¡Todos a cumplir las disposiciones para evitar la propagación del coronavirus!

Vecindarios y familias deben ahora contribuir al respeto de los espacios que compartimos y, en el caso actual, acatar disposiciones que impone la lucha contra el terrible flagelo. Todos tenemos que cumplir el encierro

Por El Diario de Hoy

Mar 22, 2020- 18:40

El confinamiento total, con las lógicas exenciones para entregas de comida, de medicinas, para mantener en funcionamiento servicios esenciales, es una medida acertada para impedir que las infecciones por el coronavirus lleguen en pocas semanas a un punto que hagan colapsar las capacidades médicas del país y provoquen una mortandad terrible entre todos los sectores, pero particularmente entre los grupos de menor ingreso.
La mayoría de nosotros —unos más, unos menos— no tiene la costumbre de lavarse las manos varias veces al día o de ser muy ordenado, por lo que vecindarios y familias deben ahora contribuir al respeto de los espacios que compartimos y, en el caso actual, acatar disposiciones que impone la lucha contra el terrible flagelo.
Todos tenemos que cumplir el encierro, con la excepción de aquellos que por la naturaleza de su labor tienen que moverse por la ciudad, estar al frente de negocios como farmacias, bancos y supermercados, hacer entregas a domicilio, coordinar labores de actividades que deben continuar para que no mueran, como en el caso de “call centers”, donde unos pueden hacerlo desde sus casas pero otros en las oficinas, guardando las distancias obligadas entre ellos.
En cuanto al sector informal, exonerarlos de pagos de impuestos no les beneficia pues no sufren esas cargas. Su necesidad es continuar operando para comer, o tener ayuda al respecto, como fue el caso durante la Gran Depresión de los Años Treinta en Estados Unidos y el reparto de víveres y sopa a la gente.
Dos expresidentes de EE.UU., John Kennedy y Ronald Reagan, superaron sendas desaceleraciones económicas reduciendo impuestos.
Cabe agregar que de Kennedy puede decirse que fue candil de su casa y gran oscuridad para sus vecinos al sur del Río Grande y en especial para centro y sudamericanos, pues en la misma manera como redujo impuestos en su país, lanzó su plan de “Alianza para el Progreso” que estuvo a punto de llevarnos a los salvadoreños a una congolización, pues se obligó al país, entre otras truculencias, a decretar un impuesto sobre la renta del setenta y seis por ciento del ingreso, el más alto del mundo en ese entonces.

¿Tienen los salvadoreños que sostener un monstruo con hidrocefalia?

El presidente Bukele ha llamado a participar en la formulación de las políticas económicas a personas que tienen la responsabilidad de sostener la producción de bienes y servicios, los empleos de más de un millón de personas, de incorporar nuevas tecnologías al quehacer nacional, que son parte de los engranajes esenciales en las cadenas de producción.
Todo programa tiene que ir adaptándose a las circunstancias o imprevistos problemas que surjan, ir arreglando las cargas en el camino.
Pero también Bukele hizo énfasis en que “todos debemos sacrificarnos”, pero eso debe incluir a la hipertrofiada burocracia que a los salvadoreños nos toca sostener, pues, dijo, “no recortará sus salarios”.
“La mona no está para tafetanes”, y en las actuales y terribles circunstancias, para sostener un gigante con hidrocefalia que muy poco está aportando al bienestar de la Nación.
Aquí vale aplicar el viejo dicho: o todos en la cama o todos en el suelo.
El país más tranquilo en estos momentos es Cuba, pues ellos tienen sesenta años de estar encuarentenados. Para ir de una ciudad a otra necesitan un pasaporte y pasar un interrogatorio para justificar su viaje…

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