Así luce la Mansión Guirola tras su remodelación en Santa Tecla, un nuevo restaurante destino
La emblemática Mansión Guirola, ubicada en Las Colinas de Santa Tecla, vuelve a abrir sus puertas tras un extenso proceso de restauración. El espacio renace ahora como Cadejo Mansión, un restaurante destino que apuesta por la experiencia
Por
Leidy Puente
Publicado el 28 de enero de 2026
La histórica Mansión Guirola de Las Colinas inicia una nueva etapa tras su remodelación y reapertura como Cadejo, un restaurante destino que rescata el valor arquitectónico y simbólico de uno de los inmuebles más emblemáticos de Santa Tecla. El proyecto priorizó la conservación de la estructura original, integrando arte, diseño y una propuesta gastronómica inclusiva y familiar. Según explicó Juan Fortín, gerente de Mercadeo de Cadejo, la intervención buscó devolver este espacio a la gente y reactivar su vínculo con la ciudad. Así, la casona deja atrás el abandono para convertirse nuevamente en punto de encuentro.
Durante años, la Mansión Guirola fue sinónimo de deterioro, silencio y leyenda. Hoy, ese relato cambia con su reapertura como Cadejo Mansión, un restaurante destino que marca una nueva etapa para uno de los inmuebles más emblemáticos de Santa Tecla.
Tras un proceso de remodelación que priorizó la conservación arquitectónica y el respeto por los espacios originales, la histórica residencia de Las Colinas vuelve a integrarse a la vida cultural y social de la ciudad.
La intervención buscó algo más que renovar un edificio, la intención fue devolverle vitalidad a un espacio que forma parte de la memoria colectiva, permitiendo que los salvadoreños vuelvan a recorrerlo y apropiarse de él desde una nueva experiencia.

De acuerdo con Juan Fortín, gerente de Mercadeo de Cadejo, la remodelación tomó entre siete y ocho meses y se enfocó principalmente en labores de saneamiento estructural, restauración y adecuación mínima. No se añadieron nuevas construcciones al volumen original, sino que se trabajó sobre los espacios existentes para garantizar seguridad, funcionalidad y conservación.
Columnas, cielos, gradas, ventanales y distribución general fueron respetados en la mayor medida posible. El resultado es una propuesta que combina lo original con intervenciones contemporáneas cuidadosamente integradas, bajo un concepto definido como neoclásico tropical, que mezcla lo clásico con elementos propios del entorno salvadoreño, como la vegetación, la luz natural y los tonos cálidos.

Una mansión que ahora se vive
El recorrido por la Mansión Guirola es intencionalmente similar al de una casa habitada. En el primer nivel se encuentran el lobby, el restaurante principal, la biblioteca, el bar, la sala de té, el patio con la peculiar fuente y una amplia terraza rodeada de naturaleza.
Cada espacio conserva su identidad, con ambientaciones distintas que permiten al visitante sentirse en una mansión viva y no en un restaurante convencional.

En el segundo nivel se ubican los salones privados, pensados para eventos sociales y corporativos, así como una terraza con vista espectacular. Lejos de uniformar los espacios, cada sala fue intervenida con una narrativa propia, apostando por el detalle artístico, la decoración y la experiencia sensorial.
Buena parte del mobiliario, cuadros y objetos decorativos fueron seleccionados para evocar distintas épocas, sin representar personajes reales de la familia Guirola.

Se trata de una recreación estética que sugiere historia, linaje y memoria, sin apropiarse directamente del relato familiar.
Hay piezas antiguas, otras restauradas y algunas recreadas, que conviven con elementos modernos. El objetivo, según explica Fortín desde el proyecto, es que la casa “hable por sí sola” y que cada visitante pueda construir su propia lectura del lugar.

Gastronomía para todos, sin exclusividad
Aunque se trata de un restaurante destino, la propuesta gastronómica fue pensada para ser accesible y familiar. El menú incluye entradas para compartir, platos fuertes, hamburguesas, sándwiches, pastas, ensaladas, bowls, postres, bebidas sin alcohol, café, coctelería y cervezas artesanales.
La idea es que distintos públicos puedan disfrutar del espacio, desde familias hasta grupos de amigos o visitantes del interior y del extranjero. En una primera etapa, el restaurante opera bajo reservación debido a la alta demanda, con una capacidad aproximada para 200 personas de forma simultánea.

Antes de la intervención, la Mansión Guirola se encontraba en estado de abandono severo, sin servicios básicos, con daños estructurales y saqueos acumulados durante años. Parte del reto fue devolverle condiciones dignas sin borrar las huellas del tiempo.
Hoy, el inmueble vuelve a ser visible no solo desde la colina que lo resguarda, sino también desde la conversación pública. Su reapertura marca un punto de inflexión en la forma de resignificar el patrimonio arquitectónico desde usos contemporáneos.

Un lugar que vuelve a pertenecer a la gente
Más allá del restaurante, el proyecto busca posicionar la Mansión Guirola como un espacio cultural y social abierto, donde la experiencia va más allá de sentarse a comer. La intención es que vuelva a ser un lugar vivido, recordado y compartido.
Así, la casona que durante años alimentó rumores, silencios y curiosidad, inicia una nueva etapa, una donde la historia no se queda encerrada, sino que se recorre, se observa y se disfruta.

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