Todos sufrimos por las víctimas de la pandemia

Los héroes en esta terrible batalla son los trabajadores de salud, los médicos, asistentes, enfermeros y enfermeras, técnicos hospitalarios, personal de logística y protección... Reciban ellos la gratitud eterna de todos en esta tierra.

Por El Diario de Hoy

May 10, 2020- 20:17

Quienes gracias a circunstancias favorables hemos podido encuarentenarnos —y son muchas las familias que están en un encierro disfrutando a sus hijos, a hermanos, padres— sufrimos por quienes no pueden hacerlo, que tienen que salir a vender para dar de comer a sus familias, a muchos de los transportistas, a dependientes de negocios a domicilio, a jóvenes repartidores, a los encargados del tren de aseo, pero también a quienes están retenidos en “centros de contención”, que han caído víctimas del coronavirus y mueren o sobreviven con perjuicios a su salud.
Los héroes en esta terrible batalla son los trabajadores de salud, los médicos, asistentes, enfermeros y enfermeras, técnicos hospitalarios, personal de logística y protección… Reciban ellos la gratitud eterna de todos en esta tierra.
Una de las últimas víctimas de la pandemia fue la señora encargada de la farmacia de una unidad de salud, quien se contagió y no pudo vencer el mal. Como ella, son incontables los empleados de dependencias, de policías, de transportistas que se contagian y no logran salvarse, tanto dentro como fuera del territorio.
En los países desarrollados los grupos más vulnerables son las minorías, los afroamericanos, los hispanos, los trabajadores extranjeros, como en Europa. Sus tareas y sus formas de vida no les permiten contar con los recursos para protegerse mejor, aislarse, lo que está causando una gran mortandad y mucho sufrimiento.
Lo que aflige es que frente a la amenaza terrible de la pandemia hay movimientos contra el distanciamiento personal, contra la prohibición de aglomeraciones, contra las vacunas. Hay gente que rehúsa vacunar a sus hijos, que pone en duda la eficacia de lo que el tiempo ha demostrado como una gran protección para todos, borrar de golpe lo que logró Jenner, un gran medico inglés, al desarrollar una vacuna contra el terrible mal de entonces, la viruela.
Robert Koch desarrolló una vacuna contra la tuberculosis; Joannes Salk, contra la poliomielitis; Pasteur, un tratamiento contra la rabia, empleado hasta el día de hoy.

Dios se apiade de tantas personas expuestas a enfermarse y a morir

El gran, grave problema que sufrimos los salvadoreños es que la lucha contra la pandemia no la encabezan los más acreditados expertos en infecciones, profesionales en las distintas fases que presenta la enfermedad, desde detectar quién está o no infectado, sino a lo que se le ocurre al presidente y su grupo, que no consultan con nadie o al que consultan es al ministro de salud nombrado por él y que no se atreve a replicar lo último que decide.
Eso ha llevado a los campos de concentración donde meten por la fuerza a infectados y no infectados, sin que además a casi ninguno se le informe sobre los resultados de las pruebas que se les hacen. Dos periodistas de este Diario pasaron por ese infierno y se conduelen de los sufrimientos y penurias que les tocó presenciar.
Como hemos ya dicho, el distanciamiento personal es un lujo solo al alcance de los pobladores del Primer Mundo y de grupos sociales en todas las latitudes con alguna holgura en sus ingresos.
Pero todos, o la mayoría, sienten el sufrimiento ajeno, se conduelen por lo que están pasando personas mayores, jóvenes y niños menos protegidos.
Dios quiera que se encuentren pronto medicamentos para salvar a pacientes, vacunas para proteger a todos en el mundo y especialmente a los más vulnerables, aunque aparentemente no hay grupos exentos del peligro, “todos”, en menor o mayor grado, estamos expuestos, como durante la Edad Media la peste negra no respetaba a nadie.

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