Lunes 20 de marzo


El Alianza sesentero
Domingos de orquesta en San Salvador

Allá por 1960, la módica cantidad de un colón bastó para comprarle la categoría al 11 Municipal de Ahuchapán y que así el Alianza formase parte del circuito mayor del fútbol salvadoreño. Seis años más tarde, la afición capitalina los endiosó por el bicampeonato conseguido y por la cosecha de triunfos internacionales, incluyendo el del 16 de enero de 1966, ante el Santos de Brasil. Es llamada la época de oro del Alianza, que sirvió para el nacimiento del mito que ahora duerme el sueño de los justos.

Daniel Herrera
El Diario de Hoy

Los emplumados del Aguila y los tigrillos del FAS, equipo mimado de la Ciudad Morena, habían monopolizado los campeonatos del fútbol salvadoreño desde finales de los cincuentas hasta principios de los sesentas.

Liverpool veía como sus hijos prodigios le daban la vuelta al mundo rompiendo corazones e inmortalizando sus melodías, mientras en el universo balompédico otra banda, llena de pelones que no mascaban una jota de inglishpitinglish rompían otras almas, en el corazón de Sudamérica.

Brasil, con un plantel que incluía a Pelé, Garrincha, Vavá, Didí, Amarildo, Djalma y Nilton Santos y al arquerazo Gilmar, conseguía el bicampeonato mundial, emulando lo hecho por los italianos en los treintas, pero revolucionando la sacrosanta WM con un nuevo esquema, apodado 4-3-3.

Los organizadores de aquella Copa también brillaron. Chile logró su máximo triunfo en este tipo de competencias, un tercer lugar firmado a pulso de sangre y de disciplina. Tres años después, uno de los implicados en la hazaña de 'la Roja', recaló en tierras salvadoreñas. No traía guitarras, ni estribillos firmados por John Lennon, pero también le apostaba a la revolución

Hernán Carrasco Vivanco tomó la batuta de la selección nacional, marcado por su participación en el cuerpo técnico del '62, a las órdenes de Fernando Riera, sin saber que su estadía en estas tierras sería sin billete de retorno, y que un grupo de hombres con nada en común más que el amor por la pelota bien tocada, lo apoyaría para formar un equipo de ensueño: el Alianza sesentero.

El sueño de un Club

Dos seleccionados que pertenecían a la nómina del Alianza, Salvador Mariona y Francisco Zamora, le comentaron a Carrasco Vivanco que el equipo tenía las condiciones necesarias como para campeonizar, mas los resultados no se les daban. Interesado por el reto, el chileno alcanzó un acuerdo con los directivos. El director de lo que se convertiría en la "Orquesta Alba" aceptó el reto.

Bajo el auspicio financiero de Enrique y Ernesto Sol Meza y de Mauricio Salaverría, Alianza cedió a las peticiones del estratega: dos canchas para realizar sus entrenos, una piscina, un gimnasio e incluso una casa club para concentrar al equipo antes de los partidos.

Las prácticas eran diarias, a razón de cinco sesiones semanales. Los jugadores tenían que albergarse todos los días en la Casa Club, que en un principio estuvo en la colonia Providencia para luego establecerse en Los Planes de Renderos, debido a la cantidad de compromisos nacionales e internacionales.

Por otra parte, Hernán logró crear cuatro categorías inferiores con el propósito de hacer del Alianza un verdadero Club de Fútbol. El chileno, asistido por "el Baiza" Ruano y "Chepito" Hernández, también se hizo cargo de la preparación física de los jugadores, del control de una dieta balanceada y de algunas cosas que parecieran insignificantes, pero que a la larga afectarían el rendimiento de los futbolistas.

"El (Carrasco Vivanco) nos enseñó a bañarnos con chancletas para evitar llenarnos de hongos", recordó el zaguero albo Salvador Mariona, quien asegura que hasta en esas pequeñeces los hizo verse grandes.

