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Fernando Palomo cuenta curiosos episodios vividos en Champions League y otros torneos

El relator salvadoreño Fernando Palomo habló con CANCHA para narrar sus vivencias de Champions League y otros certámenes. Léelo aquí, en primera persona

Por Robbie Ruud |

Foto: Fernando Palomo Twitter Oficial

Vuelve la Fase de Grupos para su edición 2021-2022 y por primera vez en varios años el narrador y periodista salvadoreño Fernando Palomo no relatará la UEFA Champions League, una situación que ya vivió con anterioridad laborando en ESPN.

CANCHA habló con Palomo para conocer un poco de lo que ha dejado en su vida cada torneo donde los futbolistas se matan por ganar un trofeo que posee unas enormes orejas metálicas a los lados.

Una de las voces oficiales del FIFA (videojuego desarrollado por EA Sports) tiene varias cosas qué contar, no solo sobre el máximo torneo europeo de clubes, sino también acerca de otras competiciones que lo hicieron tener toda una experiencia desde su oficio.

Algunos recuerdos no están más en la bitácora de Fernando, pero lo que pudo compartir lo hizo suspirando -entre líneas- de nostalgia. Cada anécdota muestra el agradecimiento del salvadoreño por laborar y desempeñarse desde un lugar privilegiado y con la responsabilidad que ello implica.

Sin más preámbulos, una charla con Fernando Palomo. Él relata todo aquí en primera persona:

AHORA estaré narrando solo La Liga, la Champions League no porque carecemos de los derechos en Estados Unidos.

EL PRIMER día narrando la Champions tal vez fue en 2004, soñado por supuesto. Es una competencia importantísima. Con cualquier nivel de ansiedad que pudiera llegar era mínimo del requerido por la relevancia del torneo.

DEBUTÉ narrando “in situ” para la final en Atenas (Milan-Liverpool 2007). Primera vez en cancha y por lo mismo todo era nuevo. Cabinas de transmisión ya había conocido,  evidentemente, pero en la posición de comentaristas y rodeado de un montón de gente que te pasabas viendo más en las contiguas que a veces el partido mismo. Me gustó llegar siempre temprano a los lugares donde me tocaba trabajar. Cuando era atleta también me gustaba ingresar muy antes al estadio de competencia y lo mismo sigo haciendo en los recintos a los que voy a trabajar. Pero ese día fue más anticipado que de costumbre. Tanto que tuvimos que esperar un rato afuera para que luego nos dejaran ingresar tras el paseo de seguridad, que suele darse unas tres horas antes de que el partido comience. Llegué descompuesto. Recuerdo que Mario Kempes notó que yo estaba hundido en el nerviosismo y en su momento me dijo: “Tranquilo, tranquilo, vos seguime que yo te llevo”. Me puse a pensar… imaginate, un campeón del mundo quien ha vivido momentos de mayor ansiedad que el mío y te venga a decir semejante mensaje. No sé si en ese momento me tranquilizó, lo cierto es que me puso a pensar en otra cosa. Siendo sincero.

CRUCES con jugadores tuve un montón. Una vez me encontré a Mark van Bommel, él estaba trabajando como analista, me imagino, para la televisión neerlandesa. En un momento yo giré al costado y lo vi y le dije ¡Eh Mark! van Bommel se me quedó viendo y me dijo “¡Hey ¿cómo estás?!”. Me dio un abrazo y me preguntó “¿qué tal todo? ¿la familia?” todo muy bien le respondí. Él dijo luego que fue un gusto saludarme. Se dio la vuelta y justo en ese momento pareció enterarse que jamás me había visto o que nunca nos habíamos cruzado. Me saludó como si me conociese de toda la vida. Reconozco que soy un desvergonzado para saludar.

