Cerro de las Pavas: fe y devoción por la Virgen de Fátima en El Salvador
Desde 1949, el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en el Cerro de las Pavas se ha convertido en uno de los principales centros de peregrinación, oración y encuentro espiritual en El Salvador. Aquí te contamos su historia
Por
Roberto Montano
Publicado el 23 de enero de 2026
El Santuario de Nuestra Señora de Fátima, ubicado en el Cerro de las Pavas en Cojutepeque, es uno de los espacios religiosos más emblemáticos de El Salvador. Su historia se remonta a 1949, cuando una imagen de la Virgen de Fátima, destinada a América Latina, llegó al país tras ganar tres sorteos consecutivos en un congreso internacional de la Iglesia. Desde entonces, el lugar se convirtió en centro de peregrinación nacional e internacional. Tras los terremotos de 2001, el santuario fue reconstruido con una nueva imagen proveniente de España. Cada año se celebran romerías en mayo y noviembre, congregando a miles de fieles que buscan paz, fe y reflexión espiritual.
En lo alto del Cerro de las Pavas, en Cojutepeque, se levanta uno de los espacios religiosos más emblemáticos de El Salvador: el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, un lugar que combina historia, fe y naturaleza, y que desde hace más de siete décadas recibe a miles de peregrinos nacionales y extranjeros.
Iris Bolaños, administradora del santuario y miembro de la parroquia San José de Cojutepeque, explica que el origen del sitio se remonta a 1949, en el marco de un congreso internacional de la Iglesia católica, realizado en Portugal, donde se decidió donar imágenes de la Virgen de Fátima a distintos países del mundo. Una de esas imágenes estaba destinada a América Latina, pero el país que la recibiría debía definirse mediante un sorteo entre las naciones participantes.
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Según la tradición que se conserva en la Iglesia, El Salvador resultó ganador en el primer sorteo. Sin embargo, debido al reducido tamaño territorial del país, algunos delegados cuestionaron la decisión y se realizó un segundo sorteo, que nuevamente favoreció a El Salvador. Ante las dudas persistentes, se efectuó un tercer sorteo, en el que por tercera vez resultó ganador el país, lo que fue interpretado como un acto providencial.
La imagen llegó oficialmente a El Salvador bajo la responsabilidad de las autoridades eclesiales de la época, encabezadas por monseñor Luis Chávez y González. Posteriormente, se realizó una nueva rifa para definir en qué departamento permanecería la imagen, siendo el departamento de Cuscatlán el elegido. Tras diversas gestiones con el Ministerio de Turismo, se seleccionó el Cerro de las Pavas como el sitio ideal, por sus similitudes naturales con el lugar de las apariciones en Fátima, Portugal.

El 25 de noviembre de 1949, la imagen fue trasladada a Cojutepeque y recibida inicialmente en la parroquia San Sebastián. Desde ahí, fue llevada en solemne procesión hasta el Cerro de las Pavas, donde se entronizó en una gruta de piedra, construida especialmente para albergarla. Con el paso del tiempo, el espacio fue evolucionando estructuralmente para atender la creciente afluencia de fieles.
Durante varias décadas, la administración pastoral del santuario dependió de la parroquia San Sebastián. No fue sino hasta el 1 de noviembre de 2009 cuando se creó oficialmente la parroquia San José de Cojutepeque, designándose un párroco exclusivo para el santuario. Actualmente, la administración pastoral está a cargo del presbítero Ernesto Bernabé Juárez Sánchez, bajo la jurisdicción del arzobispo José Luis Escobar Alas.
Uno de los momentos más difíciles en la historia del santuario ocurrió tras los terremotos de 2001, cuando la gruta original colapsó y la imagen sufrió daños irreparables. Durante varios años no hubo imagen en el lugar, hasta que entre 2004 y 2005 se gestionó la llegada de una nueva imagen, procedente de España. Con ello, también se construyó la actual estructura en forma de domo, que sustituyó a la antigua gruta y se convirtió en el nuevo símbolo arquitectónico del santuario.

En el ámbito religioso, el santuario celebra dos romerías principales cada año. La primera se realiza del 5 al 13 de mayo, en conmemoración de las apariciones de la Virgen de Fátima en Portugal, siendo la fecha más concurrida y de carácter internacional. La segunda romería se desarrolla del 17 al 25 de noviembre, recordando la entronización de la imagen en el Cerro de las Pavas, una celebración más local pero igualmente significativa para la comunidad.
La afluencia de visitantes varía según la época del año. Entre semana, el santuario recibe alrededor de 100 personas diarias, mientras que los fines de semana la cifra puede oscilar entre 800 y 1,000 visitantes, especialmente los domingos. Solo en la misa dominical de las 11:00 a. m. se congregan cerca de 500 fieles.
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Finalmente, desde la administración del santuario se hace una invitación abierta a visitar este espacio de recogimiento espiritual, rodeado de flora y fauna, y a cuidarlo como un patrimonio religioso y natural. “Es un lugar de paz, donde las personas pueden venir a presentar sus necesidades y encontrar tranquilidad”, concluyó Bolaños.
El Santuario de Nuestra Señora de Fátima continúa siendo, así, un punto de encuentro entre la fe, la historia y la identidad espiritual de El Salvador.
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