Perdiendo el instante eterno del amor

May 12, 2019- 18:36

Cima la joven nómada ignoraba el porvenir. Porque para los de su raza no existía ni el pasado ni el futuro, pues sólo tenían la noción del eterno presente. Fue Kanta quien le enseñó la existencia del mañana a la hermosa nativa de ojos negros y tez lunar. Le recordó que ella iría en busca de su tribu y él en busca de Rhuna, el enigmático monte de su destino. Le habló de la fugacidad del amor y de la eternidad de un beso. Le dijo que ambos habrían de separarse, a fin de reanudar cada cual su camino. “Nos amaremos, princesa lunar, entre los riscos, viendo juntos el alba de cada amanecer. El sol seguirá saliendo en las cumbres lejanas, pero un día nuestro idilio acabará, amada mía. Tú irás, buscando las tierras de la tribu de Arka a reunirte con tu pueblo. Yo continuaré el viaje hacia Rhuna. Como el viento, todo pasa en los cerros. Así el amor. Así lo nuestro. Así la eterna felicidad de un instante”. Cima Taí le respondió, viéndole a los ojos con su húmeda mirada de luz: “¿Por qué me enseñaste el futuro, amado mío? Pues al hacerlo me has hecho perder lo hermoso de nuestro instante y el perfume de la flor nacida”. Luego se puso a llorar. Él comprendió que, por concebir el tiempo futuro. los hombres como él solían perder la felicidad del iluminado presente.

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