UNA VEZ llegué tan pronto a un partido al Camp Nou… eran las semifinales del 2006: Barcelona-Milan. Vestido con saco y corbata, como para relatar un partido de Champions. Eran como las 5:00 p.m. más o menos y el juego iniciaba a las 8:45 p.m., imaginate. Empecé a caminar por todo el estadio sin que nadie me dijera absolutamente nada. Portaba la credencial pero ninguno de los accesos que la misma tenía me habría permitido ir a los lugares por donde anduve. Llegó un momento donde la gente empezó a verme ya como parte del evento mismo, del equipo de trabajo. Andaba por un pasillo cuando dando la vuelta justo para chocarse contra mí estaba el utilero del Milan. En italiano me preguntó por las llaves del vestuario ¡un momento!, le dije. Me fui a buscar a otro señor quien tenía la pinta de que tenía que hacer algo allí, en el estadio, y le dije que necesitaba las llaves del camerino visitante. Tomó un manojo que tenía quizás decenas y me dio exactamente la que necesitaba para abrir dicho sitio. Fui, metí la llave en el cerrojo, le di la vuelta y lo abrí, yo no podía creer lo que estaba haciendo y empezó a entrar entonces la gente del Milan. Me quedé como guardando la puerta un rato mientras veía cómo entraban los utileros del rossonero y me fui. Me dije ¿y aquí qué más puedo hacer? no les puedo pedir una camiseta (risas) porque no tengo a dónde meterla. Entregué las llaves a quien tenía que hacerlo y dije ya está, no puedo hacer nada más. Me van a regañar si persisto con algo más y me voy a meter en problemas.

DE ESAS CHARLAS me gusta para recoger cosas por ahí, quizás más del ambiente que de otra cosa. Una vez me pasó con los utileros de la Juventus, me puse a platicar con ellos y resultó que todos eran hinchas del Torino. Un día antes por suerte había ido al museo del Torino y entonces nos quedamos sentados platicando. Todos encima de los baúles donde acarrean las equipaciones. Charlé con ellos y les dije que me parecía lindo que fueran hinchas del Torino trabajando para la Juventus. Jamás hubiese creído que le iban al eterno rival de la ciudad.

NO ME PASÓ en Champions, pero sí en Euro. Me crucé varias veces a Jens Lehmann y cuando fue la tercera dije, bueno ya está, un saludo al menos teníamos que hacer. Pero nada. Él era bastante pesado pero era por su personalidad, según me contaron. No recuerdo que ninguno me haya dejado con el recuerdo de algún momento amargo. Lehmann quizás fue lo más cercano a eso. Pero se les respeta a todos cómo se manejan. En la zona mixta los jugadores mismos rechazan varias entrevistas. Uno aprende a convivir con eso y comprende.

LOS GOLES para definir partidos terminan por dejarme pensando si no me convertí más en un gritón que en relator. Pero es que la emoción te termina dejando en un lugar en el que no te imaginás estar. Hasta te llega a sorprender. El gol de Iniesta al Chelsea en 2009 llegó cuando el Barcelona ni siquiera iba al arco de Cech a disparar. No es que se venía dando ni que lo estaba buscando (el gol). Lo mismo me pasó con Sergio Ramos en la final de Lisboa. El Madrid no es que tuviese una clara previa a esa como para romper el arco de Courtois. Caen momentos en donde no te lo esperás y se te olvida que tenés un micrófono que no necesita un nivel de grito así; con todo. En ese momento se vive lo más importante y querés dejarle en su justa medida la emoción. Un día en el que sí temí que se fuera a romper el ritmo de la transmisión fue sobre el cierre de la Champions League 2009 en Roma, porque ahí sí me estaba despidiendo y no tenía nada escrito. Surgió tanto y con tanta emoción que al final se me cortó la voz porque estaba a punto de soltar lágrimas. Ya era el último partido de esa temporada y era también el último de un ciclo de derechos (de televisión) que finalizaba para ESPN en dicho año.

