¡Habemus papam!
Antes de dar la bendición Urbi et Orbi, León XIV nos pidió “Ayúdennos ustedes, a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. Debemos buscar juntos ser una iglesia misionera que construya puentes y diálogo...” y luego de hablar en italiano, dirigió en correcto español, un saludo a su querida diócesis de Chiclayo.
Desde el fallecimiento del queridísimo Papa Francisco, la Iglesia Católica inició el tiempo de sede vacante, de duelo por la ausencia del Pastor, y la preparación del Cónclave para elegir al sucesor del Vicario de Cristo. Toda la Iglesia, unida en oración, pide al Espíritu Santo ilumine a quienes elegirán al que será el número 267, como sucesor de San Pedro. Gracias a los medios de comunicación, el mundo entero ha podido presenciar en vivo, el desarrollo del Cónclave.
Los 133 cardenales electores, tras la Misa votiva “Pro eligendo Papa” invocando al Espíritu Santo, inician la solemne procesión hacia la Capilla Sixtina, donde frente al simbólico fresco del Juicio Final, (donde curiosamente aparece un cardenal sepultado en el infierno y que Miguel Ángel se negara a suprimir), se lleva a cabo el solemne juramento, que de manera individual y poniendo su mano sobre las Sagradas Escrituras, cada uno pronuncia su nombre y compromiso. Y se retiran entonces todas las personas ajenas ante la frase “extra omnes” (fuera todos) para cerrar las enormes puertas de la Sixtina.
Así comienza la espera del humo negro y el humo blanco, que indicará el resultado de las votaciones, que miles de fieles, de todas edades, razas y culturas, esperan ansiosas y en oración, en la Plaza de San Pedro y ante sus televisores. Alguien llamó “pedagogía del asombro, que millones alrededor del mundo esperen una señal de humo, en lugar de un tuit, rompe toda la lógica moderna. Pero ahí está su belleza, porque el alma humana busca signos porque es capaz de asombrarse ante algo sencillo, pero sagrado. La fumata es un puente que une siglos de tradición con la sed espiritual del presente.
Cuando el Cardenal Protodiácono anuncia “Habemus Papam, el excelentísimo y reverendísimo cardenal Robert Francis Prevost Martínez”, el mundo entero estalla en júbilo, mientras las campanas de miles de iglesias reflejan la alegría por la elección de León XIV, que el Espíritu Santo ha querido que dirija la Iglesia. Nacido en Chicago, USA, pertenece a la antigua orden de San Agustín, sirvió como misionero en Perú, cuya nacionalidad ostenta, y como obispo de la Diócesis de Chiclayo, hasta que en 2023 el Papa Francisco lo nombró cardenal y lo llamó a Roma para hacerse cargo del Dicasterio de los Obispos, en la Curia Vaticana.
León XIV mantiene su mismo escudo episcopal, con un blanco lirio sobre fondo azul, signo de pureza y de la Virgen María, y un corazón herido por una lanza sobre un libro cerrado, en recuerdo del Sagrado Corazón de Jesús. Su nombre tiene un significado especial, pues fue el Papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum, sobre la doctrina social de la iglesia, la justicia social y preocupación por los pobres que el nuevo papa ha demostrado en su labor pastoral. También coincide su fecha de nombramiento, el 8 de mayo, con la misma en que el Papa León XIII en 1883, coronara a la Virgen de Luján, como patrona de Argentina.
Antes de dar la bendición Urbi et Orbi, León XIV nos pidió “Ayúdennos ustedes, a construir puentes con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. Debemos buscar juntos ser una iglesia misionera que construya puentes y diálogo...” y luego de hablar en italiano, dirigió en correcto español, un saludo a su querida diócesis de Chiclayo. ¿Un Papa estadounidense, de madre española y que habla en castellano? Un regalo del Espíritu Santo, hecho a la medida para el mundo de hoy. En palabras de Mons. Fernando Ocáriz, Prelado del Opus Dei, “En momentos como este, la fe de la Iglesia reluce con particular esplendor en la unidad de corazones y de oración por el padre común y por todos los hermanos”.
Maestra.

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