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El mundo recuerda a las víctimas de los ataques terroristas contra EE.UU.

Los grupos enloquecidos operan en diversas partes del mundo, en África, en Asia, en América y en el Medio Oriente en aras de “defender” al Islam, una postura que no apoya la inmensa mayoría de musulmanes, como se ha manifestado en el mismo Afganistán, donde el grueso de la población rechaza el fanatismo extremo de los talibanes, empeñados en devolver el país 1,500 años atrás en el tiempo.

Por El Diario de Hoy |

El ataque contra Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, perpetrado por fundamentalistas islámicos, cambió el curso de la historia, estableciendo un antes y un después, un brutal despertar frente al extremismo musulmán que se manifiesta en múltiples formas.
En esa trágica fecha, AlQaeda, un movimiento enloquecido fundado por el multimillonario saudí Osama bin Laden, estrelló dos aviones con pasajeros contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y un cuarto, que volaba hacia la Casa Blanca o al Capitolio, fue derribado cuando los pasajeros sometieron a los terroristas, el avión perdió control y cayó en Pensilvania.
Casi tres mil personas perdieron la vida en las Torres Gemelas, entre ellas la salvadoreña Gloria Pocasangre, que iba en una de las aeronaves.
Fue otro millonario, pero estadounidense, Jimmy Carter, quien montó la conjura para derrocar al Sha de Irán en 1979 e instalar en el poder a enloquecidos ayatolas, lo que alentó el surgimiento de grupos radicales en el Medio Oriente, bandas que hasta entonces el monarca vigilaba y combatía.
La fecha marca el inicio de una permanente ofensiva de los radicales islámicos contra el mundo occidental y todas aquellas naciones que profesen creencias distintas.
El mundo conmemoró ayer la fatídica fecha, rindió un multitudinario homenaje a las víctimas, se dieron muestras de hermandad con los hijos, los esposos y esposas de los desaparecidos, así como también a los héroes de ese trágico día en el que murieron 300 bomberos, 85 policías y a quienes ayudaron a muchos de los ocupantes de las torres a escapar, entre ellos la persona que abrió las puertas de las escaleras de emergencia, que lleva una vida sencilla reviviendo en su memoria esos aciagos momentos.
A partir de los atentados, el mundo, la civilización, lucha contra el terrorismo, la intolerancia extrema, las bandas jihadistas.
El año pasado, en el 2020, los enloquecidos jihadistas perpetraron 2,350 atentados que causaron la muerte de 9,748 personas, sin contar los asesinatos de los talibanes en Afganistán, que han segado la vida de mujeres, hombres y niños.
Un occidental que logró escapar de Afganistán dice que nunca olvidará el rostro de un niño cuando se dio cuenta de que uno de esos criminales lo iba a estrellar contra un muro para matarlo...
Un documental de Netflix con escenas montadas e insertando lo que se grabó entonces muestra el caos causado por los ataques en Nueva York y la desesperación de bomberos y policías para socorrer a los atrapados dentro de las torres, lo que causó la muerte de cientos de ellos.

El fanatismo y la intolerancia son el horror que siempre pesa sobre la humanidad

Los grupos enloquecidos operan en diversas partes del mundo, en África con el Boko Haram, en Asia con el Abu Sayaff, en Medio Oriente con Hezbollah, ISIS y AlQaeda, todos en aras de “defender” al Islam, una postura que no apoya la inmensa mayoría de musulmanes, como se ha manifestado en el mismo Afganistán, donde el grueso de la población rechaza el fanatismo extremo de los talibanes, empeñados en devolver al país 1500 años atrás en el tiempo.
Este mismo año un relativamente joven extremista, culpable de asesinar a cerca de 170 franceses y belgas en varios atentados, dijo ser “un soldado al servicio de Alá y su profeta Mahoma”, aunque nadie en su sano juicio asocie lo uno con lo otro.
La mujer es una de las principales víctimas del fanatismo extremo, pues se les niega educación, se les obliga a cubrirse con velos, se les persigue, lo que ha llevado a una grotesca situación: que la mayoría de maestras y educadoras en Afganistán son mujeres, por lo que tampoco los niños pueden educarse.

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