Viernes 30 de noviembre 2001



La vida de Muñoz Ferrada
Fallece controvertido astrónomo chileno

Admirado por unos y menospreciado por otros, un astrónomo y futurólogo chileno, ligado a El Salvador, vivió intensamente su pasión por lo arcano y los misterios del universo

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

La última palabra que pronunció Carlos Muñoz Ferrada, antes de morir fue "Marina", el nombre de su amada hija residente en El Salvador. El famoso astrónomo, sismólogo y científico autodidacta, falleció en octubre de 2001, en la tranquilla Villa Alemana de Viña del Mar en Chile, a los 92 años, a raíz de una afección pulmonar.

Para Marina Muñoz, su padre era una una verdadera leyenda. "Fue un hombre muy adelantado para el siglo en que le tocó vivir. Había tanto que aprender de él, pero su conocimiento no siempre fue justamente valorado".

Recuerda que su padre la inició en la observación del universo al mostrarle las estrellas y los cráteres de la luna cuando ella tenía sólo dos años.

Según su hija, Muñoz Ferrada se perfiló desde pequeño como un genio inquieto un niño preguntón que muchas veces fue expulsado del salón de clases porque no era comprendido por sus maestros. Por ello, prefería la soledad. A veces subía a las copas de los árboles o se metía con una vela bajo la cama para estudiar con tranquilidad.

Su centro de labores científicas estaba en su propia casa, en donde instaló un "bunker", en el que pasaba noches enteras observando las estrellas con su telescopio y estudiando sus libros de física y astronomía.

El autodidacta dividía su tiempo entre el observatorio y múltiples viajes por el mundo, dictando conferencias.

Fue en una de sus travesías, en 1947, que conoció en El Salvador, a su esposa María Dolores Rivera Lino, originaria de la Unión, con quien procreó cuatro hijos, de los cuales sobreviven Marina, Lucía y Carl.

Fama

Sus predicciones astronómicas y geofísicas, lo hicieron famoso. Entre estas figuran los anuncios del terremoto que sacudió Chillán, en Chile, el 24 de enero de 1939, en el que murieron 40 mil personas; del sismo del 1945 en Ligua y del terremoto de 1985, en Chile.

También anunció la trayectoria y las perturbaciones que sufriría el Cometa Halley, al alterar su velocidad, cosa que ocurrió cuando el Halley se adelantó 36 horas en su tiempo orbital, pasando a 85 millones de kilómetros del Sol la distancia más corta en su historia. También anticipó el 11 de junio de 1940, los efectos -todavía por verse- que el Hercóbulus o "Planeta Cometa", como él lo llamaba, ejercería sobre el mundo.

Para explicar sus observaciones y predicciones, Muñoz Ferrada elaboró la teoría de la Geodinámica, la cual se basaba en las atracciones de los cuerpos celestes, en las grandes explosiones en el sol y en los ciclos de las perturbaciones geofísicas. Con este método predijo terremotos, erupciones volcánicas, alteraciones climatológicas, descubrió nuevos planetas y cometas, descifrando sus trayectorias, y otras características.

En 1967 visitó El Salvador para realizar estudios de suelo. En ese entonces advirtió a las autoridades del país, que en San Salvador no se podían construir edificios de más de cinco niveles porque los terrenos son huecos, pero nadie le creyó. En el terremoto de 1986, los expertos recordaron la advertencia del astrónomo.

El Golfo de Fonseca

En 1948 publicó en Honduras, un breve estudio sobre el Golfo de Fonseca, sus orígenes y comportamiento de los volcanes que lo circundan. De prosa ágil, a veces atropellada, pero siempre imaginativa, Muñoz Ferrada habla en ese libro de las incursiones de piratas ingleses en la zona, donde el corsario Francis Drake, estableció una base en la Isla El Tigre; mezcla datos de vulcanología con cálculos astronómicos; integra asimismo predicciones no siempre acertadas como "el avance de Oriente sobre Occidente; que en 1975 comenzará la tercera guerra mundial y durará hasta el 2000; en esa misma época acabará el Papado y las doctrinas se unirán en la Filosofía de Cristo".

Destacan sus cálculos y reflexiones sobre el comportamiento del lago de Ilopango: "...el más serio, curioso y extraño es el volcán que hay debajo de la laguna de Ilopango. Se ven en sus riberas los cambios de sus componentes, un exceso de fango y azufre y que el nivel ha subido más de cuatro metros en los últimos 30 años, y sigue subiendo".

Muñoz se pregunta: "¿Estará pronto a producir un estruendo gigante como el que hizo en 1880?".

Para quienes se inquieten por esta terrible interrogante, Muñoz calculaba que el ciclo eruptivo de este volcán culminaría en 1950, con tremendas explosiones, es decir dos años después de la publicación de su libro.

Con sus conocimientos científicos y exuberante imaginación Muñoz Ferrada se ganó la admiración de muchos, pero también el rechazo e incluso la burla de otros; sin embargo, los diarios chilenos y otros medios en varios países, dedicaron importantes espacios a la noticia del fallecimiento de este singular personaje.

La trayectoria

Carlos Muñoz Ferrada

Nació en enero de 1909

1926-1929. Estudió en la Escuela Náutica de Pilotines de la Marina de Chile. En ese entonces los buques y el Mar marcaron su vida.

En 1956 recibió el título de primer piloto de la Marina Mercante de Chile.

En 1970 pasó a ser miembro y profesor del Colegio de capitanes y Pilotos de la Marina Mercante.

También realizó estudios de meteorología y astronomía en la Universidad de Chile.

En Ferrocariles de Chile estudio Ingeniería y Física.

En Francia curso estudios en la Sociedad Astronómica de París y en la Sociedad Geográfica de París. También perteneció a la Sociedad Astronómica de Dijón .

En Italia perteneció a la Sociedad Astronómica de Milán.

Fue director del Observatorio Astronómico de Panamá, durante cinco años.


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