Moisés, el salvadoreño que regresó de Estados Unidos y ahora impulsa el turismo en playas del país
Moisés Bazán, originario de Santa Ana, decidió volver al país junto a su esposa, Gladis, para invertir en proyectos turísticos. Hoy administra dos ranchos de playa. Conocé su historia
Por
Leidy Puente
Publicado el 14 de enero de 2026
Moisés Bazán, originario de Santa Ana, regresó a El Salvador junto a su esposa Gladis para invertir en el sector turístico. La pareja adquirió dos ranchos de playa: Brisas del Mar en Sonsonate y Coconut Breeze en San Diego, La Libertad, ambos disponibles para renta y con capacidad para recibir grupos y eventos. Bazán asegura que tomó la decisión confiando en el clima de estabilidad y apoyo institucional que percibe en el país. Sus proyectos ya han generado empleo para alrededor de 40 personas. Moisés invita a la diáspora a regresar, invertir y construir futuro en El Salvador.
Hay viajes que comienzan con maletas llenas de sueños, pero lo más importante ocurre cuando llega el momento de volver. Ese es el caso de Moisés Bazán, un salvadoreño originario de Santa Ana que vivió en Estados Unidos y que recientemente tomó la decisión de regresar a El Salvador junto a su esposa, Gladis Bazán, convencido de que este es el tiempo para invertir, crecer y aportar.
Su regreso no fue intuitivo ni impulsado por nostalgia únicamente. Moisés afirma que percibe un ambiente de mayor certeza para emprender en el país.
En este sentido, dio el salto al sector turístico y adquirió dos ranchos de playa que ahora forman parte de su principal apuesta económica y personal. La primera propiedad es Brisas del Mar, un rancho frente al mar ubicado en Sonsonate.
Tiempo después sumaron Coconut Breeze, situado en la zona de San Diego, La Libertad, un punto costero cada vez más visitado por turistas locales e internacionales.
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“El rancho Brisas del Mar en Sonsonate fue el primer proyecto que tuvimos; es un lugar que es muy tranquilo, como todo el país, frente al mar. Ambos establecimientos tienen capacidad para 16 a 18 personas para dormir y 450 en evento. En estas propiedades hemos invertido arriba de 500 mil dólares y tenemos planes de seguir impulsando otros proyectos”, relató, de acuerdo con un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Ambas instalaciones están disponibles para renta, tanto para estadías familiares como para celebraciones, actividades grupales, encuentros empresariales y eventos al aire libre. Para la familia Bazán, el atractivo no solo está en la vista al Pacífico, sino en la oportunidad de que más salvadoreños puedan disfrutar la playa desde espacios seguros, amplios y pensados para convivir.
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Pero la inversión no termina en la compra y remodelación de las propiedades. La apuesta ha tenido impacto directo en otras familias salvadoreñas. Según detalla Moisés, los proyectos han generado empleo para alrededor de 40 personas, entre personal administrativo, encargados de limpieza, jardineros, mantenimiento, cocina, logística para eventos y proveedores locales.

“Lo hemos hecho con una seguridad y una confianza que estamos viendo los frutos. Estamos muy contentos, mi esposa y mi familia. Nuestro país va saliendo adelante y la economía va creciendo”, afirmó, señalando que uno de los mayores satisfactores de emprender en El Salvador es ver cómo los ingresos se quedan dentro de la comunidad.
El empresario también sostiene que el progreso debe ir acompañado de una visión colectiva. No se trata solo de abrir empresas, sino de motivar a otros salvadoreños que están en el extranjero y que alguna vez soñaron con regresar. “Yo invito a los salvadoreños a que vengamos y produzcamos aquí. No tenemos que traer personas de otros países. Nosotros tenemos la fortaleza y la inteligencia para poder salir adelante y seguir invirtiendo. Mi nuevo futuro será aquí en El Salvador”, expresó con firmeza.

Y aunque Moisés sabe que no todo llega de un solo golpe, tiene claro que su historia apenas está comenzando. “Tenemos planes de seguir impulsando otros proyectos”, adelantó, sin revelar detalles, pero dejando claro que su visión no se detiene.
Para él, ese regreso terminó convirtiéndose en un antes y un después familiar, volver no fue cerrar un ciclo, sino abrir uno nuevo frente al mar.
“Mi nuevo futuro será aquí en El Salvador”, repite. Y hoy, entre Brisas del Mar y Coconut Breeze, su apuesta ya está dejando huella en las playas del país y en las comunidades que las rodean.
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