Un partido no puede ser democrático si funciona como secta

El marxismo-leninismo se caracteriza por una tenebrosa realidad: en algún instante de sus vidas las víctimas mentales de tal ideología se creen ungidas por deidades para decidir sobre las vidas de otros

Por El Diario de Hoy

Jun 24, 2019- 05:30

Los efemelenistas están en toda clase de meneos para recomponer al partido –que funciona como una secta– después de la aplastante derrota sufrida en las últimas elecciones y habiendo, hasta el momento, conseguido medio coronar como primero entre sus pares, a quien muchos dentro y fuera cariñosamente conocen como “coche bomba”.

Empero es un grave error no entender la naturaleza del efemelenismo, ubicarlo en el mapa político de El Salvador, o de cualquier país, como “izquierda”, como nadie en su sano juicio dirá que el castrismo o el chavismo son modalidades de la “izquierda”.

Todos esos esquemas son variantes, pústulas, del marxismo, la infernal doctrina ideada por Marx, que en sus primeros cien años de existencia llevó a la muerte a cien millones de personas.

Marxista en cuanto a su postura básica fue Stalin, como marxistas eran los seiscientos y tantos mil miembros del Partido Comunista ruso a quienes mandó a la muerte.

Marxista fue Lenín, asesinado por orden de Stalin.

Marxistas fueron también Mélida Anaya y Cayetano Carpio, víctimas de no esclarecidas aunque obvias luchas por el control del movimiento.

El marxismo-leninismo se caracteriza por una tenebrosa realidad: en algún instante de sus vidas las víctimas mentales de tal ideología se creen ungidas por deidades para decidir sobre las vidas de otros, se trate de los grupos que de antemano se marcan como enemigos “de la clase trabajadora”, o de sus mismos secuaces o camaradas en armas.

Fue a causa de tales aberraciones que Roque Dalton fue asesinado en 1975, o que mataban de manera atroz a pobres jóvenes campesinos por no mostrar el debido comportamiento “revolucionario” en los años 80.

Los verdugos oían voces desde lo alto que les ordenaban “¡tú dales!”.

Debemos estar en alerta contra los depredadores de la democracia

En todas las sociedades democráticas hay derechas, centro-derechas, centro-izquierdas, izquierdas y hasta extremas izquierdas, pero todas respetando las reglas del juego democrático y la pacífica convivencia de tales corrientes.

Únicamente alguien que crea en pajaritos preñados puede suponer que de llegar a controlar todo el poder el FMLN, como lo pretendían, seguirán existiendo las instituciones propias de un Estado de Derecho, como la separación de poderes y las libertades esenciales de la persona.

Durante las dos últimas cleptocracias rojas la gente pensante en este país tuvo un preámbulo de lo que la entronización del efemelenismo significaría: corrupción, censura total, espionaje permanente contra las personas, prohibiciones para casi todo y mucha hambre.

Las democracias políticas siempre caminan al lado de despeñaderos, expuestas, como sucedió en Venezuela y en Alemania con Hitler, a votar a favor de sus potenciales verdugos.

El riesgo disminuye con el paso del tiempo, como sucede actualmente en Europa, donde en la mayoría de países existen muchos partidos, lo que obliga a formar coaliciones.

Siempre existe el riego de que surjan líderes carismáticos, o rebrote el nacionalismo como actualmente en Italia con Salvini, o movimientos endemoniados como los antisemitas en muchas naciones, los “chalecos amarillos” en Francia y los neonazis en Alemania se lancen contra la civilización.

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