EE.UU.-China: ¿rumbo a una nueva bipolaridad internacional?
La actual rivalidad sino-estadounidense podría acelerar el desmantelamiento del sistema internacional vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, afianzado tras la Guerra Fría con la expansión de la globalización económica.
La guerra comercial iniciada por el aumento unilateral de los aranceles por parte de Estados Unidos está consolidando la emergencia de una nueva bipolaridad internacional, protagonizada por Washington y Pekín. En un giro inesperado, el expresidente Donald Trump anunció la suspensión, por 90 días, del incremento de tarifas aduaneras a productos chinos, justo después de haber decretado un aumento del 125% sobre las importaciones provenientes del gigante asiático. Este cambio drástico de postura revela una nueva realidad global que cuestiona tanto el modelo económico internacional como los mecanismos de gobernanza y defensa mundiales.
La escalada tarifaria entre Estados Unidos y China en 2025 ha intensificado las tensiones comerciales, con una serie de medidas recíprocas que reavivan el fantasma de una guerra comercial prolongada. Bajo la administración Trump, Estados Unidos adoptó una política arancelaria agresiva: desde febrero, los aranceles a productos chinos pasaron del 10% al 34%. El 2 de abril, fueron elevados al 54%, y una semana después, alcanzaron un récord del 104%. Según Trump, estas medidas buscan corregir desequilibrios, proteger la industria nacional y forzar a China a revisar prácticas comerciales consideradas desleales.
China respondió con firmeza, aplicando tarifas de entre el 10% y el 15% a productos estadounidenses estratégicos, como gas natural licuado, carbón, petróleo crudo, maquinaria agrícola y soja. El 4 de marzo, gravó con un 15% productos agrícolas como pollo, trigo y maíz. El 7 de abril, ante la amenaza de nuevos aranceles, Pekín elevó sus tarifas al 34% sobre todos los bienes estadounidenses.
En medio de la incertidumbre, Trump afirmó que más de 75 países habían solicitado abrir negociaciones comerciales, lo que motivó una tregua parcial y la reducción temporal de ciertos aranceles al 10%. ¿Cómo explicar este viraje repentino? Las bolsas internacionales llevaban días en caída libre. Las grandes tecnológicas estadounidenses, como las del grupo GAFAM, perdieron miles de millones de dólares en capitalización. El 9 de abril, índices como el Dow Jones, Nasdaq, CAC 40 (Francia), DAX (Alemania) y Nikkei (Japón) registraron caídas preocupantes.
Tras el anuncio de Trump, los mercados reaccionaron al alza. El índice tecnológico subió un 10% y el precio del petróleo, afectado por temores de recesión, repuntó. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, trató de justificar la nueva postura afirmando: "Queremos cooperar con nuestros aliados y socios comerciales que no han tomado decisiones unilaterales". En consecuencia, la Unión Europea, hasta entonces bajo la amenaza de represalias, suspendió el plan de medidas de retorsión que preparaba.
¿Se abre una nueva etapa para el comercio internacional? Nada está asegurado. Las medidas bilaterales adoptadas por Washington y Pekín podrían paralizar los intercambios entre ambas economías, afectando gravemente al comercio global. Algunos economistas señalan que, al establecer una "muralla aduanera", Estados Unidos y China podrían abrir espacio a terceros países para capitalizar la situación mediante nuevos acuerdos comerciales.
¿Estamos ante una postura negociadora temporal? Es posible. Trump aseguró que "habrá acuerdos con todos los países y con China", lo que sugiere que este pulso podría desembocar en nuevas rondas diplomáticas. No obstante, el daño ya está hecho.
La directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, advirtió sobre las consecuencias a largo plazo de esta guerra comercial: podría reducir el comercio de mercancías entre ambas potencias hasta en un 80%, y borrar alrededor del 7% del PIB mundial.
A pesar de la "pausa" otorgada por Washington a la mayoría de los países —salvo China—, el comercio global ha entrado en una nueva fase. Muchos aliados han visto debilitada su confianza en Estados Unidos. Europa ha entendido que debe fortalecer su autonomía estratégica. Mientras tanto, el "Sur Global", que aspira a un sistema más equitativo, buscará rutas comerciales alternativas, lo cual da nuevos argumentos a líderes como Trump para continuar su ofensiva proteccionista.
China anunció este viernes que subirá los aranceles a los productos de Estados Unidos a 125 %, profundizando aún más la guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo.
El gigante asiático presentó una demanda ante la OMC por los aranceles de Estados Unidos, advirtiendo que no permitirá que se le impongan condiciones desiguales en futuras negociaciones, reporta la prensa estatal.
Trump confía en lograr un acuerdo con China pero advirtió a Beijing: "No le conviene seguir tomando represalias".
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró que "cuando Estados Unidos recibe un golpe, contraataca con más fuerza".
En definitiva, la actual rivalidad sino-estadounidense podría acelerar el desmantelamiento del sistema internacional vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, afianzado tras la Guerra Fría con la expansión de la globalización económica.
Todo apunta a que nos dirigimos, inevitablemente, hacia una nueva bipolaridad internacional.
Especialista francés en relaciones internacionales / presidente de Latfran (www.latfran.org)

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