Edgar Ochoa, el buzo mexicano que explora las aguas de Ilopango

El profesional de buceo científico y biólogo marino explica el impacto negativo del equipo de pesca abandonado en el mar, lagos, lagunas y ríos, pues afecta no solo al medio ambiente, sino a la economía mundial.

Edgardo Chacón, biólogo y buzo mexicano Foto EDH/ Yessica Hompanera

Por Violeta Rivas

Sep 22, 2019- 19:30

El experto en buceo y biólogo marino, de origen mexicano, Edgardo Ochoa, visitó el país recientemente para desarrollar una ponencia sobre el impacto del material de pesca abandonado en el mar y los daños que causa, no solo en el ámbito ambiental sino en el económico.

El pasado 15 de septiembre, el biólogo marino se sumergió en el lago de Ilopango, específicamente en el sitio conocido como la Caldera del Diablo, donde hay actividad de fumarolas.

Ochoa tenía varios años queriendo realizar una inmersión en ese lugar, en esta ocasión en que lo hizo encontraron una red que tenía una medida de entre 15 y 18 metros de largo y pesaba 13 libras.

Un día después, el 16 de septiembre, desarrolló la ponencia denominada “Impacto del equipo de pesca abandonado en ecosistemas marinos”, en la Universidad Francisco Gavidia, en la que destaca los efectos de este fenómeno de dejar los implementos de pesca, ya sea en el mar, en lagos, lagunas o ríos, y de cómo dañan a las especies de peces y a otros animales.

“Lo de las mallas, para mí, fue un accidente, yo ya las había visto muchas veces y, según yo, no era difícil sacarlas, y comencé a ver cómo se podían sacar. Particularmente en Panamá yo ya había visto una que era inmensa y pesada, y hace como tres años, con el apoyo del gobierno de Panamá que ofreció el servicio aeronaval, la sacamos. El impacto fue mucho y ese gobierno se interesó en que eso era un problema. Pesó como media tonelada”, relata el experto.

Foto EDH/ cortesía

En ese momento, cuenta que una organización de instructores de buceo se interesó en la actividad e iniciaron un curso de retiro de mallas o basura, pero cuidando la seguridad de los buzos.

Ochoa explica que de todo el plástico abandonado en el mar, el 46 % está compuesto de redes, líneas o equipo de pesca.

“Estamos hablando de que las redes son el mayor contaminante de plástico que hay en el mar, no son las botellas de agua, las pajillas, son las redes de pesca y encima que se va acumulando más desechos cada día, porque donde hay una ahí se va acumulando más plástico, además de que sigue pescando o atrapando diferentes especies. Ahorita acabamos de sacar una que fácilmente medía entre 15 y 18 metros de largo y pesaba 13 libras (en el lago de Ilopango). Si no las sacamos sigue atrapando animales”, explica el biólogo mexicano.

En el caso de redes atuneras abandonadas en el mar, estas miden 1.6 kilómetros de largo por 200 metros de profundidad, y se pierden 800 mil toneladas de redes al año que están hechas de nylon y pueden durar hasta 500 años atrapando animales, expone Ochoa.

Actualmente existen varias iniciativas que trabajan para evitar que este problema siga sucediendo, dice el biólogo; una de estas se llama Netpositiva, en Chile y en Perú, de la compañía Bureo, que desarrolla acciones con los pescadores, quienes les entregan las redes en desuso.

“Estos trabajos de concienciación han sido importantes porque se ha hecho mucho y seguimos haciendo más. No es tanto sacar redes, es el hecho de que las personas se enteren de que es un problema gigantesco y el darlo a conocer es lo que hace la diferencia, para lograr evitar que siga sucediendo en el mundo”, dice Ochoa.

Agrega que al conocer este problema del mar, muchas personas van a comenzar a preguntarse: ¿de dónde viene el pescado que comemos?

“Ningún pescador quiere perder una red porque son costosas y son hechas de un material de primera calidad, y si se pierden es accidentalmente; porque puede ser que sea ilegal, por eso no las reportan. Si es legal pueden reportarla y vamos gente como nosotros y la retiramos, pero la gran mayoría es pesca ilegal y no la reportan, entonces se vuelven el problema para miles de especies”, manifiesta Ochoa.

