La última ocurrencia: un impuesto a la comida del pueblo

La sola propuesta es maligna, porque las comidas rápidas, las pizzas, el pollo frito, los frijolitos fritos con crema, son con frecuencia lo que familias de bajos recursos compran, lo que muchos trabajadores y empleados ordenan para su almuerzo, los “combos” que se ofrecen

Por El Diario de Hoy

Nov 05, 2020- 20:43

Un impuesto del 5 por ciento a la comida rápida, la comida popular, la que se compra cuando no hay para más en muchos casos, impulsan diputados partidarios de Bukele en la Asamblea. Este impuesto, dicho sea de paso y de acuerdo con abogados constitucionalistas, reñiría con disposiciones de nuestra Carta Magna, como fue el impuesto a llamadas y comunicaciones al exterior que la Sala de lo Constitucional recién declaró inválido.

Por ese camino sólo falta que propongan un impuesto a las tortillas, a la sal, al pan…

El diputado René Portillo Cuadra no dudó en calificar la propuesta como “una tontería”, en tanto que las demás bancadas expresaron su rechazo por el golpe que significaría al bolsillo de la gente.

Cierta clase de funcionarios se la pasan maquinando para encontrar nuevas formas de desplumar a la gente, pues sus salarios y prestaciones están relativamente asegurados y pagar un tantín más por sus almuerzos no les afecta, pero la mayoría de salvadoreños y pobladores de nuestro país deben ingeniárselas, día a día, para salir adelante.

La más contundente evidencia de esto son las banderas blancas que se ven en las carreteras, un llamado a la solidaridad y la cordura, a poner orden en el manejo de la cosa pública y marcar un alto al saqueo que se perpetra a la vista de todos los que quieran ver, pues hay quienes que por razones de su cargo no miran, son en tal sentido oficialmente ciegos.

Además, un impuesto de estos es en su mayor parte incobrable, además de que el aparataje que tendría que ponerse en pie para recaudarlo al milímetro sería más costoso que lo que se ingrese, como sucedió con el impuesto a herencias, una ocurrencia que fue descartada por las mismas razones.

En su momento, el Profe ideó un impuesto a las transacciones bancarias que en su abismal ignorancia supuso que solo lo pagarían los bancos, hasta que le hicieron ver que todo impuesto, de la naturaleza que sea, lo terminan pagando todos en un país, ricos y pobres, viejos y jóvenes.

La sola propuesta es maligna, porque las comidas rápidas, las pizzas, el pollo frito, los desayunos y cenas de frijolitos fritos con crema y pan con café, son con frecuencia lo que familias de bajos recursos compran, la comida del camino, lo que muchos trabajadores y empleados ordenan para su almuerzo, los “combos” que se ofrecen, con todo y una gaseosa, por tres, cuatro o cinco dólares, accesible para muchísimas personas. Es lo que muchos padres piden para sus niños los domingos…

Tocará a las venideras generaciones recoger los escombros del desastre

Los impuestos, la voracidad fiscal, empobrecen a los pueblos, pues como lo dijo en una ocasión Ronald Reagan al ser entrevistado cuando era gobernador de California, es suponer que las burocracias van a gastar mejor ese dinero que quienes lo generan.

Es valiéndose de lo recaudado que los burócratas se las pasan fraguando formas para gastarlo, como un “estudio” que se hizo entonces para determinar qué hace feliz a la gente, “descubriendo nada más y nada menos que los que tienen dinero son más felices que los que no tienen dinero”, a menos, desde luego, que busquen la camisa del hombre feliz como en un cuento de antaño en que al encontrar al hombre feliz descubrieron que no tenía camisa….

El saqueo del desgobierno, saqueo al cual se quiso sumar lo de la comida rápida, lo está pagando desde ya toda la gente en nuestro suelo, tanto médicos y personal de salud que no cuentan con la debida protección para no infectarse del COVID-19, como nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, a quienes tocará recoger los escombros…

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