Claves electorales: 4.- Los partidos políticos y el factor territorial

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Ene 23, 2019- 19:05

Si las próximas elecciones fueran normales, como las conocemos hasta ahora, incluyendo en los últimos años la novedad del uso más generalizado de las redes sociales, se podrían proponer escenarios y hasta aventurar pronósticos de resultados más o menos racionales que darían probablemente la ventaja al candidato de la coalición, aún a sabiendas de que el escenario social y el declive de uno de los dos partidos tradicionales podrían favorecer al retador.
Ahora, sin embargo, hay dos factores relativamente desconocidos en la política de El Salvador: el sedimento de una alternancia que era necesaria pero resultó frustrante y el experimento comunicacional de un político que ha apostado todo a las redes sociales y ha despreciado por completo la proximidad con la gente y el trabajo territorial.
El primer factor nos tiene todavía en una incertidumbre difícil de ponderar. Antes, durante muchas décadas, desde el ascenso al poder de Martínez en 1932, los gobiernos eran de derecha y no había más que hablar. La Democracia Cristiana de los 80 fue una inconsistente y efímera excepción, que además continuó la saga de gobiernos de derecha buscando sofocar los embriones de insurrección.
Hasta 2009 entonces, después de más de tres cuartos de siglo de dominación, el advenimiento de un gobierno de izquierda fue visto por amplios sectores como la única opción, y en términos electorales eso facilitó siempre cualquier ejercicio de predicción. En otras palabras, era más fácil predecir la dirección del cambio cuando ARENA era el único partido con desgaste en el imaginario popular y el FMLN era una esperanza antes de gobernar y luego, con menos entusiasmo, todavía fue digno de una segunda oportunidad. Por eso en los últimos 20 años ARENA y el FMLN coparon el 90% de los votos en cada contienda electoral. Ahora, en cambio, está bastante claro que eso modelo no va más, y lo que tenemos es un sistema de ecuaciones simultáneas con tres incógnitas difíciles de descifrar.
El segundo factor de novedad es el de un candidato que ha despreciado olímpicamente el factor territorial. En otras contiendas recientes en la región, vimos retadores que ganaron usando con maestría las redes sociales, pero en todos los casos -Obama,Trump, Bolsonaro y López Obrador- además de esa estrategia de comunicación, atendieron siempre a la prensa, recorrieron a lo largo y ancho sus países, hablaron en persona con la gente, animaron a sus seguidores, dieron la cara, se mostraron, se expusieron y en ese intercambio crecieron contando con la experiencia, la organización, los recursos y el soporte logístico de potentes maquinarias partidarias.
En el caso de Bukele, el fenómeno político ha sido casi exclusivamente virtual. No ha ocurrido frente a frente, sino en pantallas de instagram, facebook y whatsapp. Mientras los candidatos del FMLN y ARENA han salido a más de 200 municipios del país, visitando en ruta a varias poblaciones cada vez, el candidato de GANA ha salido en muy contadas ocasiones, siempre en ambientes completamente controlados, a realizar actividades como producciones cinematográficas, más para difundir en las redes que para presentarse ante la gente.
Ausente ha estado el candidato y con el motor apagado el taxi que ha utilizado. Extraño fenómeno el de un candidato que se avergüenza del partido en el que se inscribió como requisito formal, pero al que no lo une una militancia o un compromiso real. En esa lógica ha pensado que aparecer ante simpatizantes o bases partidarias con los emblemas y con los dirigentes de GANA afectaría su imagen, considerando la mala reputación de ese partido por señalamientos de corrupción, iguales o peores por cierto a los que la gente atribuye al partido de gobierno y a los partidos que forman la coalición.
En resumidas cuentas, ni el candidato ni el partido han pateado el territorio en un esfuerzo impresionante de movilización. Adicionalmente, después de tres o cuatro apariciones en alguna Universidad o Fundación, el candidato se ha negado también a participar en debates públicos y a dar entrevistas o declaraciones a la prensa escrita y a la televisión.
Por su parte, sus adversarios principales llevan ya más de cuatro meses en actividades territoriales, motivando a sus bases partidarias, saludando a miles de personas en jornadas casa por casa a lo largo y ancho del país. En el caso de ARENA con un candidato que sin ser extraordinario cuando habla en la plaza pública o en la televisión, a cambio ha mostrado un perfil de extraordinaria calidez y genuina empatía en el trato con la gente más sencilla y humilde de la población. En el caso del Frente, cuesta arriba en la recuperación de la confianza de la gente, su candidato ha hecho también un gran trabajo en todo el país, mostrando carácter, tesón en la adversidad, buen talante y mucha capacidad.
¿Se puede ganar una elección de nivel nacional sin partido, sin otra forma de organización popular y sin un líder presencial? Apuesta arriesgada, sin precedentes, y pronóstico aún pendiente de comprobar o descartar. Si ocurre sería un fenómeno social parecido a los mitos de la antigüedad: una explicación de las cosas o una historia que se toma como verdadera en una determinada comunidad; unos protagonistas prodigiosos y fantásticos; una creencia en los poderes y virtudes de personajes que nadie ha visto ni puede ver. Como Júpiter o Neptuno, que no eran reales, pero la gente temía desatar su ira y creía ciegamente en su poder.
Pasando de los mitos a la realidad, el FMLN en su peor crisis de abandono militante, social y clientelar tuvo más del doble de votos que GANA en la pasada elección legislativa y municipal. Por su parte ARENA y los partidos de la Coalición sobrepasaron en marzo por un millón de votos a este mismo partido al que muchos atribuyen una segura victoria sin mayor explicación.
Se ha hablado hasta la saciedad del rechazo de la gente a cualquier partido tradicional, pero eso es en parte realidad y en parte táctica electoral. Lo que sabemos hasta ahora es que los candidatos suman o restan, pero no pueden ganar sin organización ni activistas ni fuerza territorial. ¿Será cierto que eso está a punto de cambiar?

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