¿Nuevas ideas o lo mismo de siempre en materia de impuestos y gasto público?

Tiene poco más de un mes el presidente Bukele para preparar su discurso inaugural. Ojalá no nos defraude desde el primer momento haciendo un discurso cargado de vaguedades o de críticas a sus antecesores. Ojalá nos diga, por fin, qué va a hacer. Y ojalá nos diga también qué no va a hacer, cómo se va a distinguir de sus antecesores, cómo piensa llegar a merecer la bancada que quisiera obtener en las elecciones legislativas de 2021. Le propongo unas ideas sobre lo que debe comprometerse a no hacer para que le alcance el dinero para lo que quiere hacer.

Por Joaquín Samayoa

Abr 25, 2019- 04:50

Los ciudadanos le transferimos a diario una buena cantidad de dinero al Estado mediante el pago del impuesto al valor agregado, tasas por servicios estatales y algunos impuestos específicos al consumo de ciertos productos. A más tardar el último día de abril cada año complementamos nuestra contribución forzada, más o menos cuantiosa según lo que resulta en cada caso de la declaración de impuesto sobre la renta. Sumando todo, las personas de clase media alta terminan dándole al Estado cada año aproximadamente un 30% de todos sus ingresos.

En general, las obligaciones tributarias que se le imponen al ciudadano tienen una lógica subyacente: es responsabilidad de todos contribuir al funcionamiento del aparato estatal y al financiamiento de los servicios públicos para beneficio de los sectores más pobres de la sociedad. Lamentablemente, en nuestro país no se cumplen los requisitos que justificarían los pagos que el Estado nos obliga a hacer. Por una parte, el sistema tributario exige de manera muy poco equitativa, solo a los que estamos cautivos en el sector formal, dejando en total libertad al numeroso sector informal de la economía. Por otra parte, el Estado no logra proveer servicios públicos con un mínimo de calidad y eficiencia.

Sobre este último punto, dejemos a un lado, por haberse discutido hasta la saciedad, el tema de la corrupción, que sabemos drena significativamente los recursos del Estado. La deficiente provisión de servicios públicos tiene mucho que ver también con el mal uso de esos recursos. Estoy seguro de que los contribuyentes, como jefes que somos de todos los funcionarios públicos, no aprobaríamos la inmensa mayoría de los gastos que hacen los gobiernos con nuestro dinero. Esto es uno de los mayores desafíos y de las mejores oportunidades para que el nuevo gobierno demuestre que no es más de lo mismo.

Hay una lista muy larga de gastos injustificados que juntos absorben considerables cantidades de dinero en cada período presidencial. Ninguno de los dos partidos que han gobernado El Salvador en los últimos 30 años ha hecho siquiera el intento de corregir este despilfarro de dinero, y por ello la deuda del país se ha ido haciendo cada vez más grande y el pago de los intereses que ella genera es un pesado lastre en el Presupuesto General de la Nación.

Hasta la fecha, el presidente electo no ha dicho nada concreto de lo que se propone realizar. Tampoco ha dicho lo que no va a hacer. En la campaña se limitó a criticar a “los mismos de siempre” como responsables del mal gobierno, e insistió en que el dinero alcanza cuando no se lo roban. Debió añadir: cuando no se malgasta en programas y acciones que en nada benefician a la población.

Tiene poco más de un mes el presidente Bukele para preparar su discurso inaugural. Ojalá no nos defraude desde el primer momento haciendo un discurso cargado de vaguedades o de críticas a sus antecesores. Ojalá nos diga, por fin, qué va a hacer. Y ojalá nos diga también qué no va a hacer, cómo se va a distinguir de sus antecesores, cómo piensa llegar a merecer la bancada que quisiera obtener en las elecciones legislativas de 2021.

Le propongo unas ideas sobre lo que debe comprometerse a no hacer para que le alcance el dinero para lo que quiere hacer.

En primer lugar, en el proyecto de Presupuesto General de la Nación que deberá elaborar en unos pocos meses, suprima el empleo partidario, esos miles de plazas en los tres órganos del Estado que son innecesarias e improductivas, que se han ido incrementando año con año con el único propósito de dar empleo a los allegados y colaboradores de los partidos políticos. El rubro de salarios y prestaciones de cada institución pública debe reducirse al menos en un 30% antes de finalizar el año en curso. Casos como el de la planilla de asesores y colaboradores de cada fracción legislativa constituyen una verdadera ignominia.

En segundo lugar, reduzca a cero todo el gasto de propaganda que va escondido en las partidas de comunicaciones institucionales. Esa partida solo debe cubrir el mínimo necesario para divulgar la información que los ciudadanos debemos tener, como es el caso de los cierres temporales de vías públicas, suspensión del suministro de agua, fechas límite para el cumplimiento de obligaciones ciudadanas, oferta de empleos necesarios, calendarización de matrícula escolar, información en casos de desastres naturales, convocatoria a elecciones, etc.

En tercer lugar, anule gradualmente los programas clientelares que dejan intacta la condena a la pobreza de los menos favorecidos en la sociedad. Cualquier programa asistencialista debe ser muy focalizado y concebirse como un apoyo a acciones educativas y de otra índole que realmente contribuyan a que la gente pueda empezar a superar su condición de pobreza.

En cuarto lugar, haga un verdadero esfuerzo por reducir trámites. Esto dará un poco de oxígeno a los pequeños y medianos empresarios, facilitará la formalización del sector informal, reducirá costos de producción y dinamizará la economía, reducirá la necesidad de empleados públicos para la realización de los trámites que sean realmente necesarios.

En quinto lugar, corte por lo sano el uso de nuestro dinero para que los funcionarios puedan ostentar un estatus social que realmente no tienen. En esta categoría entran viajes, viáticos, carros, motoristas, teléfonos celulares, guardaespaldas, remodelación de oficinas, etc.

Le dejo, presidente Bukele, estas cinco sugerencias. Hay mucho más, pero esto sería bastante para empezar. Verá cuántos cientos de millones le salen como de la nada para hacer un buen gobierno.

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