El periodismo nos hace partícipes de triunfos y calamidades de una nación

Salimos de una para caer en otra, esta vez la amenaza de una dictadura, tan voraz, inhumana y empobrecedora como las peores de este siglo.

Por El Diario de Hoy

Jul 30, 2020- 19:52

Los periodistas estamos informados día a día, minuto a minuto, sobre los sucesos que en todos los órdenes de la vida del país tienen lugar, desde lo que mueve la política, lo que declaran y hacen funcionarios, gremiales, tanques de pensamiento, municipios, grupos sociales y la gente, hasta lo que afecta el tránsito, los fenómenos atmosféricos, lo que sucede en la región y el mundo.
En este oficio, el más interesante imaginable, las buenas cosas, las historias de éxito, los logros de muchos nos alegran, desde los admirables desempeños de nuestros deportistas, emprendedores, cantantes, músicos, hasta lo que un grupo de estudiantes obtiene gracias a su esfuerzo.
Pero asimismo los desastres de toda índole, tragedias personales, sufrimiento de familias y damnificados, el asesinato y los “desaparecimientos” de jóvenes, los abusos de autoridad, los infanticidios y feminicidios nos llegan al alma, angustian, entristecen.
Por ejemplo, el horror que sufren familias soterradas por derrumbes, los que mueren arrastrados por corrientes de aguas desbordadas, las familias que pierden sus casas como recientemente los vecinos de la colonia Nuevo Israel, el caso de la señora que por rescatar sus pocas pertenencias murió al caer en un torrente, es la sombra que nos persigue.
Minuto a minuto en la Redacción de EL DIARIO DE HOY seguimos el terrible drama de la familia Melara Salamanca, dos padres y cinco hijos, soterrados cuando un paredón cayó sobre su vivienda al inicio del invierno.
Las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal causaron muchas muertes y destrucción, en un país golpeado por la pandemia, por las torpes medidas impuestas por el régimen, por los encuarentenamientos montados por politicastros —no por epidemiólogos y profesionales experimentados—, por las medidas que vulneran derechos y libertades fundamentales de la gente.
“Llueve sobre mojado”. Las desgracias vienen golpeando a la colectividad desde que surgieron las bandas criminales calcadas de los grupos que lanzaron primero los desórdenes y la violencia urbana en la década de los Setenta, para culminar con la guerra que cobró la vida de setenta y tantos mil salvadoreños.
Estos mismos asesinaron académicos, empresarios, estudiantes, poetas, entre ellos Ernesto Regalado, Francis Guerrero, Francisco Peccorini, Gabriel Payés, Roberto García Alvarado, Edgar Chacón, Roberto Poma…

La pandemia y los huracanes, tan mortíferos como dictaduras voraces que matan por hambre

Los desastres continúan. Con estupor conocimos la tragedia de la familia del entrenador Omar Pimentel, asesinada por pandilleros en Sonsonate. Niños, adultos, hermanos, padres con sus hijos, transportistas siguen muriendo por la criminalidad.
Cada uno de estos horrores queda en la memoria de los periodistas, editores, camarógrafos…
Nunca olvidaremos el caso de una muchachita de cuatro años que jugaba de ir a la escuela pero fue asesinada por pandilleros, como los niños que ven cómo sus padres o hermanos son asesinados.
Es el lado amargo de nuestra profesión, del noble y maravilloso oficio que ejercemos.
¿Es que nosotros los periodistas, nosotros los salvadoreños, lograremos superar esta pesadilla que sufre un pueblo que en el pasado se distinguió por su cordialidad, su laboriosidad, su empeño por superar escollos en el camino?
Salimos de una para caer en otra, esta vez la amenaza de una dictadura, tan voraz, inhumana y empobrecedora como las peores de este siglo.
Las dictaduras roban vidas, almas, bienes, libertades y la riqueza de los pueblos… Luego roban mentes, embrutecen, persiguen, matan…

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