1,000 familias cultivan en las faldas del volcán de Conchagua

Comunidades del lugar usan la agricultura como mayor medio de subsistencia, pero solicitan ayuda técnica de parte del Estado.

Foto EDH / Insy Mendoza

Por Insy Mendoza

Oct 08, 2019- 20:30

LA UNIÓN. La venta de mangos, mandarinas, limones, naranjas, anonas, papayas, nances, pipianes, flor de Izote, frijol y maíz es la principal fuente de ingresos económicos para unas mil familias de las comunidades de Finquita, Cuadras, El Faro, Yologual, El Farito y Conchagüita ubicadas en las faldas del volcán de Conchagua.

Por décadas los hombres y mujeres se dedican al cultivo de frutas, hortalizas y granos básicos que luego son comercializados por mayor y al menudeo en los mercados de La Unión y Santa Rosa de Lima.

De acuerdo con los lugareños, la mayoría de las familias son de escasos recursos económicos; son pocos los que tienen un trabajo fijo en la empresa privada, mientras que otros reciben algún pequeño ingreso de remesas de los parientes residentes en el exterior.

Aseguran que las condiciones del clima en la parte alta del volcán les favorecen para contar con una variedad de cultivos; aunque lamentan que no cuentan con una asistencia técnica de las instituciones del Estado para mejorar sus cosechas.

En el caso del maíz y el frijol, una parte es para el consumo y otra la sacan a la venta.

Las 100 unidades de mandarina entre tamaño pequeña y grande las venden a 3 dólares.

Adrián Cruz, residente en el caserío Finquita, manifestó que con el cultivo de maíz y frijoles logra tener los pocos ingresos para sostener a su familia: “Aquí si no tenemos buenas cosechas tampoco habrá comida en nuestras mesas para alimentar a los hijos y nietos”, agrega.

Foto EDH / Insy Mendoza

Según Cruz, desde el año 1986 iniciaron con los primeros cultivos de mango en la zona; fue una donación de plantas que les dio la fundación Funsalprodese para que fuera una fuente de ingresos para los residentes.

Victoriano Vásquez, de 90 años, reside en Finquita y asegura que continúan con la siembra del maíz y frijol porque eso no puede hacer falta en las viviendas. “A mis hijos así los crié y les di el estudio cultivando la tierra, porque aquí no tenemos otro ingreso económico”, manifiesta en nonagenario.

José Díaz, presidente de la directiva de la comunidad de Finquita, señala que para diciembre y enero estarán sacando la cosecha de la mandarina para comercializarla al mayoreo con los clientes de Santa Rosa de Lima.

“Tengo tres años de tener un cliente que viene hasta la comunidad a comprarme las mandarinas; en cada pedido se lleva 10 mil mandarinas para revenderlas en el mercado de Santa Rosa de Lima”, agrega Díaz.

Jessica López, de 33 años, es madre soltera; se dedica al cultivo de maíz, tomate y papaya, la mayoría es para el consumo, lo que más vende es la flor de Izote. “Cuando es bastante la cosecha de los cultivos aprovecho para venderlo y tener dinero para algunos gastos en la casa”, advierte.

Foto EDH / Insy Mendoza

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