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La producción de granos básicos continúa siendo clave para el abastecimiento alimentario y la estabilidad económica del país.

El agro salvadoreño enfrenta el reto de producir más con menos recursos en 2026-2027

El sector agrícola proyecta mayor producción de granos básicos, aunque persisten riesgos por clima, costos elevados y déficit alimentario.

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Por Evelyn Alas
Publicado el 12 de mayo de 2026

 

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Las proyecciones del ciclo agrícola 2026-2027 anticipan una leve recuperación en la producción nacional de granos básicos, principalmente maíz, frijol y sorgo. Sin embargo, los datos también reflejan que el país continuará enfrentando un déficit entre consumo y producción, lo que mantendrá la necesidad de importaciones para abastecer el mercado interno. El sector agropecuario además enfrenta desafíos relacionados con altos costos de insumos, acceso limitado a financiamiento y riesgos climáticos que afectan el rendimiento de las cosechas. Productores consideran necesario fortalecer la inversión en riego, asistencia técnica y modernización agrícola para mejorar la productividad y garantizar seguridad alimentaria.

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El inicio del ciclo agrícola 2026-2027 coloca nuevamente al sector agropecuario salvadoreño frente a uno de sus mayores desafíos: aumentar la producción nacional de alimentos en medio de costos elevados, fenómenos climáticos cada vez más severos y un déficit histórico entre lo que consume el país y lo que logra producir.

Las proyecciones divulgadas por la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) reflejan que, aunque se espera una recuperación moderada en la producción de cereales, El Salvador continuará dependiendo parcialmente de importaciones para cubrir la demanda interna de granos básicos.

La importancia de estas cifras no solo radica en el comportamiento del agro. También tienen efectos directos sobre la economía familiar, el precio de los alimentos, el empleo rural y la estabilidad del abastecimiento nacional.

Las proyecciones agrícolas para 2026-2027

Según las estimaciones de CAMPO, la producción nacional de cereales podría alcanzar los 20.6 millones de quintales durante el ciclo agrícola 2026-2027. El maíz seguirá siendo el cultivo con mayor peso dentro de la producción nacional, con una proyección de casi 16 millones de quintales.

Las estimaciones detallan la siguiente producción esperada:

  • Maíz: 15.96 millones de quintales.
  • Sorgo: 2.24 millones de quintales.
  • Frijol: 1.95 millones de quintales.
  • Arroz: 450 mil quintales.

Aunque las cifras representan un volumen importante para el abastecimiento nacional, los datos muestran que todavía existiría un déficit total cercano a 4.4 millones de quintales frente al consumo estimado del país para 2027.

En términos simples, esto significa que la producción local no alcanzaría para cubrir completamente la demanda de alimentos básicos de la población, especialmente en maíz, sorgo y arroz.

¿Qué significa este déficit para la economía?

Cuando un país produce menos alimentos de los que consume, generalmente necesita importar parte de esos productos. Eso implica varios efectos económicos.

El primero es la presión sobre los precios. Si las cosechas locales son insuficientes o enfrentan problemas climáticos, el mercado depende más de las compras internacionales. Cuando los precios mundiales suben o existen dificultades logísticas, esos incrementos suelen trasladarse al consumidor.

El segundo impacto se relaciona con la inflación alimentaria. Productos como tortillas, harina, frijoles y concentrados dependen directamente de la disponibilidad de granos básicos. Una reducción en la oferta puede traducirse en mayores costos para las familias.

Además, el agro continúa siendo una fuente importante de empleo rural. Una producción limitada afecta ingresos de pequeños productores, trabajadores temporales, comerciantes y cadenas de transporte vinculadas al sector.

CAMPO advierte que los fenómenos climáticos y la dependencia alimentaria representan riesgos para la seguridad alimentaria nacional, especialmente en países importadores de alimentos como El Salvador.