La Orquesta Blanca

La pretemporada del Alianza, de cara al Campeonato Nacional 1966, fue de dos sorprendentes meses, con el propósito de ensamblar las piezas que más se ajustaban a la idea de juego del chileno. "La virtud de este grupo de jugadores es que se aprendió el libreto", señaló el técnico andino, aunque dstacó como uno de los defectos del grupo la ausencia de depuración técnica, esa que irían consiguiendo sólo con el tiempo.

Tanto Mario Monge como Salvador Mariona coincidieron en que Carrasco Vivanco logró conjuntar un grupo de futbolistas que atravesaba por un buen momento en el redodondo nacional de aquella época. Monge aseguró que este entendimiento los hacía que en muchas ocasiones incluso jugaran sobrados ante algunos rivales.

En un juego ante el Saprisa de Costa Rica, por ejemplo, recuerdan que el Alianza ganaba 4-0 cuando el chileno Hermosilla, dotado de una calidad técnica envidiable, comenzó a 'payasear' a los rivales. Dos errores les costaron la misma cantidad goles, y de paso que el partido se les complicara. Al final, Alianza ganó 4-2.

El equipo mimado de la capital pasó a convertirse en la Orquesta Blanca por lo exquisito en el toque, la garra mostrada y la mentalidad ofensiva que sus jugadores dislumbraban en cada uno de los encuentros. Este estilo de juego los llevó a ganar el título de 1966.

El 10 de junio de aquel año, en el estadio que hoy se conoce como "Juan Francisco Barraza", en San Miguel, Alianza doblegó al Aguila con el marcador de 2-1. De esta forma, el trabajo de Hernán Carrasco Vivanco al frente del equipo blanco con una 'A' en el pecho rendía sus frutos.

La base del equipo y el cuerpo técnico se mantuvieron para el año de 1967, lo que les significó el bicampeonato nacional a base de buen fútbol y contundentes victorias. Mientras, Ernesto Muyshondt llegó a la gerencia del equipo.

Cruzando fronteras

Los constantes triunfos del Alianza se sumaron a las buenas actuaciones frente a oncenas de corte internacional. A principios de 1967 se agenciaron el Campeonato Norte, Centroamérica y del Caribe (NORCECA), venciendo a equipos de Costa Rica, Honduras, México y de las islas del Caribe.

En encuentros amistosos, el triunfo más grande fue el que consiguieron ante el Santos de Brasil, con el marcador de 2-1, en el Estadio Nacional "Flor Blanca". Para esa fecha, el equipo brasileño era considerado el mejor del mundo, ya que su carta de presentación era Edson Arantes Do Nascimento, conocido entre la hinchada de cinco continentes como Pelé.

Para este juego contaron con cuatro refuerzos: el zaguero de FAS, Ernesto "el Príncipe" Ruano; el argentino radicado en México Dante Juárez, y sus compatriotas Juan Verón y Santiago, que andaban en gira con su equipo Estudiantes de La Plata. "En Centroamérica íbamos a Costa Rica, Honduras o Guatemala y les ganabamos a los equipos tradicionales", recuerda Mariona.

Otros sendos triunfos fueron ante el América de México (2-0), frente al Flamengo de Brasil (3-2) y el empate a cero con el Peñarol de Uruguay.

Una montaña rusa

"Creyeron que todo estaba hecho, y ya podían caminar por sí solos", dijo Hernán Carrasco Vivanco, quien fue secundado en su opinión por Mario Monge y Salvador Mariona. Desde su nacimiento, Alianza buscó ganarse un lugar dentro del gusto de los aficionados. Las temporadas de 1966 y 1967 lograron el objetivo... pero a medias.

El chileno asegura que para la temporada de 1968, la dirigencia tomó la decisión de bajarles el sueldo a él y a algunos jugadores. Este era el principio del fin. Ellos consideraban que el técnico ya les salía muy caro y que las bases ya estaban sentadas para subsistir solos, pues Carrasco ya había creado las categorías menores. El técnico renunció al equipo y con él se fue uno que otro jugador. Luego, ellos se acuerparon en el equipo de Atlético Marte para coronarlo campeón por dos años consecutivos en 1969 y 1970. Mario Monge fue vendido a FAS y el portentoso Alianza se desvanecía de apoco. Los dirigentes no se imaginaron que el letargo duraría años.


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