ESA FUE la primera vez que vi cómo los derechos se iban a otro canal y pues nunca me había tocado eso. Pero los ciclos se repiten y regresan. Así como lo es en la actualidad, el caso, ya volveré para poder relatar la Champions League como en otras temporadas. A ver si se da. Y si no, pues la he pasado muy bien en la competencia. Me encantaría seguir narrando más la competencia en mi carrera. Pero si no pasa yo me siento muy bien por lo que he disfrutado.

YO CREO que sí le debo un montón a la Champions. Creo que ningún partido de UCL me dejó tranquilo como para creer que hice el mejor relato posible. En ese sentido, pero también para el fútbol en general, creo que al fútbol mismo le debo un montón, muchísmo más de lo que el fútbol me debe a mí. La verdad el fútbol no me debe absolutamente nada. Me dio mucho más de lo que esperaba y yo le tengo que entregar todavía más. El relato perfecto no existe, pero vaya que sí lo estoy buscando y el día que lo encuentre, bueno ya está.

EN UNA Eliminatoria Mundialista en el Azteca, que la relaté casi completa, México sufrió para llegar a Brasil 2014. Entonces cada juego fue un drama. Lo quiero decir en el buen sentido y que se entienda, es que fui un afortunado por vivir ese proceso ya que regularmente México no tiene ese tipo de problemas previo al mundial. Se dio una situación atípica y había que transitarla. Historias desde adentro que te contaban jugadores, dirigentes… le llegué a tomar un cariño importante a ese grupo porque con ellos terminé relatando una Copa del Mundo también.

PARA UN PARTIDO contra Honduras en el Azteca México iba a los tumbos. Históricamente  el “Tri” está acostumbrado a no sufrir de local. Pero había empatado con Jamaica, contra Costa Rica y jugó contra Honduras. ¡Carlos Costly!… a ver. En la posición en la que yo estaba, bueno, quiero subrayar que el Azteca está diseñado para una sola posición de comentarista como en casi todos los estadios. Adecuan otro sector de los graderíos para que se pueda transmitir otra versión de la misma señal con otros patrocinadores y demás. A nosotros nos ubicaron del lado opuesto en donde se localizaba la transmisión local. Tribuna frente a los bancos de suplentes. En un sector acordonado pero en medio de la afición mexicana. Estuve en un pupitre adecuado para relatar. Estadio lleno. Al lado mío tenía aficionados y platicaba con ellos para “amigarme”. La transmisión siendo en inglés, bueno, no quiero creer que no le entendían pero seguro no le prestaban mucha atención. Termina cayendo el gol de Costly y mi reacción fue de pararme en el gol para gritarlo y apoyarme sobre la mesa del pupitre. La persona a quien tenía al lado se me quedó viendo y dije, bueno, mejor me siento porque esto puede terminar mal. No tendría que haber gritado el gol en la manera en la que lo hice, me parece. Curiosamente me tocó justo con la misma persona en otro partido de local con México que fue contra Panamá. Ese juego terminó con un gol de chilena de Raúl Jiménez y el Azteca estaba a reventar. Había más de 90,000 personas. Joel Aguilar Chicas fue el árbitro de ese partido y la misma persona quien me hizo sentarme por el gol de Costly contra México me tomó el brazo pensando que yo me iba a caer relatando el gol de Jiménez. Luego me miró como si me fuese a abrazar pero yo le insinué que no lo hiciera porque yo estaba trabajando (risas). Pero esas son las volteretas de la profesión. Si alguna vez gritás un gol con mucha emoción contra el equipo de un sector de los aficionados, pues, lo más seguro es que esas personas creerán que sos contrario a ellos. Pero solo somos relatores quienes llegan a narrar emociones a distintos lugares.

TRABAJANDO dentro del Azteca una vez nos cayeron cosas. La gente no alcanzaba a llegar y derramaban cerca de nuestra posición de comentaristas. Estábamos cubiertos por la “techumbre” del estadio y tiraban lo que parecía cerveza pero por experiencia sabía que no lo era. Llevábamos sombrillas, cielo despejado, sin ninguna gota. Sin embargo, nosotros ahí estábamos con sombrillas para protegernos. Fuimos salpicados un poco. Claro que sí, son cosas que pasan.

