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Los tiranos terminan por aniquilar hasta a los que creen en ellos

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas guardé silencio, ya que no era comunista; cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio, ya que no era socialdemócrata; cuando vinieron a buscar a los sindicalistas no protesté ya que no era sindicalista; cuando vinieron a llevarse a los judíos no protesté, ya que no era judío; cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar...”

Por El Diario de Hoy |

Lo que publicamos al inicio, titulado como “Primero vinieron…”, es el punto de partida de un poema escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller (1892-1984). Trata sobre la cobardía de los intelectuales alemanes tras el ascenso de los nazis al poder y la subsiguiente purga de sus objetivos escogidos, grupo tras grupo.

Muchas variaciones y adaptaciones en el espíritu del original se han publicado en varios idiomas, retratando el engaño de Hitler a Niemöller, quien se dejó llevar por sus promesas, pero fue arrestado el 1 de julio de 1937 y entregado a un Tribunal Especial el 2 de marzo de 1938 para ser juzgado por actividades contra el Estado. Fue condenado a siete meses de cárcel y a una multa de 2,000 marcos.

Como el tiempo que había estado detenido superaba la condena de prisión, Niemöller fue liberado por el Tribunal tras el juicio. Sin embargo, justo después de abandonar el tribunal, fue arrestado de nuevo por la Gestapo de Heinrich Himmler, posiblemente porque Rudolf Hess encontró la sentencia demasiado benigna y decidió una acción sin piedad contra él. Fue internado en los campos de concentración de Sachsenhausen y de Dachau desde 1938 hasta 1945.

Su ex compañero de celda Leo Stein, quien fue liberado de Sachsenhausen para luego viajar a América, escribió un artículo acerca de Niemöller para el National Jewish Monthly en 1942. Stein cuenta que tras preguntarle a Niemöller por qué había apoyado al Partido Nazi inicialmente, Niemöller contestó:

“Yo también me he hecho esa pregunta. Me lo he preguntado tantas veces como lo he lamentado. Además que Hitler me traicionó. Tuve una audiencia con él, como representante de la Iglesia Protestante, justo antes de que fuera Canciller, en 1932. Hitler me prometió, por su palabra de honor, proteger a la Iglesia y no promulgar leyes anti-eclesiásticas. También accedió a no permitir linchamientos (pogromos) contra los judíos, asegurándome lo siguiente: ‘Habrá restricciones para los judíos, pero no habrá guetos, ni linchamientos, en Alemania’ ”.

“Yo también creía firmemente, dado el antisemitismo difundido en Alemania en esa época, que los judíos tenían que renunciar a obtener puestos de gobierno o escaños en el Reichstag. Había muchos judíos, especialmente entre los sionistas, que tenían un punto de vista similar. La promesa de Hitler me satisfizo en esa época. Por otra parte, yo odiaba el creciente movimiento ateo, apoyado y mantenido por socialdemócratas y comunistas. Su hostilidad hacia la Iglesia hizo mantener mis esperanzas en Hitler por una temporada. Ahora estoy pagando ese error; y no solo yo, también otros miles de personas como yo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Niemöeller se incorporó hasta el final de sus días al movimiento pacifista; llegó a ser presidente del Consejo Mundial de Iglesias en 1961.

Creer en la palabra de un dictador en potencia es fue como dormir con una serpiente

Cuando una persona es apresada por defender alguna postura, pero no tiene nada que ver conmigo, lo ignoro. Y así sucesivamente van otros cayendo pero no protesto, hasta que llega mi turno y nadie protestará…

Es lo que viene sucediendo en nuestro país. Una persona o un grupo son agredidos y perseguidos, o amenazados, pero el resto no protesta… hasta que les llega su turno.
Es lo que ha sucedido con el grupo de personas apresadas sin seguir ningún proceso, como el caso de la científica Erlinda Handal, la doctora Violeta Menjívar, el exministro Cáceres, el ex-alcalde de San Salvador, Muyshondt, que fue mantenido en la cárcel pese a haber una orden judicial para darle su casa por cárcel… En ninguno de estos casos se ha permitido que sus familiares los visiten, les lleven medicamentos, pregunten por su condición, que en el caso del suegro de Funes es abominable.

Los atropellados son muchos pero nada se dijo hasta ahora, después del 15 de septiembre, cuando la población abrió los ojos y masivamente se manifestó contra la tiranía y sigue haciéndolo…

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