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Los platillos de States Diner combinaban comida estilo norteamericano con un modelo de negocio social enfocado en la formación laboral de jóvenes en riesgo.

States Diner cierra tras 11 años de empleo y formación para jóvenes vulnerables

Más que un restaurante, States Diner fue un proyecto social que durante 11 años ofreció empleo y formación a jóvenes en riesgo en El Salvador.

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Por Evelyn Alas
Publicado el 11 de febrero de 2026

 

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Durante más de una década, States Diner operó en San Salvador como un restaurante-escuela que combinó gastronomía y compromiso social. El proyecto brindó oportunidades laborales a jóvenes que salían de orfanatos, centros de acogida y programas estatales, muchos sin educación secundaria ni posibilidades de acceder a un empleo formal. A través de sus restaurantes, panadería y cafeterías, el modelo apostó por la capacitación, la disciplina laboral y la dignidad del trabajo. Aunque cerró por dificultades financieras, su impacto permanece en las vidas de cientos de jóvenes que encontraron en el empleo una salida a la exclusión y la calle.

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Durante más de una década, States Diner fue mucho más que un restaurante de estilo norteamericano en San Salvador. Detrás de sus hamburguesas, pan artesanal y cafeterías, funcionó un modelo de negocio social que ofreció empleo, formación y dignidad a jóvenes que, al cumplir la mayoría de edad, quedaban expuestos a la calle, la exclusión y la falta de oportunidades.

Fundado en 2014 por la Fundación Sus Hijos, States Diner nació como un restaurante-escuela con una misión clara: brindar una oportunidad laboral real a jóvenes provenientes de orfanatos, centros de acogida, prisiones juveniles y programas educativos públicos y privados. En un país donde el acceso al empleo formal suele estar condicionado por la educación secundaria completa, el proyecto apostó por formar desde cero a quienes no cumplían con esos requisitos, pero sí tenían disposición para aprender y salir adelante.

Ubicado inicialmente en Paseo General Escalón, el restaurante recreaba la estética de los diners estadounidenses de los años 60: ambiente familiar, menú sencillo, sin televisores, sin wifi y sin alcohol. La experiencia buscaba que el foco estuviera en la comida y en las personas. Sin embargo, el verdadero valor del proyecto no estaba solo en su concepto gastronómico, sino en lo que ocurría puertas adentro.

Un modelo que combinó negocio y propósito

El programa de la escuela culinaria de States Diner ofrecía a jóvenes adultos un empleo de dos años, estructurado en torno a valores como la confianza, la responsabilidad y la lealtad. Los participantes podían rotar por distintas áreas: cocina, atención al cliente, limpieza y apoyo general. Muchos iniciaban realizando tareas básicas, como lavar platos o recibir clientes en la puerta, para luego avanzar hacia funciones con mayor responsabilidad.

El restaurante elaboraba su propio pan y menú artesanal como parte del aprendizaje práctico que recibían los jóvenes dentro del programa culinario.
El restaurante elaboraba su propio pan y menú artesanal como parte del aprendizaje práctico que recibían los jóvenes dentro del programa culinario. / Foto cortesía State Diner.

Para la mayoría, States Diner fue su primer empleo formal. También, su primera entrevista de trabajo. El equipo del programa no solo capacitaba en habilidades técnicas, sino también en aspectos esenciales para la vida laboral: puntualidad, presentación personal, higiene, trato al cliente y trabajo en equipo. Tras un período de prueba de 30 días, los jóvenes podían incorporarse como empleados de tiempo completo.

En un contexto donde al cumplir 18 años los jóvenes salen automáticamente de los orfanatos estatales, sin garantía de vivienda ni empleo, el programa se convirtió en un puente entre la institucionalización y la vida adulta. De no existir este tipo de iniciativas, muchos quedarían en alto riesgo de vivir en situación de calle, involucrarse en grupos delictivos, consumo de sustancias ilícitas entre otros.

Expansión y sostenibilidad

Con el paso de los años, el proyecto creció. En 2017 nació States Bakes, inicialmente como un pequeño espacio dentro del restaurante para producir pan artesanal y postres. Pronto, la panadería comenzó a abastecer no solo al diner, sino también a otros restaurantes locales que conocían la misión del proyecto y decidieron apoyar comprando sus productos.

En 2019, el modelo se amplió con la apertura de dos locales de States Diner Café en el Parque Cuscatlán, gracias al apoyo de USAID, la Embajada de Estados Unidos en El Salvador y la Fundación Howard G. Buffett. Tras la remodelación del parque, estos puestos se convirtieron en una fuente clave de ingresos para la sostenibilidad del programa, permitiendo la contratación de entre ocho y diez jóvenes adicionales.

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Un año después, en 2020, States Diner se trasladó a un edificio más grande y visible, con mejores condiciones eléctricas, mayor capacidad y una cámara frigorífica. Aunque la panadería no pudo mudarse por falta de espacio, esta limitación dio lugar a una nueva etapa: States Bakes obtuvo su propia sede, con mayor capacidad operativa y espacio administrativo para la fundación.

Ese mismo año, una subvención inesperada de la embajada alemana permitió abrir States Diner Station, un pequeño local al otro lado de la ciudad, enfocado en comida para llevar y ubicado cerca de oficinas y embajadas. Este quinto punto de operación generó empleo para 12 jóvenes más, aunque cerró dos años después por falta de clientela.

El cierre de un proyecto que cambió vidas

A finales de 2025, la fundación anunció una de las decisiones más difíciles de su historia: el cierre definitivo de The State’s Diner. El motivo no fue la falta de impacto, sino la falta de recursos financieros para sostener el proyecto en su ubicación actual.

El aumento constante de los costos de operación —electricidad, agua, alimentos, impuestos y mano de obra— sumado a facturas impagas y fondos prestados, hizo inviable continuar sin el respaldo de donaciones suficientes. A esto se añadió la obligación legal de cubrir indemnizaciones laborales, un compromiso que la organización asumió con responsabilidad y transparencia.

El cierre significó también la despedida de una comunidad construida durante 11 años: eventos familiares, exhibiciones de autos, el Árbol del Ángel y relaciones que trascendieron lo laboral para convertirse en vínculos de apoyo y pertenencia.

La fachada de States Diner en San Salvador, restaurante-escuela que durante 11 años ofreció empleo y capacitación a jóvenes provenientes de orfanatos y centros de acogida.
La fachada de States Diner en San Salvador, restaurante-escuela que durante 11 años ofreció empleo y capacitación a jóvenes provenientes de orfanatos y centros de acogida. / Foto cortesía State Diner.

Un legado que trasciende el negocio

Aunque States Diner bajó sus cortinas, su legado permanece. Cientos de jóvenes pasaron por su programa, obtuvieron un diploma de escuela culinaria, referencias laborales y, sobre todo, una oportunidad de empezar de nuevo. Muchos hoy trabajan en restaurantes, negocios y empresas donde continúan aplicando lo aprendido.

El proyecto demuestra que los negocios con propósito no solo son posibles, sino necesarios en contextos donde la exclusión social empuja a miles de jóvenes hacia la calle. También deja una lección clara para emprendedores e inversionistas: cuando el impacto social se integra al modelo de negocio, el resultado va más allá de las ganancias económicas.

States Diner fue, durante más de una década, una mesa servida con dignidad, una puerta abierta al empleo y una prueba de que el trabajo puede ser una herramienta poderosa para transformar vidas. Su historia queda como inspiración para quienes creen que incluso en medio de las dificultades, vale la pena invertir en las personas.

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