Xiomara, la primera universitaria en su familia

La joven del cantón San José, en Ataco, obtuvo una beca altruista para cumplir su sueño de estudiar la Licenciatura en Administración de Empresas.

Para toda la familia es un logro que Xiomara estudie en la universidad. La joven se ha convertido en la primera mujer que logra entrar a un centro de educación superior.

Por María Navidad

Ago 07, 2019- 05:50

AHUACHAPÁN. Iris Xiomara Martínez, una joven originaria del cantón San José, un lugar recóndito de Concepción de Ataco reconocido por los cultivos de café, emprendió camino hacia Santa Ana para cumplir uno de sus sueños más grandes: estudiar en la universidad.

Según la Encuesta de Hogares de propósitos Múltiples, Ahuachapán es el departamento con más familias en condiciones de pobreza dimensional. En 2018, el 50.1 % de los hogares fueron clasificados como pobres conforme al umbral de pobreza, es decir que más de la mitad de los ahuachapanecos carecen de acceso a la educación, salud, vivienda digna y los servicios de electricidad y agua potable.

En Ahuachapán, de acuerdo con el boletín estadístico presentado por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (Mineducyt) en diciembre del año pasado, la matrícula inicial fue de 80,498 alumnos. Un total de 3,010 estudiantes desertaron de las aulas por diferentes motivos, de los cuales 1,408 fueron mujeres y 1,602 hombres.

Xiomara tiene 19 años de edad y vive en el cantón San José en Concepción de Ataco, Ahuachapán. Con mucho esfuerzo sus padres lograron darle el estudio hasta el bachillerato, pero los altos costos de la universidad le impidieron seguir; no fue hasta que una persona altruista decidió darle una beca para estudiar administración de empresas en una univerisidad de Santa Ana. Foto EDH/Yessica Hompanera

Contra todas esas estadísticas, Xiomara terminó de estudiar el bachillerato con el programa de modalidades flexibles de educación, el año pasado. Pero la escasez de recursos económicos y lo lejos que se encuentran los centros educativos de educación superior truncaron sus aspiraciones de estudiar una carrera universitaria. Sin embargo, su destino ha tomado un nueva esperanza de la mano de un altruista, que le abre paso en su camino por la educación.

Xiomara, al igual que Xenia Vanegas, una quinceañera del cantón El Presidio en Sonsonate que este año aprendió a leer y escribir, son mujeres jóvenes del área rural que luchan por cumplir el sueño de ser profesionales.

Xiomara, de 19 años de edad, es la primera en la familia Martínez Aquino que estudiará en la universidad.

Para el año 2018, la Encuesta de Hogares de propósitos Múltiples reportó que la población total del país fue de 6 millones 642 mil 767 personas, de los cuales 2 millones 546 mil 697 residen en la zona rural.

El informe destaca que la población es mayoritariamente joven, puesto que el 52.6 % de la población es menor de 30 años, mientras que el 13.2 % tiene una edad de 60 años y más.

Xiomara tiene siete hermanos y ha trabajado como empleada doméstica y vendedora de atole en su pueblo. Foto EDH/Yessica Hompanera San Salvador, 22 de julio de 2019.

Xiomara junto a su familia. Foto EDH/Yessica Hompanera

Xiomara y su madre comparten el mismo anhelo: “Mi sueño era estudiar también pero mis padres eran de escasos recursos y no pude obtener lo que yo quería , mi sueño era ser enfermera y no lo pude ser, y entonces hoy que ella tiene la oportunidad la vamos apoyar hasta donde Dios nos de la fuerza”, expresó la progenitora.

Sin embargo, Julio Martínez, el padre de la joven expresó que nunca pudo asistir a una escuela, y desde los 13 años se dedico a la siembra.

A sus 43 años de edad, Julio no sabe leer ni escribir. “De estudio sí no sé nada. Por el momento me siento dichoso porque Dios les ha iluminado la mente y no va a sufrir como yo he sufrido, siempre las he apoyado en lo que he podido para que ellas sí puedan estudiar”, agregó el progenitor.

Xiomara es la tercera de siete hijos de los esposos Martínez, sus dos hermanas mayores, Joseline y Morelia, de 23 y 21 años de edad, respectivamente, solo han podido completar el bachillerato. La hermana mayor se dedica a vender pupusas, y la segunda, a las labores del hogar.

Para toda la familia es un logro que Xiomara estudie en la universidad, pues se ha convertido en la primera mujer que logra entrar a un centro de educación superior.

Foto EDH/Yessica Hompanera

El informe titulado “Desarrollo Humano El Salvador 2018 (IDHES), Soy joven y ahora qué”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), estimó que para el 2017, el 49.1 % de las personas jóvenes salvadoreñas entre 18 y 29 años de edad no han finalizado su educación media o bachillerato, lo cual afecta de manera sensible sus posibilidades de empleo y de contar con ingresos suficientes para salir de la vulnerabilidad debido a la pobreza.

