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“Señor ministro, ¿dónde están mis hijos”, clama la madre de dos jóvenes desaparecidos

En las redes sociales la declaración del ministro de Justicia y Seguridad generó repudio e indignación, ya que sonó como si hubieran querido reducir los hechos a la desaparición de dos jóvenes por andar con malas compañías y tapar así una deficiente investigación, pues sólo hay dos capturas, no aparecen las víctimas y el caso no está resuelto totalmente a mes y medio de los hechos.

Por El Diario de Hoy |

Los salvadoreños vieron conmovidos cómo la señora Ivette Toledo clamó en la televisión nacional: “Señor ministro, ¿dónde están mis hijos?”, los hermanos Karen y Eduardo Guerrero, que están desaparecidos desde el 18 de septiembre.

La angustiada madre desvirtuó que sus hijos anduvieran en malos pasos, como aseguró el gabinete de Seguridad, que no se pronunció sobre las investigaciones hasta un mes y medio después de sucedidos los hechos.

En las redes sociales la declaración del ministro de Justicia y Seguridad generó repudio e indignación, ya que sonó como si hubieran querido reducir los hechos a la desaparición de dos jóvenes por andar con malas compañías y tapar así una deficiente investigación, pues sólo hay dos capturas, no aparecen las víctimas y el caso no está resuelto. Para rematar, los funcionarios alegan que el auge de los desaparecidos —un verdadero drama para cientos de familias— es para afectar la imagen del régimen.

Esa misma indignación generó la declaración de un diputado oficialista, tan incondicional al grupo en el poder, que no tuvo empacho en decir que “no se puede asignar un policía para cuidar a cada ciudadano”. Esto constituye también una despreciable burla al creciente horror de las “desapariciones”, perpetradas en la mayoría de casos por grupos criminales que se ha denunciado que mantienen entendimientos con el régimen.

En ninguna parte del mundo hay policías asignados a cada poblador, pues se estructura la seguridad general alrededor de cuerpos eficientes cuya labor es dar seguimiento a criminales, monitorear lo que sucede en las calles, valerse de video vigilancia...

Sin embargo, en El Salvador no puede haber un policía por cada ciudadano, pero sí dos agentes o soldados para cuidar las casetas de Chivo S.A. de C.V.

Otro caso que ha conmovido al país es el de tres trabajadores que laboraban en la zona de El Boquerón, a quienes una “clica” los desapareció. Las fotografías de los individuos capturados muestran a un grupo de cuasi bestias totalmente depravadas, donde todo rasgo de lo que es un ser humano se ha perdido, lo que recuerda la historia de Robert Louis Stevenson sobre el Dr. Jeckyll y Mr. Hayd: el mensaje del autor es que en todo hombre coexisten lo humano y lo cavernícola, lo que impone sobre las familias y las sociedades la tarea de humanizarlos, de borrar lo diabólico.

La burla del diputado de marras es un sarcasmo que trata de echar tierra sobre un hecho: que el régimen está más ocupado en promover sus intereses que en el bienestar del país, la seguridad de la gente, la tarea esencial de todo buen gobierno del mundo.

No puede haber “un policía cuidando a cada persona”, pero se ha anunciado un incremento de veinte mil soldados para cuidar a UNA sola persona, al aspirante a dictador vitalicio.

Las dictaduras prosperan debido a lambiscones y esbirros

En cada país bajo un Orden de Derecho la labor policial es organizada lo mejor posible de acuerdo a los recursos disponibles, un proceso de “ensayo y error”, de aprender de experiencias, ir refinando sistemas.

En las dictaduras, como fue en la despanchurrada Unión Soviética y rige en Cuba, en Norcorea y en los despotismos pasados y presentes, la labor policial se complementa con delatores, los clásicos “soplones” que vigilan vecinos y hasta familiares.

En Cuba los niños son arrebatados a sus familias para indoctrinarlos, “lavarles el coco” y convertirlos en espiones, al punto que gran parte de la gente se cuida de no decir o actuar en una forma que lleve a alguien a denunciarlo.

El régimen en este suelo se vale de todo para perseguir a críticos, opositores, a todo aquel que le haga sombra, como ha quedado expuesto con las capturas sin seguir procesos ajustados a la ley, o el horror al que tienen sometido al exalcalde de San Salvador, Muyshondt.

Los despotismos existen porque se rodean de lambiscones, de esbirros, de “yes-men”, de amorales que se venden para recibir prebendas, para que les den, como los diputados de NI, salarios y emolumentos que jamás de los jamases habrían conseguido por sí mismos...

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Asamblea Desaparecidos El Salvador Opinión

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