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"Se metieron con nuestro oficio"

Conversación con Óscar Martínez, de El Faro, sobre los riesgos y dilemas del periodismo investigativo. De Paolo Lüers

"Se metieron con nuestro oficio"

"Se metieron con nuestro oficio"

\"Se metieron con nuestro oficio\"

Ya es conocido el caso de la detención de Óscar Martínez, cronista del periódico digital El Faro, por policías que estaban dando seguimiento investigativo del periodista y a sus fuentes. El Faro y El Diario de Hoy dieron a conocer el caso y se hicieron las denuncias pertinentes, incluso a la Sociedad Internacional de Periódicos (SIP). El Diario de Hoy, para explorar el trasfondo y las consecuencias de este caso para el periodismo, pidió una entrevista a Óscar Martínez. Lo que salió, es una conversación sobre los riesgos y dilemas del periodismo investigativo.

Mira Óscar, ¿qué te llevó a la conclusión que este incidente no fue una rutina o una coincidencia?

No fue conclusión. Fue un mensaje directo de los policías. Uno de ellos me dijo: "Nos han ordenado de arriba montar este retén para detenerte. Nos han ordenado que te intervengamos". Estas fueron las palabras.

¿Qué buscaban?

Insistieron que yo les revelara el apodo y el nombre completo de mi fuente. El primer agente que me interrogó nunca me preguntó por el lugar, o por qué había ido a tal lugar, o si era mío el vehículo. La pregunta directa era "aunque sea dame el apodo de la persona que fuiste a entrevistar, no te creo que no lo conozcás...". El segundo agente de la DAN fue más hostil, me dijo que podía desarmarme el carro si él quería, para buscar droga, y me preguntó directamente, pero casi como una afirmación: "Vos venís de este lugar para ver a fulano de tal - y me mencionó el apodo por el cual es conocida la persona.

Entonces, no fue un procedimiento de investigación, porque ya sabía con quién habías hablado.

Ya sabían de dónde venía, ya sabían con quién había hablado. No creo que ellos pensaran que yo estaba transportando drogas de este lugar a San Salvador. Es un lugar donde se mueve mucha droga, la frontera con Guatemala.

¿Te revisaron el carro por drogas?

Lo revisaron por encima, ni siquiera abrieron el motor, ni las llantas, nunca hubo una revisión real. No buscaron nada.

¿Cómo fue el operativo para detenerte?

El 911 puso un retén en el desvío a San Salvador que evita pasar por Santa Ana. Ya sabían que yo iba a pasar por ahí. Cuando pasé, los agentes del retén, del 911, vieron un papel y mis placas - y yo ya sabía que me iban a parar. Pasé y desmontaron el retén, nos siguieron, me dieron luces altas, se bajaron armados y nos bajaron. A los minutos aparecieron dos agentes de la DAN encapuchados, uno con arma larga. Aparecieron de la nada, del monte, salieron de un charral donde estaban esperando.

Si no era un procedimiento de investigación, porque ya sabían con quién habías hablado, ¿cuál es la otra hipótesis? ¿Es intimidación?

Mi hipótesis es que a alguien en la PNC le molesta que yo hable con esta fuente. Intentaron asustarme. Tal vez pensaron que esto me intimida y que nunca más voy a ir a esta zona para volver a contactar a esta fuente.

Bueno, para conseguir esto necesitan crearte miedo que a vos te puede pasar algo, es suficiente crearte miedo que a tu fuente le va a pasar algo. Sería lo más delicado para un periodista...

Ya lo intentaron por este lado. Cuando la fuente estaba en un lugar, supuestamente bajo protección de la PNC, investigadores de Ahuachapán lo amenazaron por hablar conmigo. De hecho, le dijeron a esta fuente -que en ese momento estaba protegido por el Estado, como testigo- que si hablaba conmigo, le iban a retirar la protección. Y que además, si hablaba mal de algún policía, ellos mismos le podían hacer algo… Él nunca identificó directamente a estos policías que le amenazaron, pero yo tengo idea de quiénes fueron.

¿Por qué la DAN te interroga sobre tu relación con esta fuente?

No tengo todos los cabos atados, pero cualquier investigador puede tener un chero en la DAN y pedirle el favor. Todavía no termino de cerrar el rompecabezas. Ya hay una investigación policial. Hoy me llamó una persona de la Inspectoría de la PNC, quien lleva la investigación en Santa Ana, quieren entrevistarme…

Entonces, ¿ya pusiste una denuncia ante la Fiscalía sobre la actuación de la Policía?

Nuestro director, Carlos Dada, intentó comunicarse con el ministro y nos contestó a través de Manuel Melgar (el secretario privado de la Presidencia). Melgar dijo que se iba a ordenar una investigación.

¿No fue el desliz de unos subalternos?

Ellos mismos dijeron que la orden venía de arriba. Sabían de dónde venía y con quién había hablado. No sé si me habían seguido desde mi casa, porque el carro lo recibí a las 7:00 de la mañana en mi casa. Esto ya significaría que hay un seguimiento sistemático a periodistas para identificar sus fuentes…

No estamos hablando de cualquier fuente, sino de una fuente que habla con un periodista sobre procedimientos y posibles delitos de policías. Es gravísimo. Es grave de las dos formas -o te pegaron la cola desde tu casa, siguiéndote para identificar tu fuente; o estaban vigilando a tu fuente, y cuando se dan cuenta que aparece un periodista, le siguieron para detenerle e interrogarle. De ambas formas estaban investigando la relación entre fuente y periodista.

Claro, era un retén para detener a un periodista. Y el punto de interés era mi fuente. Es algo nuevo y es grave.

¿Qué te plantea a vos? ¿Es nuevo que vos te sientas bajo investigación y seguimiento en el terreno?

Creo ya haber detectado que me sigue una persona, incluso cuando iba a hacer entrevistas. Pero es la primera vez que agentes que se identifican como policías hacen un acto tan descarado de detenerme.

¿Qué problema te plantea a vos, como periodista investigativo, en cuanto al punto clave: la confiabilidad y protección de tus fuentes?

Nos plantea un serio problema. Ellos me siguieron, saben adónde fui y a quiénes contacté, y lo más preocupante: fue un operativo sofisticado, porque no fui capaz de detectarlo. Posiblemente yo los llevé a mi fuente. Como periodista investigativo me pone en un dilema, han puesto a prueba mi capacidad de proteger a mi fuente. Yo tengo que seguir hablando con fuentes de este tipo, tengo que replantearme qué les digo a ciertas fuentes a la hora de podérmeles acercar. Es injusto que un periodista esté en riesgo por su trabajo, pero es aún más delicado que una fuente, por hablar con un periodista, se exponga a riesgos. Es delicado para él y para el periodismo.

Hablame un poco más de esa fuente.

Este es un tipo que ha coqueteado con la muerte, que ha estado muy metido dentro del mundo del crimen. Se mueve por muchos lugares rurales -y si un día sale la noticia que a él lo asesinan "gente vestida de policías y fuertemente armados", ¿qué debo pensar yo? Es una desprotección increíble que se me manifiesta a partir del retén que me ponen.

Resumamos, ¿era ilegal ponerte el retén?

A cualquier periodista lo pueden detener si sospechan de él. Es legítimo. Yo salí en un pickup polarizado de un cantón fronterizo, donde se mueve mucha droga. Si a mi me paraba la DAN y me dice: 'Manos arriba, vamos a ver si andás armado, te vamos a revisar el carro' -no le veo ningún problema. Pueden parar a los periodistas, como a cualquier otro- pero no me pueden parar como me pararon a mi: con la única intención de indagar sobre mi relación con mi fuente. Te pueden revisar el carro, un periodista puede andar transportando drogas, claro que sí. Pero no pueden amedrentare con llevarte 72 horas si no colaborás, porque estas fueron sus palabras -y colaborar significa revelar tus fuentes. Esto sí es meterse con tu oficio-.

Óscar, los dos somos periodistas que con frecuencia trabajamos historias que solamente se pueden contar abriendo fuentes con personas que cometen delitos. Hay historias que de otra manera, sin hablar con personas al margen de ley, no se pueden contar - y estamos convencidos que estas historias tienen que contarse. Entonces, existe un problema de confidencialidad, de cómo garantizar la seguridad de nuestras fuentes. Pero aparte de esto, ¿vos ves un problema ético cuando entrevistás a fuentes criminales?

La regla que no puedes entrevistar a criminales no existe en el periodismo…

Ni en la ley…

Ni en la ley. Tampoco existe una regla que no podés encubrir esta fuente, o sea, que tenés que revelarla. Uno puede hablar con criminales y ocultar su identidad, para que no los reconozcan y no los metan presos o los maten. Si yo hablo con el coyote de mi última nota, él me pide que no revele su identidad, porque si la revelo, lo van a ir a traer.

Por otra parte, uno no puede ser cómplice de delitos. O sea, si una fuente me dice que va a cometer un homicidio, yo estoy en la obligación, como cualquier ciudadano, a informar a la Policía. Los periodistas constantemente tenemos que aplicar un criterio. Y sobre cada caso y cada decisión tenemos que tener argumentos. Nada es automático, cada caso te puede plantear nuevos dilemas y nuevas reglas.

Bueno, si existe un dilema, es entre vos y tu editor, y entre vos y tus lectores, pero no entre vos y la Policía.

Totalmente. En el momento que te dicen: Yo fiscal o yo policía necesito tener toda la información que tú tienes sobre tu fuente, es acoso al periodismo.

Dirán que exigimos inmunidad para los periodistas.

No pido inmunidad. Si la Policía creía que yo transportaba drogas, tenía todo el derecho de revisarme hasta los zapatos. Un periodista no está eximido de cometer delitos. No nos tiene que cubrir ninguna inmunidad. Con que sospechan de mi que soy marero, aunque me identifique de periodista de El Faro -y me traten como presunto marero, con esto no tengo ningún problema. Si me golpean es otra cosa, ya sería una ilegalidad.

Sería ilegal en el caso tuyo, como en el caso de cualquier pandillero.

Ahora, que se metan con mi trabajo, esto es un amedrentamiento. Y yo quiero saber quién lo ordenó. Esto no venía de estos dos agentes de la DAN. Yo no creo que ellos hayan pensado una tarde: 'Vamos a ir a joder a este tipo, pongámonos en este sol de mediodía, pongámonos este calcetín en la cabeza y vamos a molestar a este periodista'. No, alguien se los ordenó. Y yo quiero que el director de la Policía o el ministro me conteste quién fue y por qué.

¿Ellos tienen derecho a interrogarte sin identificarse?

Creo que no. Tampoco creo que tienen derecho a descamisarte en la vía pública. Tampoco creo que está en alguna ley que no puedo usar mi teléfono mientras hacen su pesquisa. Ellos dijeron: Mientras dure nuestra pesquisa, no puedes usar tu teléfono. ¿Y si su pesquisa dura 72 horas, mi mujer y mi hija, y mi periódico no van a saber adónde estoy? Yo les dije explícitamente: Tengo que hablar a mi periódico, porque nosotros tenemos un monitor, cuando vamos a lugares de riesgo, y si no me reporto, da alerta…

Pero esto lo hacen con cualquiera.

Hubo ahí muchas cosas que no deberían hacer, pero que las aplican a muchas personas, que no son periodistas, y que no las deberían de aplicar a nadie. Y otras que directamente atentaban contra el oficio periodístico.

Esta distinción que vos hacés es clara y oportuna: Te pueden investigar si tienen sospecha de un delito, pero no pueden investigar tu procedimiento profesional, sobre todo lo relacionado con tus fuentes. Y mucho menos con fuentes que pueden ser relevantes en la investigación periodística de abusos policiales. Si yo no puedo proteger mis fuentes, no voy a tener fuentes.

De todos modos: ¿Cuál es el delito de ir a hablar a un tipo en un cantón? Quiero regresar a este dilema: ¿Podemos nosotros los periodistas hablar con criminales? Esta pregunta a los lectores puede causarles mucha duda. ¿Por qué uno, como periodista, tiene la prerrogativa de hablar con criminales? ¿Y por qué encubro el nombre, protegiéndolo?

¿Cuál es tu respuesta, Óscar?

Porque creemos que lo que él va a contar es muy valioso para la sociedad. Porque creemos que sólo él tiene la información de ciertas cosas.

Cualquier historia tiene varios lados. Y un lado es el del delincuente, del victimario. Contar la versión del delincuente, del coyote, del pandillero no significa valorar su posición o justificar su acción. No tomarlo en cuente es restarle una parte a la historia.

Ahí hay una gran reto para el periodismo. El periodista tiene que ser honesto. Nunca he presentado una fuente criminal diciendo que es un buen tipo. No, estoy hablando con un tipo que es un asesino. Aunque no revelo su nombre, revelo sus condiciones. Porque el lector tiene derecho de saber quién es tu fuente y qué hace. Y creo en lo que me dice, porque tengo dos años y medio de hablar con él. Me ha contado cosas que no ha contado a nadie, ni a su mamá. El periodismo tiene un regla inviolable: Tienes que ser honesto con el lector. Si vos hacés un perfil sobre una persona con la cual cenaste un día, no es honesto.

Puedes citar una fuente que solo conocés de una cena, pero tenés que decirlo.

Correcto. Y siempre tenés que decir que es un criminal, incluso explicar su historial, hasta donde puedes sin revelar su identidad.

Para concluir, Óscar: Para el trabajo tuyo y de El Faro, ¿qué conclusiones sacás de todo esto?

Exigir a las autoridades que nos revelen con honestidad qué pasó y de dónde salió la orden. Es una prueba para las nuevas autoridades.

¿Prueba de cómo van a manejarse con la prensa?

¿Van a respetar el trabajo de la prensa, o no?

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