A la pandemia se suman la improvisación y las arbitrariedades

La postura de no consultar con nadie, aparentemente ni siquiera con sus allegados, es en parte culpable de ordenar una cuarentena improvisada a todos los recién llegados que puede de golpe generar un problema gravísimo si unos pocos de los encerrados sufren del virus y contagian al resto

Por El Diario de Hoy

Mar 16, 2020- 00:28

La Asamblea Legislativa decretó un Estado de Emergencia y suspendió algunas garantías constitucionales, pero protegiendo la libertad de expresión y otros derechos fundamentales.

Pese a ello, El Salvador siempre está bajo el acoso de troleros oficialistas que amenazan, insultan, desinforman e inundan el internet con alabanzas al presidente, a sus funcionarios y allegados.

Entre las muchas pisoteadas a nuestras leyes, a la convivencia y como muestra de que persiste la violencia derivada del bukelazo del 9F, se agrega la gritada de groserías que un diputado oficialista profirió contra sus colegas en la Asamblea por no aprobarse cuando se presentó la moción de suspensión de los derechos constitucionales. El energúmeno pretendió que por el solo hecho de pedirlo el régimen, el asunto debió aprobarse sin discusión.

El régimen nunca superará la marca que lleva de la brutal toma de la Asamblea Legislativa con una soldadesca en un intento de asumir el poder dictatorial, perpetuarse como los Castro y Maduro, aunque todas las dictaduras del momento enfrentan el horror de la pandemia del coronavirus.
La grosería del diputado solo muestra el grado de prepotencia e intolerancia con el que se comportan muchos allegados al nuevo oficialismo y el régimen despótico que aspiran a imponer.

Lo que puede pasarnos se ilustra con el drama del crucero en Japón

La postura de no consultar con nadie, aparentemente ni siquiera con sus allegados, es en parte culpable de ordenar una cuarentena improvisada a todos los recién llegados que puede de golpe generar un problema gravísimo si unos pocos de los encerrados sufren del virus y contagian al resto de personas que están en el mismo recinto.
Los confinados se han quejado de que están mezclados, no se han separado por fecha de llegada y país de procedencia y no tienen condiciones adecuadas en los albergues, salvo por la ayuda que la empresa privada y demás

ciudadanos están haciendo llegar. Incluso el sábado los albergados de Jiquilisco armaron barricadas para impedir que les sigan llevando a más gente, porque esto solo agrava el hacinamiento. Otros denunciaron que se sentían como en un campo de concentración, lo que refleja la forma con que mucho puede manejarse en el futuro si se mantiene el curso hacia la barbarie.

El Gobierno dice que hay ya 1,241 personas en 19 centros de cuarentena.

Lo procedente es hacer una prueba clínica a los que van entrando al país, uno a uno, como las que se hicieron los presidentes Trump y Bolsonaro. Si los resultados son buenos, pueden ellos irse a sus casas.

Una prueba clínica cuesta dinero, pero mantener las cuarentenas en la forma como están efectuándose, es muchísimo más costoso para los viajeros y país. Si el precio es de tres mil dólares por prueba, por mil encuarentenados el coso será de tres millones, muchísimo menos que sostener lo que han montado irreflexivamente.

El más escalofriante ejemplo de lo que una torpeza puede causar es el crucero del Diamond Princes en el Japón. En un inicio fueron detectados diez casos de coronavirus, pero las pésimas medidas de los encargados de manejar el brote llevaron a que prácticamente setecientos y tantos pasajeros se contagiaran.

Tarde o temprano el mal va a propagarse, más y más grupos serán afectados, el país va a sufrir mucho, comenzando por el estado ruinoso en que los dos regímenes efemelenistas dejaron el sistema de salud.

Trabajar “a marchas forzadas” para poner en pie centros de asistencia y divulgar sensata información sobre lo que la población debe hacer, es la mayor prioridad en estos momentos.

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