ALGUNA vez nos pidieron que llegáramos más temprano al Camp Nou por la tensión política que había. Cuando entramos se escuchaba afuera los gritos de protesta y alguna bomba de estruendo y demás. Bengalas o algo que ya me hiciera preocupar tuvieron lugar en una Eurocopa. Creo que fue España-Croacia (2016) unos croatas metieron bengalas cubiertas en unos panes de hotdog. Las tiraron y esto fue -en tiempo- cerca de aquellos famosos atentados terroristas en París. Había una tensión importante. La seguridad estaba en alerta máxima y no sabía qué podía pasar. Ahí mismo también en el Stade de France nos evacuaron porque había un objeto extraño que se debía explotar de forma controlada para evitar que pasara a mayores, o que fuera otra cosa. No sé qué terminó siendo… el bolso de un periodista, no lo recuerdo, cosas que ahora lastimosamente se han vuelto más recurrentes (la inseguridad).

ME PASÓ también en una Eurocopa ( sobre preparación fonética) la primera que la relaté. Jugaba Grecia y estaban de centrales Sokratis Papastathopoulos y Kyriakos Papadopoulos, fue un reto. Otro que se ha convertido en una consigna para mí, bien pronunciado, es el de “Serdan Satsiri”, el futbolista suizo pero de origen albanés. Una vez en una Supercopa, en Praga, le hicieron una pregunta a Guardiola (cuando estaba en el Bayern) sobre las posibilidades de “Satsiri” para jugar ese partido. Eso me pareció, o cualquier otra pregunta, más o menos por ese lado. Pep mismo se sorprendió cuando el periodista había pronunciado correctamente el apellido de su propio jugador. Al final de la conferencia de prensa me le acerqué al colega para que me corrigiera y me dijera cómo lo había dicho. Me dio a entender que la pronunciación de la “Q” en Albania suena como “TS”. Entonces a partir de ahí cualquier albanés o de dicho origen ya sé que fonéticamente va “TS”. Una vez lo interrogué a “Satsiri” porque hay quienes me han cuestionado, interrogado y hasta reclamado porque soy demasiado soberbio y porque intento cambiarle el apellido a un futbolista que en Inglaterrra le llaman: “Shakiri”. Pues una vez me lo cruzo a él en un pasillo de un estadio en Nueva York, creo que el de los Gigantes. ¡Y la cara del suizo…! pensó que yo iba a robarle algo y se puso pálido. Cuando me le acerco hice la presentación de quién era yo, en 20 segundos, Fernando Palomo de ESPN, etc, etc, quiero que me digas cómo pronuncias tu apellido, yo te llamo Serdan Satsiri ¿es correcto? y me dijo “sí, es correcto”. A partir de ese día manifesté que tengo la aprobación del jugador y ya puedo ir hacia adelante. Pero a mí lo de los nombres no digo que se me dé bien pero vengo preparándome con los trabalenguas de los nombres, del Este de Europa por ejemplo. Desde hace mucho tiempo no solo investigaba porque seguía el fútbol sino también por el atletismo. Hay muchos del Este quienes surgen en Juegos Olímpicos o Mundiales y me ayudaron a pronunciar bien sus apellidos desde hace mucho. Los que más me cuestan son los belgas o neerlandeses. Esos me generan alguna que otra complicación cuando los traslado al juego, al FIFA (videojuego). Ahí me aparecen apellidos de todos lados. Creo la principal fuente de la correcta pronunciación fonética pasa por el FIFA. Tengo esa responsabilidad.

POR LAS COBERTURAS que a Champions conciernen me hubiese gustado cubrir un partido en Anfield. Me habría encantado, pero no se dio. Hay muchos otros a donde por supuesto me sería grato ir, pero a ese me fascinaría para ir a relatar un partido. Es el primero de la lista y ya llegará su momento. Creo que estamos jóvenes todavía para lograrlo (risas).

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