La razón es la base de todo entendimiento

La razón y la lógica no van a inventarse, sino que se ajustan a lo descubierto por los griegos hace dos mil quinientos años, lo que a lo largo de los siglos ha ido depurándose hasta llegar a nuestra época.

Dic 04, 2018- 20:29

El Doctor José Gustavo Guerrero, insigne paladín salvadoreño del Derecho y primer presidente de la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, contaba que uno de los esclarecidos intelectuales franceses de su tiempo, Aristide Briand, quiso lograr un entendimiento entre las grandes potencias europeas del momento para acabar con las guerras y forjar la unidad europea como se logró entre Robert Schuman y Konrad Adenauer para llegar a la Europa de hoy, de países con sus diferencias, virtudes y limitaciones pero hermanados entre sí, gracias al Consejo Europeo, con sede en Bruselas.

Hay políticas comunes, lineamientos en diversas áreas y autonomía en otras. Y esto facilita el intercambio, el movimiento demográfico, mucha interacción cultural.

Esos entendimientos eran no solo posibles sino reales en el campo de batalla, cuando llegada la noche con frecuencia soldados de una y otra parte conversaban e inclusive se reunían a departir, pues de ambos lados los que luchaban eran cristianos con un común patrimonio cultural, de sangre y de luchas contra enemigos comunes como los sarracenos o musulmanes.

Pues se dio el caso que en septiembre de 1683 el Rey de Polonia, Juan III Sobieski, salvó a Viena del cerco que habían tendido los sarracenos y que amenazaba con “musulmanizar” Europa.

En la Navidad de 1914, los soldados alemanes, británicos y franceses se reunieron para celebrarla juntos, intercambiando regalos, tomando vino, cantando. Pero cuando los generales franceses lo supieron —no se sabe cuál sería la reacción del mando alemán— el castigo fue terrible; varios soldados franceses fueron degradados y fusilados como traidores cuando los salvajes eran ellos, los generales.

Hay precedentes históricos de buen trato entre contendientes al darse una tregua o en momentos previos a las batallas; Haníbal el Cartaginés y Escipión el Africano forjaron una amistad que duró toda la vida. Y Solimán el Magnífico, el rival de Ricardo Corazón de León, enviaba frutas, helados y viandas a su enemigo al caer la tarde.

Solimán, debe agregarse, no era árabe sino kurdo, por lo mismo, un ario como Ricardo.

No puede haber entendimientos
con fanáticos y sicópatas

Pero la más memorable unión de las naciones europeas para enfrentar a un común enemigo se dio en la “más gloriosa gesta de todos los tiempos”, al decir de un soldado que tomó parte en ella, Don Miguel de Cervantes, cuando todas las potencias europeas se unieron bajo el mando de Don Juan de Austria para combatir y derrotar a los sarracenos en Lepanto.

Esos gestos y entendimientos por hoy ya no existen…

Pero lo que no puede suceder más en el campo de batalla sí debe ser lo usual en lo político y partidista, procurando que se discuta en un común terreno y cuidando lo siguiente:

—nadie es dueño de la verdad absoluta

—la razón, la lógica, es la base de todo entendimiento. Y la razón y la lógica no van a inventarse, sino que se ajustan a lo descubierto por los griegos hace dos mil quinientos años, lo que a lo largo de los siglos ha ido depurándose hasta llegar a nuestra época.

No hay “nuevas lógicas”, nuevas maneras de razonar, lógicas chavistas o dialécticas que sustituyan la razón. No existen otras lógicas como no existen matemáticas que se basen en ellas, aunque hay matemáticas aplicables a espacios de varias dimensiones, como lo demostró Einstein entre otros.

Los entendimientos son muy deseables y posibles, pero no con fanáticos o sicópatas.

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