 6 de enero por la Iglesia católica, conmemora uno de los momentos más significativos del cristianismo: la manifestación de Jesús a los sabios de Oriente, conocidos como los Reyes Magos. Este episodio, mencionado en el Evangelio según San Mateo, ha trascendido como una historia que conecta la fe con la astronomía, la geografía y las tradiciones artísticas.
Aunque popularmente se les atribuye el título de reyes, los magos eran en realidad miembros de una élite sacerdotal del antiguo Imperio Persa, expertos en astronomía y astrología. Su interés por el nacimiento del Mesías surge de la influencia judía en Babilonia, y su travesía se basó en la observación de una estrella inusual, interpretada como señal celestial.
A través de los siglos, su imagen evolucionó. En el arte cristiano temprano, los magos aparecen vestidos como nobles persas, sin coronas ni atributos reales. Fue hasta el siglo V que el Papa San León I estableció el número de tres —por los dones entregados— y los vinculó con las tres razas conocidas entonces, en un gesto simbólico hacia la universalidad del mensaje cristiano.
Símbolos, nombres y legado histórico

Cada uno de los regalos entregados al Niño Jesús tiene una carga simbólica precisa. El oro, llevado por Melchor, representa su realeza. El incienso, ofrendado por Gaspar, alude a su divinidad. La mirra, entregada por Baltasar, anticipa su sacrificio humano. Estos elementos, aún hoy, despiertan interés entre estudiosos y creyentes.
Los nombres actuales de los magos —Melchor, Gaspar y Baltasar— se consolidaron hacia el siglo VIII, gracias a los escritos del monje inglés Beda el Venerable. Sin embargo, manuscritos más antiguos registran variantes como Bisthisares, Melechior y Guthaspa.
Un dato histórico clave ocurrió en el año 614: durante una invasión persa a Tierra Santa, la Basílica de la Natividad en Belén fue respetada por los soldados al reconocer, en un mosaico, a los magos representados con vestimenta similar a la suya. Este gesto preservó uno de los sitios más sagrados del cristianismo.
Dos destinos, una misma devoción: reliquias en Alemania y Grecia
La veneración por los Reyes Magos también se expresa a través de sus reliquias. En el corazón de Alemania, la Catedral de Colonia conserva desde 1164 los restos atribuidos a Melchor, Gaspar y Baltasar. Estos fueron entregados por el emperador Federico Barbarroja, y su presencia motivó la construcción de una de las catedrales góticas más emblemáticas de Europa.
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Allí, detrás del altar mayor, se encuentra el Dreikönigsschrein, un relicario medieval que recibe cada año a miles de peregrinos. La devoción en Colonia no solo mantiene vivo su legado, sino que también conecta la historia bíblica con el patrimonio artístico de Occidente.
Mientras tanto, en el oriente de Europa, el Monasterio de San Pablo en el Monte Athos, Grecia, resguarda los dones que los magos ofrecieron. El oro se conserva en placas talladas; el incienso y la mirra en cuentas esféricas. Según la tradición, estos objetos fueron custodiados por la Virgen María y, tras un largo recorrido por Jerusalén, Constantinopla y Nicea, llegaron al Monte Athos en el siglo XV.

Un hecho destacado es el momento en que la princesa serbia Mara, al intentar entregar las reliquias, recibió un mensaje que le recordaba que las mujeres no pueden ingresar a la Montaña Sagrada. Por ello, entregó los cofres desde el puerto, donde hoy se alza la Cruz de la Reina.
Un relato con múltiples lecturas
La historia de los Reyes Magos sigue resonando con fuerza, no solo como símbolo religioso, sino también como legado cultural que ha trascendido geografías, interpretaciones y épocas. Sus reliquias —entre Alemania y Grecia— representan dos formas distintas de veneración: una más monumental y pública; otra, silenciosa y monástica.
Para viajeros, creyentes e interesados en el arte sacro, estos lugares ofrecen experiencias únicas. En Colonia, la entrada a la catedral es gratuita y de fácil acceso en transporte público desde ciudades como Frankfurt o Düsseldorf. Por su parte, el Monte Athos, aunque restringido a visitantes varones y bajo estrictos permisos, permanece como un enclave espiritual de valor histórico.
El relato de estos sabios orientales continúa generando preguntas e inspirando arte, conmemoraciones y peregrinaciones. A más de dos mil años de su travesía, su figura mantiene viva una conexión entre fe, ciencia antigua y cultura.
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