Productores agrícolas enfrentan el desafío de mantener las cosechas en medio de costos elevados y riesgos climáticos.
Productores agrícolas enfrentan el desafío de mantener las cosechas en medio de costos elevados y riesgos climáticos. / Foto archivo.

Una inversión millonaria con rentabilidad limitada

El documento también revela que los productores invertirían aproximadamente 682.7 millones de dólares durante el ciclo agrícola 2026-2027.

La mayor inversión se concentraría en el maíz, con cerca de 494 millones de dólares, seguido del frijol con 120.9 millones y el sorgo con 60.8 millones.

Sin embargo, uno de los principales problemas señalados por los productores es que los costos continúan aumentando más rápido que la rentabilidad. El informe identifica como causas de la baja rentabilidad:

  • Altos costos de insumos.
  • Tasas de interés elevadas.
  • Bajos precios de venta.
  • Escasa diversificación.
  • Falta de valor agregado.
  • Planificación inadecuada.

En otras palabras, muchos agricultores invierten más dinero para producir, pero no necesariamente obtienen mayores ganancias al vender sus cosechas.

El clima sigue siendo el mayor factor de riesgo

El informe coloca al déficit hídrico y a los fenómenos climáticos entre las principales causas de la baja producción agrícola.

Esto tiene una explicación económica importante. Cuando las lluvias son irregulares o las sequías se prolongan, los productores enfrentan pérdidas parciales o totales. Eso provoca menos oferta en el mercado y mayores costos para recuperar la inversión.

Además, los cambios climáticos dificultan la planificación de las siembras. El calendario agrícola tradicional ya no ofrece la misma certeza que hace algunos años, obligando a muchos agricultores a retrasar cultivos o reducir áreas sembradas.

El documento también señala problemas como erosión del suelo, baja fertilización y uso de variedades poco adecuadas, factores que limitan el rendimiento por manzana cultivada.

¿Qué medidas podrían ayudar al sector?

Especialistas del sector consideran que el fortalecimiento agrícola requiere medidas enfocadas en productividad y sostenibilidad más que en soluciones temporales.

Entre las principales acciones que podrían contribuir al crecimiento del agro destacan:

1. Inversión en sistemas de riego
Reducir la dependencia exclusiva de las lluvias permitiría estabilizar parte de la producción y disminuir pérdidas por sequía.

2. Acceso a financiamiento más accesible
Las tasas de interés elevadas limitan la capacidad de inversión de pequeños productores. Créditos con mejores condiciones podrían facilitar modernización y tecnificación.

3. Mejoramiento de semillas y asistencia técnica
El uso de variedades adaptadas al clima y programas de capacitación puede elevar los rendimientos agrícolas.

4. Diversificación productiva
Depender únicamente de granos básicos aumenta el riesgo económico. Incorporar otros cultivos puede mejorar ingresos y reducir vulnerabilidad.

5. Desarrollo de cadenas de valor
Procesar productos agrícolas y generar valor agregado puede incrementar la rentabilidad del productor.

Lo que se espera para los próximos meses

Las perspectivas para el ciclo agrícola dependerán en gran medida del comportamiento climático entre mayo y septiembre, especialmente durante la etapa de siembra de primera y postrera.

Si las condiciones climáticas son favorables, el país podría acercarse a las metas proyectadas y reducir parcialmente el déficit alimentario. No obstante, cualquier alteración significativa en las lluvias podría afectar nuevamente la producción.

El agro salvadoreño enfrenta actualmente un escenario complejo: producir más alimentos con costos elevados, recursos limitados y mayor presión climática. Aun así, el sector continúa siendo estratégico para la economía nacional, tanto por su aporte al abastecimiento como por su impacto en miles de familias rurales.

Las proyecciones de CAMPO muestran que el país mantiene capacidad productiva, pero también dejan claro que la sostenibilidad del agro dependerá de decisiones orientadas a mejorar productividad, resiliencia climática y rentabilidad para los productores.

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