FOTOS: El ocaso de los cines de antaño en el corazón de San Salvador
En la actualidad estos lugares se encuentran cerrados, abandonados o albergan otros negocios que no tienen que ver con sus orígenes.
Por
Miguel Lemus
Publicado el 21 de febrero de 2026
Desde el esplendor de los años 60 y 70 hasta su declive a finales de los 90, los cines emblemáticos de San Salvador —como el México, Darío, Avenida, Grand Majestic, Universal, Apolo y Metro— marcaron la vida urbana de generaciones. La llegada de los centros comerciales, el auge del video en casa y los cambios demográficos transformaron el panorama. Algunos inmuebles fueron reconvertidos en ferreterías o iglesias, otros demolidos o utilizados como bodegas. Sin embargo, entre ruinas y reconversiones, persiste la memoria de una capital que alguna vez se reunió frente a la pantalla grande.
Hubo un tiempo en que el corazón de San Salvador no solo latía al ritmo del comercio, sino también al compás de los proyectores de 35 milímetros. Durante décadas, las salas de cine fueron el pilar cultural de la vida urbana, atrayendo a miles de familias de los barrios aledaños en una época dorada que se extendió hasta finales de los años 90. Sin embargo, la llegada de los centros comerciales con salas múltiples, el auge del video en casa y los cambios demográficos dictaron una sentencia de muerte para estos gigantes arquitectónicos.
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Hoy, el paisaje es desolador para los nostálgicos. Aquellos edificios imponentes se han convertido en bodegas, refugios para indigentes, iglesias evangélicas o, en el peor de los casos, han sido demolidos para servir como simples parqueos.
Templos de plástico y versos perdidos
Uno de los casos más drásticos es el del Cine México. Ubicado en la primera avenida sur, este recinto fue el hogar del cine mexicano desde los años 70 hasta el 2002. Con una capacidad para más de mil personas, su sala hoy no alberga espectadores, sino cerros de bolsas plásticas, mientras su rótulo exterior languidece hasta casi desaparecer.
Cerca de allí, el Cine Darío evoca una elegancia perdida.


En los años 60 y 70, este cine era un referente para las clases acomodadas y se distinguía por exhibir versos de Rubén Darío en sus instalaciones. Tras cerrar en 1976, el inmueble perdió su brillo y hoy apenas es un vestigio de una zona que cayó en el abandono. Similar destino sufrió el Cine Avenida, que tras una inauguración de gala en 1967 con la presencia del presidente Fidel Sánchez Hernández, terminó ocupado por puestos de zapatería y comercios informales.
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De la ferretería a la fe
La reconversión comercial ha sido la única vía de supervivencia para algunos. El Grand Majestic, cuya fachada todavía conserva su nombre en letras estilizadas, funciona hoy como una sucursal de una ferretería. El Cine Universal, que en su día fue símbolo de modernidad y punto de encuentro para círculos literarios, sufrió una degradación hacia el cine pornográfico antes de su cierre definitivo; actualmente busca una nueva identidad como espacio cultural.

No obstante, el fenómeno más llamativo es la ocupación religiosa. El Cine Apolo, un baluarte del Art Déco sobre la segunda avenida sur, ha sido acondicionado para la Iglesia Universal del Reino de Dios. Donde antes se proyectaban estrenos, hoy se congregan hasta mil personas para servicios religiosos, compartiendo el espacio exterior con ventas de verduras y barberías.

¿Un nuevo amanecer?
A pesar del abandono generalizado, hay destellos de esperanza. En el lugar donde se erigía el Cine Metro, frente al parque Libertad, se construye actualmente un complejo comercial que incluirá un centro de formación en artes y espacios para la proyección audiovisual. Según fuentes gubernamentales, este proyecto busca rescatar el fomento del séptimo arte en el país.

El recorrido por estos antiguos cines es un viaje por la memoria de una ciudad que se transforma sin tregua. Aunque las pantallas se hayan apagado, los muros de estos edificios siguen custodiando las historias de una capital que alguna vez soñó en blanco y negro y a color.
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