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La miseria de Rusia

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Vladimir Putin lanzó ayer la invasión de Ucrania que él tantas veces negó que iba a realizar. Que él es mentiroso ya todo el mundo lo sabía, desde hace muchos años. Pero esta vez se excedió a él mismo cuando cínicamente dijo que no estaban ocupando el país sino haciendo una “operación militar especial”.

En esa intervención televisiva Putin se mostró mendaz no sólo cuando dijo que estaba haciendo en Ucrania lo que había dicho que no iba a hacer. También mostró que todos sus alegatos de que las intenciones malignas que tenía sobre Ucrania derivaban de su preocupación por la seguridad de Rusia, eran también mentiras. En este discurso Putin ni mencionó este tema. En vez de esto, dijo que había lanzado esa operación militar especial con el objeto de “recuperar una parte inalienable de la historia de Rusia, de su cultura, y de su espacio espiritual” y para “desmilitarizar y desnazificar Ucrania”.

Como la razón para invadir ya no era establecer un parachoques contra Europa, ya no mencionó como culpables de la invasión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sino a Lenin, Stalin y Gorbachov, los dos primeros por haber armado un país artificial dentro de la Unión Soviética, y Gorbachov por haber permitido que se independizara. Eso había sido un pecado que dolía a los rusos porque los ucranianos y los rusos tenían un gran amor fraternal. “Sí, como Caín y Abel”, contestó el presidente de Ucrania.

Este argumento angelical es una llamada a una ideología que prevaleció en Rusia a mediados del siglo XIX, el Pan-Eslavismo, que, como el nazismo con la raza alemana, proclamaba la superioridad de la raza eslava y la de los rusos sobre los otros eslavos. Estas ideas nunca se convirtieron en un movimiento político, pero guiaron las acciones de los zares cuando estaban creando el imperio en Asia y tratando de dominar a todos los pueblos eslavos en Europa. Las ideas de superioridad, que se reforzaban cada vez que algo demostraba la inferioridad de Rusia con respecto al Occidente o Japón, se han mantenido muy fuertes en Rusia y han sido la fuente más grande de apoyo popular para Putin. Él no les puede dar ni mejoras económicas ni libertad. Sus esperanzas para reganar apoyo popular en medio de una situación económica difícil están en darle sensación de poder a la población. Esto le da un toque de racionalidad psicópata a la invasión.

Pero hay, sin duda, un importante componente de envidias y cóleras personales motivando sus acciones porque hay mucha irracionalidad en lo que está haciendo. Buscar reconstituir el imperio (con toda Europa Oriental incorporada) le plantea una tarea que se volverá más larga y difícil en la medida que sus potenciales enemigos se den cuenta de lo que él quiere hacer. Por eso, Hitler, cuando quería hacer algo similar, nunca lo dijo, sino que aseguró al mundo que la anexión que estaba tratando de hacer (Checoslovaquia, Austria, Polonia) era la única que quería hacer. Luego, al lograr una, volvía a empezar con las siguiente, pero siempre dando la esperanza de que ésta sería la última anexión.

Pero con esta invasión y su vago pero claro anuncio de que no será la última porque quiere reconstruir el mundo que existía antes del colapso de la Unión Soviética, la OTAN, que estaba durmiendo el sueño de los justos, se ha despertado con gran energía, y sus países miembros están comenzando a pensar en la guerra como algo muy posible, no ahora, porque no están preparados, pero sí en un momento del futuro, para el cual ya se están preparando. Fortalecer al enemigo potencial es lo contrario de lo que Putin pudiera desear racionalmente.

Igualmente, Putin se ha acobijado en las enaguas de China para que le compre el gas que iba a vender a Alemania, una transacción que Alemania ha congelado como sanción por la invasión. Pero China no lo va a ayudar mucho. Lo mejor para China es que Rusia (vieja enemiga) y el Occidente se desangren en una guerra terrible mientras China se adueña de las materias primas que Rusia no tiene el capital para extraer. Sin la competencia de inversionistas del Occidente, que ha proporcionado el capital y la tecnología para extraerlas, China podrá imponer las condiciones que quiera para extraerlas y comprarlas. Así, Putin ha fortalecido a sus enemigos en el Occidente y parece haber entregado su alma a su enemigo del Oriente. Esto recuerda lo que escribió Edmund Burke sobre los crímenes de la Revolución Francesa: “¡Siguiendo estas falsas luces, Francia ha comprado calamidades terribles a un precio más alto que el que cualquier nación pagaría por las más inequívocas bendiciones! ¡Francia ha comprado pobreza con crimen! Francia no ha sacrificado su virtud a su interés, sino que ha abandonado su interés, para poder prostituir su virtud.” Cambie Putin por Francia en el párrafo anterior y vea la terrible ironía de lo que Putin está haciendo: está comprando, y bien caros, su propio fracaso y la miseria de Rusia.

 

Máster en Economía

Northwestern University

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Opinión Rusia Ucrania

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