Países y ciudades luchan por sobrevivir al tiempo y los cambios

Europa está pasando por un momento difícil en el que pequeñas ciudades son paulatinamente abandonadas por sus pobladores, como ha sucedido en ciertas partes de los Estados Unidos.

Dic 27, 2018- 22:09

¿Mueren ciudades y mueren países? La Segunda Guerra Púnica entre romanos y cartagineses, hace más de dos mil doscientos años, terminó con el papel de África del Norte como el granero de Europa, la región más fértil del Mediterráneo. Babilonia dejó de existir aunque muchos consideran a Bagdad como su reencarnación, pero poblaciones menores se van sin dejar rastro.

Hay ciudades que no mueren porque las sostienen artificialmente, como a un moribundo en una cámara de oxígeno, como es el caso de Brasilia, la ciudad que el corrupto de Juscelino Kubitschek montó “en el centro del Brasil”, donde previamente compró tierras, un lugar donde no hay agua, la cual debe abastecerse a un gran costo.

Europa está pasando por un momento difícil en el que pequeñas ciudades son paulatinamente abandonadas por sus pobladores, como ha sucedido en ciertas partes de los Estados Unidos, entre ellas Pontiac en Michigan, convertida en una especie de citadela del crimen.

En Europa, a medida que la agricultura se mecaniza, ciudades que eran centros de producción agrícola importante están siendo abandonadas, lo que lleva a muchos de esos poblados a ofrecer casas y dinero a quienes se avecinen en ellas. El alcalde de Lampedusa, en el sur de Italia, ha hecho tal clase de oferta a quienes fijen allí su residencia.

La pequeña ciudad de Pedraza, de la provincia de Segovia en España, era ya importante en tiempo de los romanos y se disputaba con Itálica (que se transformó en Sevilla) el honor de haber sido el lugar donde nació el gran emperador Trajano, una importancia que lo atestigua el Acueducto de Segovia, un canal de agua que funciona después de casi dos mil años de haberse construido y una atracción turística de primer rango en el mundo.

Pero Pedraza, que hasta hace poco era un poblado famoso por su gastronomía y que contaba con un movimiento comercial de relativa importancia, con hostales, anticuarios, tiendas de artesanías y bullicio, está moribunda y en sus calles de casas de piedra e iglesias no se ve a nadie caminar. Y allí, silencioso, se alza el palacio y museo del pintor Ignacio Zuluaga, un artista de primer rango que amaba Castilla, su luz esplendorosa y su ambiente por lo que se asentó en Pedraza.

Y ahora, como decimos, Pedraza está moribunda, aunque en la “temporada alta”, primavera y verano, tiene cierta vida y renacen sus hornos para asar cordero y cochinillo, además de ofrecer una excelente versión de judiones, mejor que las de José María en Segovia, que se dice es el restaurante con más movimiento en España con oferta de un incomparable cochinillo, el verdadero heredero de Cándido, que en vida recibió el título de Mesonero Mayor de España.

El Salvador no morirá

Un país como El Salvador no va a morir, pues tiene una suficiente población como para seguir adelante por siglos.

No va a morir, pero después de los tres peores regímenes de su historia, regímenes que se caracterizaron por su corrupción, sus ruinosas políticas y su nepotismo, puede quedar tan desmoralizado, tan revuelto, que puede sucederle como a Puerto Rico, cuyos servicios públicos son precarios y donde la población no hace sino tratar de emigrar, como está sucediendo entre nosotros y es la perspectiva de Costa Rica.

¡Vaya perspectiva centroamericana! Nicaragua para estallar, Costa Rica emproblemada, Honduras en la mira de mafias…

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