El “socialismo” es siempre hambruna; a los cubanos les darán tripa de gallinas

En las democracias siempre son posibles las correcciones, pues la gente denuncia, acuerpa, ayuda a encontrar nuevos rumbos. Bajo las dictaduras, como la que nos amenaza, se pierde toda opción...

Por El Diario de Hoy

Sep 17, 2020- 19:29

En Cuba, al igual que en Corea del Norte y todo país “socialista” que haya llegado al extremo de la pita, a las inexorables consecuencias del marxismo en su etapa final, “la sociedad sin clases, el paraíso de los trabajadores”, etcétera, se ha ordenado usar las tripas de gallina como alimento, aun de las más famélicas y raquíticas, de las gallinas que hayan sobrevivido al hambre de los cubanos, aunque no se menciona qué se debe hacer con las plumas de esas desventuradas aves de corral cuyo destino es similar al de las mascotas en Norcorea.
No lo mencionan por pudor, pero deben de estar tras murciélagos, ratones, culebras… cuando hay hambre hay hambre y si se mueve o no se mueve, igual van a dar a la olla, si no es que se comen crudos como bajo el glorioso liderazgo de Mao que llevó a la muerte cerca de sesenta millones de chinos.
Cuando Nikita Kruschev, quien quedó a la cabeza de la Unión Soviética a la muerte de Stalin y después de que la cúpula estrangulara a Lavrenti Beria, el jefe de la KGB —sin imaginar que varios decenios más tarde otro jefe de la KGB, Putin, iba a montar una dictadura sostenida por el mismo aparato represivo— fue a Estados Unidos a ver con sus propios ojos la realidad del país, del capitalismo, no salía de su asombro al descubrir que una cosa es la propaganda y otra la realidad.
En América, creía, unos pocos capitalistas sometían, casi en carácter de siervos, a “masas desposeídas”, forzadas a trabajar como autómatas en fábricas y campos, como lo presentó Charles Chaplin, que era comunista, en su cinta “Los Tiempos Modernos”: los obreros están forzados a trabajar en líneas de montaje; allí los alimentan “automáticamente”, sin descanso.
En su periplo por la nación, Krushev pedía que detuvieran su caravana frente a un motel, un restaurante, un campo sembrado de trigo… lo que fuera, para preguntar de quién era aquello… “Mío y de mi esposa señor…, el campo lo trabajamos conjuntamente con mis hermanos… nos ha empleado la compañía dueña…”.

La democracia permite corregir, salvar abusos, premiar a los que satisfacen necesidades

Había más trigo y maíz en esas inmensas planicies que en todas las granjas colectivas soviéticas, kolhozes siempre deficitarios e incapaces de alimentar debidamente a la población, o de fabricar las prendas, aparatos, automóviles que necesitara la gente.
Bajo el capitalismo, con frecuencia, el problema son los excedentes, como lo son en Argentina, en Brasil, en Europa.
Hay —siempre hubo— grupos de poder, grandes banqueros, consorcios… y asimismo se dan prácticas inmorales, actos de fuerza. Es parte de la naturaleza humana.
En septiembre de 1913 murió en circunstancias no del todo esclarecidas Rudolf Diesel, el inventor del motor que lleva su nombre, aunque se dice que fue víctima de sórdidos intereses petroleros, pero igual fueron sindicalistas los que asesinaron a Jimmy Hoffa, un líder que ponía en riesgo el control de otros grupos, luchas sórdidas que se exponen en la cinta “On the waterfront” con Marlon Brando.
No hay sistemas perfectos por el hecho de que no hay sociedades perfectas. El sindicalismo en Estados Unidos está desvaneciéndose y quedan solo sindicatos de estibadores y magisteriales.
Pero en las democracias siempre son posibles las correcciones, pues la gente denuncia, acuerpa, ayuda a encontrar nuevos rumbos.
Bajo las dictaduras, como la que nos amenaza, se pierde toda opción…

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