¿Por qué hay menos alimentos en Centroamérica y cómo afecta a las familias?
El 60.9% de familias agricultoras encuestadas tiene pocas reservas de alimentos. Conocé cómo las lluvias y los fertilizantes caros afectan su economía.
El bolsillo de las familias agricultoras de Centroamérica enfrenta una nueva presión. La irregularidad de las lluvias, el encarecimiento de los fertilizantes y las dificultades para producir alimentos están afectando tanto el consumo de los hogares como su capacidad para generar ingresos.
Un informe de la organización World Vision, divulgado el 14 de octubre en Honduras, revela que el 60.9 % de las familias agricultoras encuestadas en el Corredor Seco de Guatemala, Honduras y El Salvador tiene reservas insuficientes de alimentos, una situación que podría agravarse durante los próximos meses.
El estudio, realizado en junio de 2026 con 698 hogares de los tres países, también señala que el 85.2 % de las familias consultadas ha experimentado los efectos de lluvias tardías o irregulares, un problema que repercute directamente en la producción agrícola.
Pero ¿qué significa esto para la economía familiar? Que muchas familias no solo están produciendo menos alimentos para consumir, sino que también enfrentan mayores gastos para mantener sus cultivos y menores posibilidades de obtener ingresos mediante la venta de sus cosechas.
Producir alimentos cuesta más y las cosechas están en riesgo
Uno de los principales problemas que identifica el estudio es el aumento de los costos agrícolas, especialmente en productos indispensables para sembrar maíz y frijol, dos alimentos esenciales en la dieta centroamericana.
Según World Vision, el 91% de los hogares consultados asegura que los fertilizantes son más caros o difíciles de conseguir, mientras que el 66.9% ha reducido o suspendido el uso de al menos uno de los insumos necesarios para sus cultivos.
Esto representa un desafío económico para quienes dependen de la agricultura de subsistencia, ya que utilizar menos fertilizantes u otros recursos puede comprometer el rendimiento de las cosechas.

Para las familias agricultoras, el problema se convierte en una cadena de dificultades: si producir cuesta más, se necesita mayor inversión; si las lluvias no llegan cuando se esperan, la cosecha puede disminuir; y si se obtiene menos producción, también se reduce la cantidad disponible para comer o vender.
La situación es especialmente delicada en el Corredor Seco Centroamericano, una extensa franja territorial que atraviesa varios países de la región y llega hasta el sur de México.
En esta zona viven aproximadamente 11.5 millones de personas, de las cuales alrededor de la mitad depende de la agricultura de subsistencia, según los datos citados en el informe.
¿Qué podría pasar con el maíz y el frijol?
El estudio advierte que, durante episodios de El Niño de intensidad moderada a fuerte, las pérdidas de las cosechas de maíz y frijol pueden superar el 30 % en el Corredor Seco.
Esta posibilidad genera preocupación por el impacto que una menor producción podría tener sobre los ingresos de los agricultores y la disponibilidad de alimentos en las comunidades rurales.
En términos económicos, una cosecha reducida significa menos productos para comercializar y una menor capacidad de las familias para recuperar el dinero invertido durante la siembra.
Además, quienes producen principalmente para alimentar a sus hogares podrían verse obligados a comprar una mayor cantidad de alimentos, aumentando la presión sobre su presupuesto.
El documento también señala una probabilidad del 90 % de que El Niño persista hasta noviembre de 2026, de acuerdo con las estimaciones recogidas por la organización.
“Las drásticas variaciones climáticas provocadas por El Niño en el Corredor Seco ya están ocurriendo, y las familias más vulnerables son precisamente las que más están sufriendo”, expresó Joao Diniz, líder regional de World Vision para América Latina y el Caribe.
Las familias están vendiendo sus recursos para enfrentar la crisis
La preocupación no se limita a las cosechas. El deterioro de la economía familiar también está llevando a muchos hogares a tomar decisiones que podrían afectar su estabilidad financiera a largo plazo.
El informe revela que el 64.7 % de las familias encuestadas ha recurrido a estrategias negativas para enfrentar las dificultades, entre ellas la venta de ganado.
Aunque vender animales puede representar un ingreso inmediato para comprar alimentos o cubrir otras necesidades, también significa desprenderse de recursos que podrían contribuir a la economía del hogar en el futuro.

En comunidades donde la agricultura y la crianza de animales constituyen las principales actividades económicas, perder estos bienes puede dificultar la recuperación financiera ante una nueva temporada agrícola.
A esto se suma una situación preocupante para la niñez. Según el diagnóstico, el 32.1 % de los hogares presenta señales claras de deterioro en la alimentación de niñas y niños.
En Honduras, el porcentaje alcanza el 56.2 %, lo que evidencia la magnitud de las dificultades que enfrentan algunas comunidades rurales para garantizar una alimentación adecuada.
Octubre de 2026 a enero de 2027 será un período crítico
El estudio identifica los meses comprendidos entre octubre de 2026 y enero de 2027 como una etapa especialmente complicada para las familias agricultoras del Corredor Seco.
La razón está relacionada con el calendario agrícola: durante este período podrían agotarse las reservas de alimentos obtenidas en la primera cosecha del año antes de que las familias recolecten la producción de postrera.
Esto significa que algunos hogares podrían pasar varias semanas con una disponibilidad limitada de alimentos, mientras esperan los resultados del último ciclo de siembra.
Desde el punto de vista económico, esta situación incrementa la necesidad de contar con dinero para comprar productos básicos en un momento en el que los ingresos agrícolas también pueden ser reducidos.
La asistencia disponible tampoco llega a todas las familias que la necesitan. World Vision señala que apenas entre el 13 % y el 18 % de los hogares consultados recibe algún tipo de apoyo social o humanitario.
¿Cómo impacta esta situación a El Salvador?
El Salvador forma parte de los tres países analizados por World Vision, por lo que las dificultades descritas en el informe también representan una advertencia para las comunidades agrícolas salvadoreñas ubicadas en el Corredor Seco.
Sin embargo, los porcentajes regionales no deben interpretarse como cifras exclusivas del país, ya que corresponden a la muestra conjunta de hogares de Guatemala, Honduras y El Salvador.
El panorama plantea desafíos relacionados con la seguridad alimentaria, el costo de producir granos básicos y la capacidad de las familias rurales para sostener sus actividades económicas.
Para quienes dependen de pequeñas parcelas, tener una buena cosecha no solo significa garantizar alimentos, sino también disponer de recursos para comprar semillas, fertilizantes y otros productos necesarios para el siguiente ciclo agrícola.
World Vision considera que estas dificultades deben atenderse desde una perspectiva de justicia climática, debido a que las comunidades rurales que contribuyen muy poco a las emisiones globales están soportando una parte importante de las consecuencias de las variaciones del clima.
El desafío económico para los próximos meses será evitar que la reducción de las cosechas, el alto costo de los insumos y el agotamiento de las reservas alimentarias sigan debilitando la capacidad de las familias agricultoras para producir y sostener sus hogares.
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