OPINIÓN: ¿Por cuál partido votar?

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Oct 15, 2020- 19:06

El presidente ganó las elecciones por la enorme decepción que el comportamiento de los partidos políticos había causado en la población. Para mucha gente los problemas del país se resolverían con solo eliminar a los partidos políticos existentes. Pero después de haber votado por él, esta gente ha descubierto que el presidente y sus partidos han resultado peores que los partidos del pasado.

Ahora vienen las elecciones de febrero de 2021 en las que el presidente está pidiendo el apoyo de la ciudadanía en la Asamblea Legislativa. Si consigue lo que quiere, podría sustituir las instituciones democráticas con una dictadura que mantenga las apariencias de democracia pero que en efecto concentre en él mismo todos los poderes del Estado. Esta, por supuesto, no es la solución que esperaban los que creían estar salvando al país con su voto. Ahora no quieren facilitar la instalación de una tiranía pero tienen mucha resistencia a votar por los otros partidos, unos porque son bien nuevos, otros porque los han decepcionado muchas veces.

Lo que ellos y muchos otros quieren es que se forme un bloque sólidamente democrático, que haga contrapeso real al bloque del presidente, que se eliminen los corruptos y que se asegure que haya debates serios en la Asamblea. Pero no hay partido que parezca ofrecer estas condiciones. Así, el país pareciera estar en una trampa sin salida. En estas circunstancias, mucha gente puede decidir no votar.

Esto sería un error trágico porque parte de una premisa errónea: que la única alternativa a votar por el presidente es votar por los viejos partidos que ya detestan o por nuevos partidos que todavía no se han probado. Esto es falso porque el presidente no fue el primero que identificó el problema que el control de los partidos políticos por parte de las cúpulas estaba causando a la credibilidad del sistema. La misma Asamblea lo identificó y legisló una manera de resolverlo.

El problema se ha resuelto porque el voto por rostro ha cambiado la estructura del poder en los partidos políticos. En el pasado, eran las cúpulas las que decidían quiénes iban a ser los candidatos y en qué orden iban a ser electos. Inicialmente, todos los votos iban para el candidato que la cúpula había puesto de primero. Cuando este había sido electo, todos los votos iban para el número 2. Y así. Los que estaban al final de la lista no tenía ninguna oportunidad real de ser electos, aunque fueran los favoritos de la población. Si un diputado no votaba en la Asamblea como la cúpula quería no volvía a ser presentado como candidato. Esto hacia que el poder fluyera de arriba para abajo.

Ahora, los votos en las primarias del partido deciden quiénes serán los candidatos y los votos populares deciden qué diputados serán electos y en qué orden. Si un partido escoge malos candidatos, estos no serán electos por el pueblo, y el partido va a declinar. Antes usted dudaba de votar por algún partido de sus simpatías aunque llevara algunos buenos candidatos porque también llevaba corruptos. Ahora usted no tiene que preocuparse más. Vote por los buenos y no vote por los corruptos.

A usted le sobrarán algunos votos que puede repartir entre otros partidos que presenten candidatos dispuestos a formar el bloque sólido que defienda la democracia y el imperio de la ley. De esta manera, los votantes pueden establecer como primera prioridad la defensa de estas instituciones aunque las cúpulas de los partidos mismos no quieran hacerlo. Esto le dará vuelta a la circulación del poder. Ahora fluirá de abajo para arriba.

Esta nueva circulación del poder debe ser entendida por el pueblo y por los candidatos, que deben buscarse, los unos a los otros. Deben entender también que los que quieren apoyar al presidente van a votar por los candidatos de éste, no por los de la oposición. La únicos que serán electos de la oposición serán los que están dispuestos a luchar por la democracia y el imperio de la ley, y que ofrezcan un futuro para el país. Para que la gente vote por ellos, deben dejarlo bien claro en su campaña. Y si usted cree que un candidato es excelente, ayúdelo a ganar su elección, no importa de qué partido sea. Lo importante es el candidato. No el partido.

Máster en Economía
Northwestern University

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