Claves electorales: 2.- La recuperación del Frente

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Ene 21, 2019- 22:00

En 2014, por primera vez en 20 años, se presentó en elecciones presidenciales una alternativa fuerte y un desafío creíble a la hegemonía del FMLN y ARENA. Hasta ese momento, los dos partidos habían obtenido en promedio el 90% de los votos válidos en primera vuelta, dejando a terceros una reducida franja de 10% de la votación. El candidato de “Unidad” fue Antonio Saca, en ese momento un formidable oponente, todavía sin demandas de corrupción, buen político, carismático, de trato agradable y entrador con la gente. Tony era ampliamente conocido en todo el país y apreciado en las clases medias por sus políticas sociales, aunque sus ex correligionarios las tildaran de populistas. Su candidatura generó una expectativa considerable y mucho ruido. Las encuestas vaticinaron apretado triple empate con probable paso de Saca a la segunda vuelta. Al final la coalición liderada por GANA obtuvo el 11.44% de los votos, lejos de los partidos mayoritarios.

Ahora tenemos de nueva cuenta un desafío a los dos grandes partidos, pero esta vez el retador, un político de menos quilates comparado con Saca, se ha mantenido durante varios meses en la primera posición. Además de plasmar esa ventaja, los sondeos de opinión han dejado claro que la suerte de Nayib Bukele está ligada a la suerte del FMLN más que a otros factores de la contienda electoral. En pocas palabras, sin negar que el candidato de GANA pueda pescar alguna trucha en otro estanque, los que afirman que marcarán la bandera golondrina son en gran medida desertores electorales del FMLN. Bukele solo sube si baja el Frente, y solo sube mucho si el Frente baja mucho, a tal grado que para ganar necesita un colapso estrepitoso del Frente a nivel nacional. En otras palabras, solo podría proclamar su victoria parado sobre la tumba del FMLN, como sepulturero de 50 años de lucha popular.

Por eso la recuperación del Frente, tanto si ocurre como si no ocurre, es una de las claves más importantes del próximo evento electoral. Desde un punto de vista cuantitativo no sería muy difícil para el Frente alcanzar cotas que lo pusieran en la rampa de entrada a la segunda vuelta. En su peor versión, sumados sus votos en coalición, en marzo del año pasado, tuvo más del doble de votos que el partido de Bukele. Si no recuperara ni un solo voto de los que desertaron en marzo, pero tampoco redujera ese caudal, tomando el padrón de 2019 y suponiendo una participación similar a la primera vuelta de 2014, el FMLN tendría un piso de 20% de los votos válidos en la elección presidencial.

Los números tienen la gracia de ser exactos. Entre marzo de 2014 y marzo de 2018 el FMLN perdió más de 900,000 votos. Si de ellos recupera solo a tres de cada 10, con la misma hipótesis de participación de 55%, tendrá 30% de los votos válidos. Eso es más -tal vez mucho más- de lo que puede dar por seguro un candidato que tiene una ventaja considerable en las encuestas, pero no tiene todavía probada la conversión de sus simpatizantes en masivo voto popular.

Sería, sin embargo, un error hacer cuentas alegres con los números, porque la recuperación de la confianza ha debido enfrentar enormes resistencias, no solo en la base partidaria, sino también en la base social, tan decisiva en una contienda electoral. La estruendosa caída de 2018 tuvo causas bien diversas, algunas superables, otras no. Muchos votos se perdieron por puntuales decisiones gubernamentales, otros por la bancarrota de los programas clientelares. No vienen al caso los punteos exhaustivos, ni los balances que incluyan elementos positivos. Más que uno u otro desatino, lo que tal vez resulte difícil de perdonar es la frustración de la esperanza popular.

En esta dimensión se sitúa el resentimiento y el reclamo de muchos excombatientes y militantes históricos que se sintieron abandonados y enojados por lo que calificaron como arrogancia de funcionarios y dirigentes partidarios. Y en esta dimensión se sitúa la indignación de la gente por la corrupción y la escandalosa ostentación. Quizá la mayor parte de dirigentes del Frente no se enriqueció, pero al final fue devastadora la tibieza de su posición en materia de corrupción, agresiva cuando los corruptos fueron otros, tolerante y hasta cómplice con los propios.

La decepción en ese aspecto fue crucial, pero al votante menos militante, con clara definición de izquierda democrática, que fácilmente puso medio millón de votos en las dos últimas elecciones presidenciales, también le pesó la reiterada complicidad de la vieja guardia del FMLN con los gobernantes autoritarios de Venezuela y Nicaragua, justo en el momento en que más pisotearon las libertades públicas, anularon los mecanismos democráticos, burlaron la voluntad soberana de sus pueblos, asesinaron estudiantes en las calles y desataron la más odiosa represión contra la oposición.

Por todo esto debe renovarse el proyecto político de izquierda en el país. En el ADN de izquierda hay impulsos y agendas que difícilmente asumirán otras corrientes y que son vitales para amplios segmentos de la población. Entre otras la defensa del consumidor, la protección ambiental, la obra pública comunal, el precio de las medicinas, el alza del salario mínimo, la igualdad de género, el derecho laboral y la política social. Que esta última haya estado mal planteada y convertida en ineficiente programa clientelar, o que en otros temas los gobiernos del Frente lo hayan hecho mal, no implica que estas líneas se deban abandonar.

Pero la renovación del instrumento partidario de la izquierda solo ocurrirá desde el entusiasmo y la energía de la recuperación de su base electoral. En ese camino, Bukele no es la solución. Al contrario, para cualquier proyecto de izquierda es su destrucción. Los militantes tienen derecho a no creer en la capacidad de cambio de la actual Dirección, pero tienen a las puertas, tan pronto como el próximo año, una convención estatutaria para cambiar la situación.

A pocos días de los comicios persiste la incertidumbre sobre la recuperación del FMLN y esta es, sin duda, la clave más importante del resultado electoral. Su candidato ha hecho un gran trabajo. Ha exhibido dotes de estadista y mucho potencial. En la organización y en círculos sociales se perciben aires de remontada y una militancia más energizada, pero las encuestas siguen contándole al Frente una historia de terror. Tienen la palabra los votantes, los de izquierda en este caso. Ojalá no vayan de mal a peor.

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