Según un análisis en brechas de población y demandas atendidas citado en IDHES , para el 2014 se valoró que todavía 777,199 niños, adolescentes y jóvenes se encontraban fuera del sistema educativo.

La atención de esa cantidad de población, según el análisis, requeriría de 38,521 docentes adicionales a los que ya tiene el sistema educativo y de un incremento de 36.3 % en aulas disponibles, equivalente a unas 38,519 aulas, lo que demandaría el doble del presupuesto otorgado al Ministerio de Educación.

Condiciones de vivienda

Xiomara vive en la última casa del cantón San José, uno de los sitios más aislados de Ataco. Un bordo de tierra separa a los habitantes del caserío Los Ascencios, que no tiene acceso a energía eléctrica y agua potable.

De acuerdo con la encuesta, en el área rural el 94 % de los hogares tiene acceso a servicio de electricidad, de los que un 2.4 % utilizan candela, un 1.6% otros medios, el 1.2 % usa kerosén y sólo un 0.8 % se sirve de paneles solares.

En este último porcentaje encaja la familia Martínez, quien se las ingenia para alumbrar su casa. Durante muchos años ocuparon candiles pero ahora tienen un panel solar sobre el techo de la casa, con la ayuda de una persona altruista, el cual les ayuda a cargar una pequeña lámpara. Cada noche don Julio se encarga conectar el aparato porque la batería dura desde que anochece hasta el amanecer.

“En la noches encendemos una lámpara solar y con eso hacía mis tareas, las que requerían utilizar la computadora iba a un ciber que esta en Ahuachapán o una compañera las investigaba y ella me las hacía, así es como hacía las tareas de investigación”, explicó la joven.

En invierno, la madre de la joven se encarga de almacenar agua lluvia en una pila para lavar la ropa y los trastes.
En el área rural se contabilizaron 686,388 hogares, de los cuales solo el 77.1 % de viviendas cuenta con acceso al servicio de agua por cañería, mientras que el 11.7 % se abastece con agua de pozo y el 11.2 % lo hace mediante otros medios, de acuerdo al informe de la Dirección General de Estadística y Censos (Digestyc).

Los días de verano se encarga de bajar al río más cercano junto a Xiomara para traer agua para tomar.

Xiomara y su madre caminan durante 20 minutos para el manto acuífero conocido como “Las Lecheras” , el cual se ubica a medio kilometro de la casa, para almacenar el vital líquido.

Un duro camino a la superación

En el cantón San José, los centros escolares más cercanos se encuentran a una hora y la cobertura escolar es hasta sexto grado, para bachillerato deben asistir hasta Ataco, el cual queda a dos horas de donde Xiomara vive.

Desde sus primeros años, la joven estudiante se desplazaba entre cultivos de café y quebradas hacia los cantones vecinos para poder estudiar. En octavo y noveno grados estudió en el cantón La Pandeadura, Tacuba, porque las calles hacia el casco urbano de Ataco son desoladas y sus horarios de clases eran en la mañana.

En bachillerato inició la odisea de la joven debido a que la escuela más cercana estaba a dos horas, por lo que se vio obligada a mudarse con su hermana mayor a Cara Sucia, situado en San Francisco Menéndez.

Con el objetivo de ayudar en los gastos de pasajes y alimentación del segundo año de bachillerato, Xiomara optó por cuidar a sus sobrinos. Esta fue la primera vez que la adolescente dejo a su familia para asistir a clases.

La mejor opción que encontró para seguir sus sueños fue estudiar a distancia con el programa de modalidades flexibles, impartido por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

Cada sábado la joven se levantaba a las 4: 30 de la madrugada a bañarse al río y lograr tomar el único pick up que transporta alumnos, desde el cantón San José hacia Ahuachapán.

“A las 5:30 agarraba camino para donde nos llevaba el pick up que lleva a todos los escueleros, los sábados ahí nos llevaba hasta Ahuachapán y el mismo nos traía”, agregó Xiomara.

Una nueva oportunidad

Sin esperanzas de continuar una carrera universitaria, en febrero Xiomara decidió comenzar a trabajar en los oficios domésticos. Durante un mes realizó trabajos de limpieza en Santa Tecla, el salario que recibió fue de $150 y regresaba a su casa cada quince días.

Al finalizar el mes, su abuelo falleció y optó por buscar un empleo cerca de su familia. En Ataco inició una venta de atoles en un comercio del casco urbano, los fines de semana.

El 15 de marzo de este año, la joven recibió la mejor noticia de su vida, una persona altruista le brindó una beca para continuar sus estudios.

“Al terminar el bachillerato soñaba con seguir estudiando pero no podía , se me fueron las ilusiones de seguir estudiando”, recordó la bachiller.

El 24 de julio inició la Licenciatura en Administración de Empresas en una universidad privada de Santa Ana. Para continuar estudiando se mudará a Atiquizaya con su abuela materna, porque le queda más cerca y en el cantón sí tienen transporte y los servicios básicos.

“Quiero superarme para poder ayudarle a ellos (familia), apoyarlos cuando ellos ya estén más mayores”, expresó Xiomara.

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