De lo “DEI” a lo “MEI”
Este nuevo enfoque empresarial, volviendo a raíces que parecían erradicadas, pone ahora en práctica la política MEI, otorgando puestos y promociones con base en méritos personales, a la excelencia en el desempeño y a la inteligencia bien aplicada de cada individuo
Actualmente vivimos lo que podemos llamar “la tiranía de lo políticamente correcto”. Palabras de significado claro y común, repentinamente se convirtieron en ofensivas, discriminatorias y “de odio”.
Esto ha llevado al colmo de que en los ámbitos “progresistas” (¿?), cediendo ante grupos de presión radicales, principalmente los LGBTI+, se prohiba el reconocer que solamente existen dos sexos, al grado que hay lugares donde no se registra el sexo masculino o femenino del recién nacido, sino que se deja en blanco para que cada uno decida el género que le apetezca cuando crezca.
Así, poco a poco, esos movimientos radicales lograron establecer una política de alcance mundial conocida como DEI (diversidad, igualdad, inclusión, por sus siglas en inglés). Es decir, obligatoriamente, debía admitirse a cualquiera, (en casos extremos, recibiéndolo con la identidad que se le antojara), en igualdad de condiciones y aunque, de ninguna manera, por sus nulas capacidades, cupiera en ese lugar. Sin embargo, esa “fiesta” DEI parece que está llegando a su fin, nada menos que liderada por el bastión de las ideas más progresistas y desafiantes: Silicon Valley.
Escribe José María Carrera Hurtado en Religión en Libertad (ReL, 06/04/2025), que allí ya comienza a ser “socialmente aceptable” el reclamar una política MEI (mérito, excelencia, inteligencia), así como hablar de Dios, llevar a la vista una cruz o un escapulario. Todo eso era antes inadmisible; incluso se bromeaba diciendo que el cristianismo era “casi ilegal”.
Elon Musk, un personaje emblema de la tecnología, declaró a Jordan Peterson: “Aunque no soy una persona particularmente religiosa, creo que las enseñanzas de Jesús son buenas y sabias… Diría que probablemente soy un cristiano cultural.”. Y este es solo uno de los muchos casos que muestran el crecimiento de la influencia cristiana en Silicon Valley. De hecho, hay grupos empresariales dedicados a encontrar qué pilares o marcos fijos e inalterables de influencia moral se deberán establecer de cara al futuro de Silicon Valley.
En este sentido, anota ReL, “una de las notas las puede aportar Luke Burgis, católico militante que ha invertido buena parte de su vida y carrera empresarial en la bahía. Impulsor de un buen número de empresas de raíz trascendente como ActivPrayer, dedicada a hacer que los deportes y el fitness realmente sirvan a la persona humana; o Inscape, ministerio que ayuda a los jóvenes a descubrir, abrazar y vivir sus vocaciones. Burgis es también articulista en el apostolado del obispo Robert Barron, Word on fire”.
Y Alex Karp, magnate y director ejecutivo de la tecnológica Palantir, declara: “Antes, el joven prodigio de veintitantos años que programaba un juego viral y abandonaba Stanford era el favorito de los inversores de capital riesgo. Ahora, si alguien llega y dice: 'Quiero mucho a mis padres, crecí yendo a la iglesia y eso es lo que me da mi ética de trabajo', los inversores dirán: '¡Dios mío, ese tipo! ¡Financiémosle! Nadie quiere alguien que esté dos semanas drogado. Se busca gente trabajadora”.
Este nuevo enfoque empresarial, volviendo a raíces que parecían erradicadas, pone ahora en práctica la política MEI, otorgando puestos y promociones con base en méritos personales, a la excelencia en el desempeño y a la inteligencia bien aplicada de cada individuo. Ya era hora. Ojalá que en nuestro país se bloquee y erradique la nefasta política DEI, cambiándola por la MEI.

CONTENIDO DE ARCHIVO: