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Corrupción y sobornos hunden mandato de Rousseff en Brasil

Presidenta brasileña acusada de violar leyes de responsabilidad fiscal. Podría ser destituida. Presidente de Cámara de Diputados acusado de favorecer contratos para juegos olímpicos.

Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados (izq), y Dilma Roussef, en la mira de autoridades.

Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados (izq), y Dilma Roussef, en la mira de autoridades. | Foto por EDH

Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados (izq), y Dilma Roussef, en la mira de autoridades.

RIO DE JANEIRO. Una economía que día a día se hunde poco a poco y un escándalo de corrupción de proporciones gigantescas no sólo amenazan con derrocar a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, sino con echar abajo el legado del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y su lucha por empoderar a la izquierda latinoamericana.

Especialistas concuerdan que el partido sufre el peor momento desde su creación principalmente por un escándalo de corrupción y sobornos en la estatal Petrobras, que coincidió con un bajón en los precios de las materias primas, cuyas exportaciones habían impulsado el desarrollo del país en los últimos años.

El entramado de corrupción transcurrió durante más de una década y ha involucrado a unos 60 políticos y a las más grandes empresas del sector petrolero y de la construcción en momentos en que la economía reportaba fuertes caídas en los últimos tres trimestres. Según economistas entrevistados por el Banco Central, el PIB se contraerá un 3,6% en 2015.

El Partido de los Trabajadores, o PT como se le conoce popularmente, construyó su liderazgo lentamente, desde inicios de los 80 cuando la dictadura brasileña (1964-1985) languidecía. Encontró su base política en sindicatos y movimientos sociales y su discurso, basado en el ejercicio ético de la política, caló entre el electorado. También se fue granjeando durante años la simpatía de las clases populares con sus programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de brasileros y los insertaron en la clase media.

“Era visto como un ejemplo de la izquierda moderna en América Latina”, dice Christopher Sabatini, profesor de Asuntos Latinoamericanos en la Universidad de Columbia. “Ahora está en una verdadera crisis. Está involucrado en corrupción y es víctima de una falta de renovación en sus liderazgo”.

Su principal activo político y fundador del PT, Luis Inácio Lula da Silva, fue reconocido como un líder carismático que defendió a los pobres y fortaleció a la clase media brasileña. “Era visto como un líder global”, señaló Sabatini.

En su época de oro era común ver a Lula viajando a lo largo y ancho del país inaugurando carreteras, plantas eléctricas, fuera de haberle dado apoyo económico a Cuba y Bolivia, lo que le valió una imagen de líder de la izquierda moderada latinoamericana, a lo que se sumó la escogencia de Brasil como sede del Mundial de 2014 y de los Juegos Olímpicos de Río que arrancan en agosto.

Con múltiples acusaciones
Ahora, la autoridad que se granjeó en la región y el mundo es motivo de indagación tras revelarse que fiscales federales brasileños están investigando acusaciones de tráfico de influencias cuando el exmandatario viajó a países como Angola y Cuba tras dejar la presidencia.

Lo mismo sucedió con el PT, cuyos sueños de liderar una coalición que redefiniera el orden global quedaron aplastados. Según Sabatini, el partido fue sobrevalorado y ahora corre el riesgo de arruinar su legado a largo plazo no sólo para promover la agenda de izquierda moderada entre los países en desarrollo.

“Tenían mucha credibilidad internacional y poder. Todo eso se ha echado a perder”, dijo Sabatini.

Lula mantiene su carisma y popularidad entre las familias pobres de Brasil, pero su legado en Brasil ha sufrido y su liderazgo es rechazado por la mayoría del electorado, según encuestas de opinión que miden su popularidad como posible candidato a la silla presidencial en 2018.

La misma situación enfrenta El PT y Rousseff, al verse involucrados directamente en el entramado de corrupción de Petrobras.

El ex tesorero del PT, Joao Vaccari Neto, fue condenado por aceptar al menos un millón de dólares en sobornos que utilizaba para hacer campañas políticas. Su líder en el Senado, Delcidio do Amaral, enfrenta cargos de obstrucción de justicia en el mismo entramado de corrupción. Y su miembro más reconocido, Lula da Silva, podría ser interrogado por la fiscalía federal como testigo en la misma investigación del caso denominado Lava Coches.

Están en un callejón sin salida
“Ahora el PT no tiene cómo limpiarse de esa imagen de partido corrupto a corto plazo”, dijo Luis Tejero, analista y autor de “La construcción de una presidenta”, un libro sobre la transición de poder de Silva a Rousseff. “No se ve cómo puede salir” de la crisis.

El PT también se debilitó a nivel interno al tomar medidas de austeridad como recortes de gastos, aumentos de impuestos y recorte de personal que Rousseff se vio forzada a tomar a pesar del rechazo de muchos miembros de su partido. Un paquete de leyes aún más profundo en materia fiscal continúa pendiente de aprobación en el Congreso.

“Todo indica que el partido va tener grandes dificultades para mantener el poder en plano nacional”, dijo Rafael Cortez, analista de la empresa de consultoría Tendencias. “Este es un desafío inédito”.

Por ello, según Tejero y otros analistas, el PT quiere que la discusión acerca del juicio político avance rápido.

“El tiempo corre en contra de Dilma”, dice Tejero y agrega que el descontento en las calles crece entre más suben las tasas de desempleo y de inflación y más cae el Producto Interno Bruto. “Si el viento empieza a soplar hacia la caída de Dilma, eso ya sería suficiente para escalar la balanza” para el juicio político.

El argumento principal de la solicitud de juicio político contra Rousseff es que violó leyes de responsabilidad fiscal por usar fondos de bancos estatales sin el aval del Congreso cada vez que se quedaba sin presupuesto.

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