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Un refrigerio más allá del recreo

El refrigerio escolar se termina con el sonido del timbre del primer recreo. El que los niños lo recibieran es el logro del día para el centro escolar

El refrigerio escolar, lo que dicen los maestros

La mayoría de docentes aprueban el programa de alimentación escolar, sin embargo tienen muchas observaciones sobre las mejorías que necesita para que tenga mayor impacto en los alumnos.

Los retos y debilidades a los que se enfrenta el programa del refrigerio escolar  no son invisibles para los ojos de los docentes y padres que cada día deben esforzarse para lograr entregar los alimentos a cientos de estudiantes. Tampoco son ajenos al Ministerio de Educación que se compromete a reforzar el programa. 

Incluso, por la importancia del refrigerio a la niñez, organismos con expertos en educación y nutrición han expuesto recomendaciones a Educación para poder superar las debilidades que persisten. 

“Muchos centros escolares todavía no tienen la infraestructura adecuada para la preparación de los alimentos, o una infraestructura para almacenamiento de los mismos, lo cual quizá demandaría mayor involucramiento del Ministerio en darle seguimiento a esto”, dijo Fausto Cortez, responsable de seguridad alimentaria nutricional de la  Fundación Educación y Cooperación (Educo). 

Su observación es fácil de detectar en la mayoría de centros escolares públicos salvadoreños, especialmente en los ubicados en municipios al interior del país donde el programa tiende a ser más bienvenido y los docentes están más dispuestos a conquistar cualquier vicisitud para no defraudar a sus alumnos. 

El Centro Escolar Caserío Barranquilla está sumido al interior de calles serpenteantes, algunas al borde de precipicios, que recorren el municipio de Santiago de la Frontera, de Santa Ana. La escuelita solo tiene dos aulas para albergar a 72 niños que estudian de parvularia a sexto grado, muchos de ellos  recorren varios kilómetros a pie para llegar  a estudiar. Cuando se gradúen deberán caminar aún más en busca del único centro con tercer ciclo y bachillerato del municipio. 

Para el director, docente y encargado del programa del refrigerio escolar, Abel Linares, los alimentos entregados son muy valiosos para sus alumnos, especialmente el vaso de leche, que es parte del programa del mismo nombre y complementa el Refrigerio Escolar. 

Pero el lograr entregar el refrigerio ha requerido sortear una serie de inconvenientes . 

La casa en la que está ubicada el centro no es propiedad del Ministerio de Educación, es de un vecino que se las prestó en comodato hace más de 20 años. Pero el comodato se terminó dos años atrás, y desde entonces el director Linares se mantiene con la zozobra de perder el terreno. 

Aunque el espacio del centro lograba acomodar a todos los estudiantes, no estaba preparado para tener que resguardar sacos con granos básicos. Para garantizar su seguridad, Linares decidió acomodar los alimentos y la leche distribuida por Educación en el mismo salón de clases. 

Como no tenían cocina construyeron una de leña frente a los salones. Aunque para facilitar la preparación de los alimentos, a veces las madres que apoyan el programa prefieren llevarse los ingredientes y luego traer el alimento listo para servir. 

Tampoco contaban con utensilios de cocina y tuvieron que usar de los pocos fondos de la escuela para adquirirlos. Pese a las dificultades han logrado que ningún día falte el refrigerio, incluso frente a la disminución de alimentos entregados por el ministerio. 

“Gracias a Dios logramos esa cobertura con los niños. No sé por qué esa disminución”, comentó Linares. 

En términos de espacio y población, el Complejo Educativo de Guaymango, en Ahuachapán, supera con creces al de Barranquilla. Con 1,076 alumnos desde parvularia a bachilleratos en los dos turnos la preparación del refrigerio requiere de más esfuerzo. Pero el centro tampoco tenía el espacio necesario para albergar los alimentos ni para una cocina. 

El director,  Noel López, encontró la opción de alquilar un espacio en una casa frente a la escuela, e instalaron una cocina de leña porque tienen que gastar $75 mensuales en el alquiler y no alcanza para estar pagando tambos de gas. 

Una de las recomendaciones de Cortez, de Educo, es tener a personas capacitadas en la preparación de los alimentos. 

En Guaymango hay tres cocineras, antes eran pagadas por la alcaldía, pero después el apoyo se terminó. López dijo que decidieron hacer el esfuerzo de pagarles con fondos del centro ya que ellas fueron preparadas para alimentar a los niños. 

“Pero tenemos que hacer los sacrificios, aquí el  85% de la población escolar es eminentemente rural, siempre o no comen o comen a la carrera para venir a estudiar”, señaló López.

Aunque Cortez expuso que el refrigerio que el Mined entrega debe verse como un complemento a las necesidades nutricionales del niño, es decir que ya deberían haber desayunado o almorzado antes de ir a clases, para muchos estudiantes realmente es la primera comida del día.

Por ello debe reforzarse y lograr que todos lo coman, en lugar de que compren boquitas o gaseosas como aun hacen muchos alumnos, especialmente los de tercer ciclo y bachillerato. 

“Pero también es importante y es lo que no considera actualmente el refrigerio la incorporación de hortalizas o frutas”,  indicó Cortez.

Desde hace tres años Educo impulsa un proyecto de huertos escolares en 26 municipios con el ministerio, para ellos es esencial lograr que los huertos sean a escala nacional como parte del programa de refrigerio. No solo porque da diversidad al alimento, sino también porque une más a la comunidad escolar e incluso involucra a productores locales y las alcaldías.

En los más de 23 centros escolares que El Diario de Hoy visitó, surgía la preocupación de docentes y padres de familia de hacer todo lo posible por variar el refrigerio y  que todos lo coman. 

Muchas veces para agregarle otros ingredientes los profesores ponen  de su dinero o los padres comparten lo poco que tienen. 

Hay niños que llegan con tomates, cebollas o papas para el refrigerio del día. 

En escuelas como el Complejo Educativo de Santiago de la Frontera, Santa Ana, los más pequeños reciben con entusiasmo los alimentos.

Pero ahí también tuvieron una experiencia dura en bachillerato cuando una sección no quiso comer el plato de frijoles. 

La directora de país de Educo, Alicia del Carmen Ávila, consideró que para poder superar todas las deficiencias y reforzar el programa es necesario que el Gobierno realice una evaluación de su política educativa. Han detectado que el refrigerio es más valorado en la zona rural que en la urbana, aunque ahí también hay muchos niños que lo esperan con ansias. “El tema de huertos debe ser llevado a escala nacional, tener un elemento más en su plato le hará menos aburrida la comida”, matizó Ávila.  

Especial refrigerio escolar. 

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