El principal problema que ocurre con las redes perdidas es que especies como ballenas, tortugas, tiburones, focas y peces se atascan en las redes perdidas y mueren. Una parte son las especies icónicas como las tortugas, delfines, ballenas, aves, lobos marinos, focas, donde el 40 % de las especies están afectadas.

Pero otra problemática es la de especies que se enredan y no han llegado a su adultez, y eso afecta a la pesca local, se alteran ciclos de vida.

“Otro de los problemas es el ciclo de la navegación. El 5 % del comercio mundial pasa por el canal de Panamá y si una red abandonada se enreda en un barco cambia toda la estructura cronometrada del canal; y ese 5 % de la economía del mundo que pasa por ahí se trastorna”, enfatiza el biólogo.

En el Caribe se da otro fenómeno y es la pérdida de trampas para langostas, donde son 20,000 que se pierden al año.


Foto EDH/ Yessica Hompanera

Soluciones que propone

Uno de los aspectos que menciona Ochoa es que las redes deben ser elaboradas con materiales biodegradables, así como antes que eran hechas de algodón. Otra alternativa es lograr que se coloque dispositivos en las redes para que puedan ser localizadas, para saber a quién pertenecen y conocer al responsable y sean retiradas.

“Hay países donde perder una red es ilegal. En Holanda o Bélgica, que son más desarrollados, y no hay pesca ilegal, si pierden una red los multan, entonces, no la van a reportar, por eso el dispositivo de ubicación es como la mejor alternativa, además de hacer cambios en la ley para que sea más fácil encontrar las redes porque los propietarios las van a reportar”, propone el buzo.

Los usos que se le den a las redes es otro de los puntos importantes, ya que hay iniciativas que las están comenzando a reciclar, porque es material de alta calidad.

“No tenemos en la región nadie que las esté reciclando. Yo estoy esperando que un día, en las charlas que doy, alguien levante la mano y diga: “yo tengo una idea”, y que haya un ejército de gente que le esté dando material cada semana de los que salen a bucear, porque siempre se encuentra algo. Yo, en el último me, he estado buceando en cuatro países diferentes y casi en todos he encontrado algo, pero si he buceado 40 veces, en 35 he encontrado algo, he estado en Indonesia, en Timor Oriental, en Honduras y en El Salvador”, compara el biólogo.

Cuenta que en Chile existe la empresa Bureo, que colecta las redes que los pescadores desechan y las utiliza para fabricar tablas para patinetas, lentes de sol y discos voladores. Hay empresas que también están elaborando textiles a partir de estos materiales, alfombras, ropa…

“Four Element tiene una línea que se llama Ocean Positive y toda la ropa que están fabricando está hecha a partir de redes recicladas. Adidas tiene una marca de zapatos también hecha a partir de redes, estamos cada vez más los que estamos haciendo algo para mejorar”, dice Ochoa.

Foto EDH/ cortesía

La vida del biólogo

Ochoa es oficial de seguridad marina y de buceo para la organización medioambiental Conservation International, con sede en Virginia, EE. UU.; es un buzo científico e instructor de buceo con más de 3,800 inmersiones, que abarcan desde el trópico hasta el ártico. También es embajador de la Asociación Profesional de Instructores de Buceo (Padi), organización líder mundial en el entrenamiento de buceadores.

Inició en el buceo desde los 14 años, comenta, y en la universidad lo hizo profesionalmente, donde tomó como su fuerte la seguridad a la hora de bucear y se especializó en apoyar a investigadores marinos.

Se graduó de la carrera en 1994. Inició su labor monitoreando arrecifes, en darle apoyo a la ciencia marina, y luego en un parque marino como guía para luego viajar a EE. UU. para especializarse en buceo científico en la Universidad de Santa Cruz, en California. Regresó a México para establecer el primer programa de buceo científico en el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (Cicimar).

Trabajó durante 13 años en el Instituto Smithsonian de Investigación tropical de EE. UU., en Panamá y luego en Washington.

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