Fútbol

Hernán Carrasco, DT de la Selección del 70: “Nos mandaron a concentrar a un motel lleno de mujeres bonitas”

El técnico chileno asumió a dos meses del Mundial y sorteó una decena de obstáculos para evitar la peor imagen posible en los escaparates del estadio Azteca.

Foto EDH / Archivo

Por Mario Reyes | Twitter: @MarioDR | Jun 03, 2020- 05:30

Con dos títulos consecutivos en Alianza y otros dos con Marte, Hernán Carrasco Vivanco era el candidato ideal para tomar las riendas de la Selecta en 1970, tras el despido de Gregorio Bundio. Pero había un pequeño gran problema: tendría menos de dos meses para confeccionar y preparar el equipo para cumplir un honroso papel en su primera Copa del Mundo.
Carrasco ya había dirigido a la Selección a su llegada al país en 1965. Por aquellos días ya figuraban Salvador Flamenco Cabezas, Roberto Rivas, Jorge Vásquez, Alberto Villalta, “Ruso” Quintanilla”, Mauricio Rodríguez, Elmer Acevedo, “Mon” Martínez, Sergio Méndez y Gualberto Fernández, que fueron la base de la Selección olímpica de México 1968.
A dos meses del Mundial, el entonces presidente de la República, Fidel Sánchez Hernández, le pidió personalmente a Carrasco que se hiciera cargo de la Selección, aunque lógicamente el chileno tenía sus dudas y hasta declinó dos veces dicha propuesta.
“Tuve que hacerme cargo de una selección que a cualquier técnico tenía que tenerle muy preocupado y muy nervioso, por tanto problema que tuvo. (…) Tuve que hacerme cargo después de varios momentos de decir que no quería, porque faltaban a dos meses antes del mundial y había que ir a una gira de fogueos a Perú. No estábamos preparados, pero me comprometí con el señor presidente”, confiesa.
Aquella Selecta vivió los meses previos al torneo sumido en una gran tensión: jugadores eran apartados del equipo por reclamar viáticos y premios por la clasificación, imposición de otros jugadores que no habían participado siquiera en la eliminatoria y muchas tensiones entre Carrasco y el entonces presidente de la Fesfut, el coronel Mario Guerrero, quien incluso casi obliga a bajar del avión rumbo a México al portero Raúl Magaña “porque había dicho que (los dirigentes) se habían quedado con los uniformes” que usaría el equipo en Mundial. “Yo no podía dejar afuera a todos esos jugadores que habían clasificado”, afirma el extimonel.

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Antes de partir, la Selección había sido concentrada un hotel del centro de la capital que no reunía condiciones mínimas para un plantel mundialista: habitaciones en mal estado y demasiadas distracciones para los futbolistas. “Mujeres bien bonitas, rubias y morenas, llegaban a bañarse a la piscina del motel, a buscar jugadores, pero ellos se portaron muy bien”, recuerda Don Hernán, quien aún hoy sostiene que ese episodio fue un tipo de revancha personal de Guerrero.
En aquellos días, la renuncia era una opción para Carrasco. “Lo pensé, pero también pensé que se iba a desprestigiar el país. Mejor era terminar y pasar de la mejor forma posible y que no nos golearan”.
Dura realidad
En el debut ante los belgas, Don Hernán reconoce que “no estaba nervioso, pero sí con una preocupación tremenda”. Su estrategia iba encaminada a que su equipo dejara la mejor imagen posible ante el mundo, a pesar de la limitada preparación.
“Uno llega a la conclusión de que cuando uno no tiene un equipo bien preparado y se enfrenta a un equipo más fuerte, cualquier sistema que ocupe es imposible que pueda triunfar, porque la calidad y los sistemas son los jugadores quienes los desarrollan, sean buenos o malos. Íbamos dispuestos a que nos golearan, porque no entrenamos lo suficiente con el equipo que habíamos afianzado. Cuando su equipo es inferior, hay que ser más defensivos”, argumenta.
Antes del segundo partido con México, la situación empeoró: Desde una serenata con mariachis en la concentración, que impidió el sueño de los jugadores, hasta un error del árbitro Aly Hussein Kandil que facilitó el primer gol en el estrepitoso 4-0, que significó la eliminación matemática de los salvadoreños.
De aquel encuentro, “perdido honrosamente”, Carrasco todavía lamenta “un error tan grande” del central egipcio: “El VAR habría sido buenísimo para nosotros ese día. Por eso me gusta cómo se utiliza ahora”.
La despedida ante la Unión Soviética, con derrota de 2-0 el 10 de junio, acentuó la amargura del entrenador chileno, quien presentó su renuncia a su regreso a El Salvador y nunca más dirigió a la selección. Desde entonces, aún espera que el país le tome la palabra y retome sus ideas de un fútbol versado en la buena educación de sus protagonistas.
“Con los proyectos que yo traía de mi país, ya teníamos una selección muy buena, daba gusto verla jugar. Con la selección podía seguir y trabajar las fechas FIFA como se debía, hacer cursos de entrenadores con la federación y una campaña muy importante como seleccionador nacional, pero se perdió todo eso porque no supieron valorar lo que yo les ofrecía. Tenía antecedentes como para hacer cosas importantísimas aquí”.

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