Opinión

OPINIÓN: Alianza y las desigualdades de Concacaf

Una columna de Gustavo Flores

Jugadores de Alianza FC de El Salvador reclaman al árbitro Said Martinez (d) una jugada ante Tigres de México, durante un partido correspondiente al juego de vuelta por los octavos de final de la Liga de Campeones de la Concacaf, celebrado en el estadio Universitario de la ciudad de Monterrey (México). EFE/ Miguel Sierra.

Por Gustavo Flores | Twitter: @Gusflores21 | Mar 01, 2020- 20:35

Alianza cumplió con dignidad una nueva participación en un torneo creado para los equipos mexicanos y estadounidenses. Al igual que las eliminatorias y las Copas Oro, la Concacaf no disimula su favoritismo para los equipos del Norte en desmedro de los centroamericanos, tampoco en Liga de Campeones Concacaf. Así se acrecientan las desigualdades de poder entre ambos “mundos”.

Un solo equipo de Uncaf en cuartos de final, el Olimpia de Honduras que dejó en el camino por penales a Seattle Sounders luchará entre siete representantes de la MLS y México.

Las abismales diferencias entre unos y otros en cuanto a plantel y presupuesto (Tigres tiene una plantilla 16 veces más cara que el Alianza, por ejemplo), se acrecientan con frecuentes favores arbitrales y el cierre de las series en México o en Estados Unidos. Sin sorteo de sedes, claro, como sucede en Copa Oro, donde todo está digitado por los dirigentes de saco y corbata. Ni hablar del escandaloso nuevo sistema de eliminatorias (que hoy favorece a El Salvador, hay que decirlo) que tomaron en cuenta el inexistente ranking FIFA desde las fecha que se les ocurrió y cuyos principales defensores llegan desde las cadenas internacionales, algunos de los cuales también son contratados por Concacaf para explicar lo inexplicable.

En la Concachampions, Tigres pasó de milagro ante un rival del que muchos (periodistas mexicanos incluidos) se reían cuando terminó el sorteo. ¿Qué es sino un milagro (futbolístico, claro) que un portero haga el gol de cabeza decisivo al minuto 93 y medio? Esta vez no se recurrió a un escandaloso fallo tal como sucedió la pasada temporada con un penal inventado a Rayados cuando se le venía la noche. Esta vez se le permitió ser el dueño de la cancha al francés Gignac y manejar a su antojo a la cuarteta arbitral. El penal para Tigres fue penal, aunque siempre me queda la duda si lo hubiera cobrado en el área de enfrente. Creo que no.

Alianza se quedó en la puerta dos veces. Ahí nomás. Fallas en instantes clave, mala suerte, desconcentraciones fallos que lo perjudicaron…. Todo es cierto. Pero lo más importante que demostró Alianza es que se puede. Que puede competir de igual a igual contra los grandes del continente. Que las distancias estratosféricas en cotizaciones de jugadores se achican hasta lo ridículo en el verde césped. Que no está tan lejos un golpe de autoridad en la mesa de un torneo internacional. Y da la pauta de que El Salvador también puede. Que a pesar de las miserias y desaciertos del fútbol criollo, vale agrandarse en las complicadas. Y asustar a más de uno. Pregunten sino en la ciudad de Monterrey.

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