VIDEO | La capilla y el jardín del Hospital Rosales, dos momentos de su historia cultural
Más allá de la atención médica, el Hospital Rosales conserva una capilla histórica y un jardín reciente que revelan distintas etapas de su patrimonio cultural.
¿Qué historias guarda el Hospital Rosales más allá de sus salas y pasillos? En el corazón de San Salvador, este emblemático complejo conserva espacios cargados de valor cultural y patrimonial, como su capilla histórica y un jardín reciente, que hoy dialogan entre distintas etapas de la vida del hospital. La capilla del Hospital Rosales forma parte del diseño original del conjunto inaugurado en 1902.
Desde sus inicios fue concebida como un componente esencial del hospital, un espacio simbólico y espiritual destinado a pacientes, personal médico y visitantes. Su presencia refuerza el carácter cultural del complejo, donde la arquitectura y las prácticas sociales de la época se integraban a la vida cotidiana.
A nivel constructivo, la capilla destaca por su estructura metálica prefabricada importada desde Bélgica, una técnica innovadora para su tiempo. Su diseño incorpora rasgos del estilo neogótico, visibles en los arcos ojivales y en sus elementos decorativos, lo que evidencia el cuidado estético con el que fue concebida. Estas características la convierten en una pieza singular del patrimonio cultural salvadoreño.
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El jardín del Hospital Rosales corresponde a una etapa más reciente de la historia del complejo. Surge en una zona patrimonial, frente a la antigua capilla, tras la demolición de una sección histórica de pabellones de lámina importada. Su aparición marca un cambio en la configuración del espacio y en la forma de ocupar un área que durante décadas estuvo definida por la arquitectura hospitalaria.
La capilla y el jardín representan dos momentos distintos de la historia cultural del Hospital Rosales. Mientras la capilla remite a los valores simbólicos y arquitectónicos de inicios del siglo XX, el jardín refleja una intervención contemporánea que transforma el entorno y plantea nuevas preguntas sobre cómo se conserva y se resignifica la memoria histórica en El Salvador.
