Abren la caja de Pandora, y sale: Nada

Por Paolo Luers
Periodista

Conocí en México a un chero, por cierto muy buena onda, activista de todas las causas revolucionarias, que orgullosamente se decía marxista. Nunca había leído un solo texto de Karl Marx, pero sí la tira (no tan) cómica del caricaturista mexicano Rius llamada “Marx para principiantes”. Un día, en octubre del 1987, lo visité y me encontré al buen hombre gustosamente estudiando la revista Forbes con su primera lista de los hombres más ricos del mundo. Y me explicó, desde su particular punto de vista, cómo todos estos multimillonarios habían hecho sus fortunas: por robo, por evasión de impuestos, por lavado de dinero, por narcotráfico, por corrupción. “Ve, hasta Pablo Escobar aparece en la lista…”.
No voy a reconstruir toda la discusión que se generó, porque duró horas, y como casi siempre, nunca llegó a nada. Yo traté de hacer ver que leyendo revista Forbes, aparte del caso del jefe del cartel de Medellín, nada indicó que las orígenes de las fortunas eran ilegales. “No me joda, todo el mundo sabe que son ladrones”, me dijo el buen hombre. Al fin me rendí…
Si hubiera sido un marxista de verdad, me hubiera dicho que estas fortunas son resultado de explotación capitalista, a veces por generaciones. Sobre esto hubiéramos podido tener una discusión seria. Pero para mi amigo, simplemente “robo es robo, y punto”.
De esta historia me acordé cuando empecé a leer, en diferentes periódicos, su gran revelación de los “Pandora Papers”, una extensa documentación de las cuentas y empresas que muchos ricos, incluyendo figuras políticas, mantienen en países considerados “paraísos fiscales”. Y sorpresa, sorpresa: resulta que hay políticos, expresidentes, incluso presidentes en ejercicio del poder, tienen fortunas grandes que en parte son manejadas por compañías creadas en lugares como Panamá, Islas Bahamas, Gibraltar y otros. Nadie tiene la mínima duda de que son mecanismos que se pueden usar para evasión de impuestos, lavado de dinero u otros delitos. Igual como se puede usar Bitcoin u otras cripto-monedas y cript-cuentas. Dice la Real Academia Española que cripto significa oculto o encubierto
Pero los periódicos que participaron en el estudio minucioso de cientos de los miles de documentos financieros filtrados llamados “Pandora Papers” no hacen alegaciones de delitos. Sólo describen cómo y con qué socios y bufetes de abogados se montaron compañías y abrieron cuentas “offshore”, o sea afuera de sus países de procedencia.
Surprise, surprise: ahora sabemos que algunos expresidentes latinoamericanos son muy ricos y tienen compañías y cuentas en otros países, donde se pagan menos impuestos que en sus propios países. Y gracias a El Faro, que es parte del consorcio de los “Pandora Papers”, sabemos que uno de estos expresidentes es Alfredo Cristiani. “Ya ves”, me diría mi amigo mexicano, “cómo este hombre ha robado dinero, evadido impuestos y cometido a saber cuántos delitos más”.
Bueno, yo no puedo afirmar que no es el caso. No sé nada sobre las operaciones financieras de la familia Cristiani, y lo que leí ahora no indica que cometió delitos. Sólo puedo decir: Mientras nadie presente pruebas, no se puede asumir ilegalidades.
El Faro tampoco ha hablado de delitos. Cierto. Igual que Forbes nunca ha dicho que las fortunas, que figuran en su lista de los más ricos del mundo, son de origen ilícito. Lo que a los marxistas de capotilla y otros “perfectos idiotas latinoamericanos” no les impide asumir que así sea.
El Faro no alega delitos, porque quedó curado de una investigación anterior, en la cual documentó que FUSADES mantenía su fidecomiso en el extranjero. Lamentablemente lo hizo de una manera tan maliciosa, insinuando ilegalidades sin poder documentarlas, que después tuvo que recularse. Terminó pidiendo disculpas públicas a la fundación y a sus lectores, y al fin perdió a uno de sus mejores editores. Pero aún con esta experiencia, El Faro “enriquece” su documentación de los “pandora Papers” con algunas insinuaciones. De manera de contrabando, vincula su descripción de las operaciones “offshore” de Cristiani con alegaciones que diputados de Nuevas Ideas han hecho sobre el supuesto uso fraudulento de fondos reservados por parte del expresidente. Sólo mencionan estos alegatos, no cometen el error de hablar de ilegalidad. Igual en el caso de Francisco Flores: combinan la documentación de sus operaciones con menciones de los famosos cheques de Taiwan, sin tener la capacidad de vincularlos y con esto comprobar que el expresidente escondió fondos de origen ilícito.
Pero de repente, en medio de la descripción de las operaciones corporativas y financiera de Cristiani, con no tan sutil malicia El Faro insertó este párrafo: “La protección a los dueños de empresas extraterritoriales es legal. Sin embargo, esto puede prestarse a la evasión de impuestos en los países de donde sale el dinero, así como a delitos de mayor relevancia, como el pago de sobornos, el lavado de activos o el financiamiento al terrorismo, entre otros”.
Mi amigo en México diría: “¿Ves?, no te dije, todos los presidentes son ladrones. Ahora resulta que también financían el terrorismo…”.
Yo diría: Calmate, güey. En un país como El Salvador, donde la ley de extensión de dominio es aplicada como instrumento de confiscaciones sin debido proceso, y donde las acusaciones infundadas prosperan en la fiscalía, sería estúpido quien no aproveche todos los métodos legales para proteger su patrimonio.
Por suerte, no tengo este dilema…

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