Para saber ver el arte universal

Lo primero es hacer de lado la idea de que hay pintores o escultores que están por encima de todos. Se puede admirar mucho a Van Gogh pero a su lado están Rafael, Leonardo, Rembrandt y, antes de ellos, Giotto... y escultores difícilmente pueden superarse los de la antigüedad.

Nov 26, 2018- 21:39

Un crítico de arte italiano se planteó la cuestión de cómo enseñar a la gente a ver, ver en el sentido artístico, reconocer y disfrutar de obras de arte sin prejuicios, saliéndose de moldes mentales, de lo que otros le dicen que es bello o ignoran.

Por lo general, lo primero es hacer de lado la idea de que hay pintores o escultores que están por encima de todos. Se puede admirar mucho a Van Gogh pero a su lado están Rafael, Leonardo, Rembrandt y, antes de ellos, Giotto… y entre los escultores difícilmente pueden superarse los de la antigüedad, de Praxíteles hasta Skopas y así sucesivamente…

Con frecuencia se ve a grupos en museos o grandes basílicas pasar de largo frente a obras de primer rango, para detenerse donde les han dicho que hay una gran obra, que ven sin necesariamente verla, “entenderla”, en el sentido de captar por qué esa es grande y valiosa, lo que ciertamente no es nada fácil, como tampoco lo es entender en toda su belleza literaria un gran poema.

Es válido tener un pintor “preferido” que uno haya estudiado o, por circunstancias, visto más que otros. Los valencianos tienen una especial predilección por uno de sus grandes maestros, Sorolla, como los noruegos por Munch. Pero a medida que más se conocen otros artistas, como digamos los noruegos cuando van a Holanda y ven las creaciones de sus grandes maestros, de Rembrandt a Vemeer a Ruysdael, la mente va enriqueciéndose. Y si a eso se agrega la visita al Museo Nacional del Palacio en Taiwán, a juicio nuestro el museo mejor del mundo, ya los “ojos del intelecto” están preparados para ver y entender desde Picasso hasta Giotto, de Rodin a Praxíteles.

En tal sentido, de las experiencias más ricas que se pueden tener respecto a lo que es “arte” son los vídeos de Picasso pintando detrás de un lienzo; el espectador, nosotros, estamos frente al lienzo y el gran creador atrás: y allí se tiene frente a nuestros ojos el proceso de creación, de cómo lo que parecía ser un jarrón colorido pasa a ser un gallo para luego terminar como una figura humana.

Se parte de lo contemporáneo
hacia el esplendor pasado

Muchos sostienen que para entender —y ya definimos en qué consiste eso de “entender” cualquier época artística, desde los rafaelitas ingleses hasta los frescos en la roca de Sigiriya en Sri Lanka— hay que pasar por el arte contemporáneo, el arte de la época del que quiere aprender a ver, lo que podría interpretarse como ir primero al MOMA de Nueva York, el Museo de Arte Moderno, antes de visitar el Metropolitano o los Cloisters o, para el caso, el Louvre de París y la National Gallery en Londres.

El contraste se vio en una ocasión en el Museo del Prado de Madrid, al colocar, en ambos extremos de una larga galería de pintores barrocos, dos obras de Picasso, el equivalente de poner en el MOMA unos vasos griegos o un escaparate con marfiles románicos —se busca sacudir el espíritu del espectador, obligarle a preguntarse a sí mismos si es que ha estado viendo con verdadera sensibilidad las obras de arte que se le presentan ante sus ojos.

Cuando se nos pregunta cuál es nuestra época favorita, la respuesta es “la que en estos momentos contemplo…”.

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