El
Alianza sesentero
Domingos de orquesta
en San Salvador
Allá por 1960, la módica
cantidad de un colón bastó para
comprarle la categoría al 11 Municipal de
Ahuchapán y que así el Alianza
formase parte del circuito mayor del
fútbol salvadoreño. Seis
años más tarde, la afición
capitalina los endiosó por el
bicampeonato conseguido y por la cosecha de
triunfos internacionales, incluyendo el del 16
de enero de 1966, ante el Santos de Brasil. Es
llamada la época de oro del Alianza, que
sirvió para el nacimiento del mito que
ahora duerme el sueño de los
justos.
- Daniel
Herrera
- El Diario
de Hoy
Los
emplumados del Aguila y los tigrillos del FAS,
equipo mimado de la Ciudad Morena, habían
monopolizado los campeonatos del fútbol
salvadoreño desde finales de los
cincuentas hasta principios de los sesentas.
Liverpool veía como sus hijos
prodigios le daban la vuelta al mundo rompiendo
corazones e inmortalizando sus melodías,
mientras en el universo balompédico otra
banda, llena de pelones que no mascaban una jota
de inglishpitinglish rompían otras almas,
en el corazón de Sudamérica.
Brasil, con un plantel que incluía a
Pelé, Garrincha, Vavá,
Didí, Amarildo, Djalma y Nilton Santos y
al arquerazo Gilmar, conseguía el
bicampeonato mundial, emulando lo hecho por los
italianos en los treintas, pero revolucionando
la sacrosanta WM con un nuevo esquema, apodado
4-3-3.
Los organizadores de aquella Copa
también brillaron. Chile logró su
máximo triunfo en este tipo de
competencias, un tercer lugar firmado a pulso de
sangre y de disciplina. Tres años
después, uno de los implicados en la
hazaña de 'la Roja', recaló en
tierras salvadoreñas. No traía
guitarras, ni estribillos firmados por John
Lennon, pero también le apostaba a la
revolución
Hernán Carrasco Vivanco tomó la
batuta de la selección nacional, marcado
por su participación en el cuerpo
técnico del '62, a las órdenes de
Fernando Riera, sin saber que su estadía
en estas tierras sería sin billete de
retorno, y que un grupo de hombres con nada en
común más que el amor por la
pelota bien tocada, lo apoyaría para
formar un equipo de ensueño: el Alianza
sesentero.
El sueño de un Club
Dos seleccionados que pertenecían a la
nómina del Alianza, Salvador Mariona y
Francisco Zamora, le comentaron a Carrasco
Vivanco que el equipo tenía las
condiciones necesarias como para campeonizar,
mas los resultados no se les daban. Interesado
por el reto, el chileno alcanzó un
acuerdo con los directivos. El director de lo
que se convertiría en la "Orquesta Alba"
aceptó el reto.
Bajo el auspicio financiero de Enrique y
Ernesto Sol Meza y de Mauricio
Salaverría, Alianza cedió a las
peticiones del estratega: dos canchas para
realizar sus entrenos, una piscina, un gimnasio
e incluso una casa club para concentrar al
equipo antes de los partidos.
Las prácticas eran diarias, a
razón de cinco sesiones semanales. Los
jugadores tenían que albergarse todos los
días en la Casa Club, que en un principio
estuvo en la colonia Providencia para luego
establecerse en Los Planes de Renderos, debido a
la cantidad de compromisos nacionales e
internacionales.
Por otra parte, Hernán logró
crear cuatro categorías inferiores con el
propósito de hacer del Alianza un
verdadero Club de Fútbol. El chileno,
asistido por "el Baiza" Ruano y "Chepito"
Hernández, también se hizo cargo
de la preparación física de los
jugadores, del control de una dieta balanceada y
de algunas cosas que parecieran insignificantes,
pero que a la larga afectarían el
rendimiento de los futbolistas.
"El (Carrasco Vivanco) nos
enseñó a bañarnos con
chancletas para evitar llenarnos de hongos",
recordó el zaguero albo Salvador Mariona,
quien asegura que hasta en esas
pequeñeces los hizo verse grandes.
La Orquesta Blanca
La pretemporada del Alianza, de cara al
Campeonato Nacional 1966, fue de dos
sorprendentes meses, con el propósito de
ensamblar las piezas que más se ajustaban
a la idea de juego del chileno. "La virtud de
este grupo de jugadores es que se
aprendió el libreto",
señaló el técnico andino,
aunque dstacó como uno de los defectos
del grupo la ausencia de depuración
técnica, esa que irían
consiguiendo sólo con el tiempo.
Tanto Mario Monge como Salvador Mariona
coincidieron en que Carrasco Vivanco
logró conjuntar un grupo de futbolistas
que atravesaba por un buen momento en el
redodondo nacional de aquella época.
Monge aseguró que este entendimiento los
hacía que en muchas ocasiones incluso
jugaran sobrados ante algunos rivales.
En un juego ante el Saprisa de Costa Rica,
por ejemplo, recuerdan que el Alianza ganaba 4-0
cuando el chileno Hermosilla, dotado de una
calidad técnica envidiable,
comenzó a 'payasear' a los rivales. Dos
errores les costaron la misma cantidad goles, y
de paso que el partido se les complicara. Al
final, Alianza ganó 4-2.
El equipo mimado de la capital pasó a
convertirse en la Orquesta Blanca por lo
exquisito en el toque, la garra mostrada y la
mentalidad ofensiva que sus jugadores
dislumbraban en cada uno de los encuentros. Este
estilo de juego los llevó a ganar el
título de 1966.
El 10 de junio de aquel año, en el
estadio que hoy se conoce como "Juan Francisco
Barraza", en San Miguel, Alianza doblegó
al Aguila con el marcador de 2-1. De esta forma,
el trabajo de Hernán Carrasco Vivanco al
frente del equipo blanco con una 'A' en el pecho
rendía sus frutos.
La base del equipo y el cuerpo técnico
se mantuvieron para el año de 1967, lo
que les significó el bicampeonato
nacional a base de buen fútbol y
contundentes victorias. Mientras, Ernesto
Muyshondt llegó a la gerencia del
equipo.
Cruzando fronteras
Los constantes triunfos del Alianza se
sumaron a las buenas actuaciones frente a
oncenas de corte internacional. A principios de
1967 se agenciaron el Campeonato Norte,
Centroamérica y del Caribe (NORCECA),
venciendo a equipos de Costa Rica, Honduras,
México y de las islas del Caribe.
En encuentros amistosos, el triunfo
más grande fue el que consiguieron ante
el Santos de Brasil, con el marcador de 2-1, en
el Estadio Nacional "Flor Blanca". Para esa
fecha, el equipo brasileño era
considerado el mejor del mundo, ya que su carta
de presentación era Edson Arantes Do
Nascimento, conocido entre la hinchada de cinco
continentes como Pelé.
Para este juego contaron con cuatro
refuerzos: el zaguero de FAS, Ernesto "el
Príncipe" Ruano; el argentino radicado en
México Dante Juárez, y sus
compatriotas Juan Verón y Santiago, que
andaban en gira con su equipo Estudiantes de La
Plata. "En Centroamérica íbamos a
Costa Rica, Honduras o Guatemala y les ganabamos
a los equipos tradicionales", recuerda
Mariona.
Otros sendos triunfos fueron ante el
América de México (2-0), frente al
Flamengo de Brasil (3-2) y el empate a cero con
el Peñarol de Uruguay.
Una montaña rusa
"Creyeron que todo estaba hecho, y ya
podían caminar por sí solos", dijo
Hernán Carrasco Vivanco, quien fue
secundado en su opinión por Mario Monge y
Salvador Mariona. Desde su nacimiento, Alianza
buscó ganarse un lugar dentro del gusto
de los aficionados. Las temporadas de 1966 y
1967 lograron el objetivo... pero a medias.
El chileno asegura que para la temporada de
1968, la dirigencia tomó la
decisión de bajarles el sueldo a
él y a algunos jugadores. Este era el
principio del fin. Ellos consideraban que el
técnico ya les salía muy caro y
que las bases ya estaban sentadas para subsistir
solos, pues Carrasco ya había creado las
categorías menores. El técnico
renunció al equipo y con él se fue
uno que otro jugador. Luego, ellos se acuerparon
en el equipo de Atlético Marte para
coronarlo campeón por dos años
consecutivos en 1969 y 1970. Mario Monge fue
vendido a FAS y el portentoso Alianza se
desvanecía de apoco. Los dirigentes no se
imaginaron que el letargo duraría
años.